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lunes, 12 de septiembre de 2011

¿EL ÚLTIMO SERVICIO DEL SOLDADO NOWITZKI?

"I can't think of a place I'd rather be.
The whole wide world doesn't mean so much to me,
 
For this is where I belong,
This is where I belong." 


("This is where i belong" Ray Davies)



Lo que hay que hacer por la patria...



La jornada de anoche en Lituania se cerraba con un duelo vital entre Lituania y Alemania. Los anfitriones, quienes por momento han protagonizado algunos de los minutos más brillantes de este campeonato (sobre todo en aquel Lituania-Serbia, sin duda el partido del torneo hasta el momento), no tenían asegurada su clasificación para cuartos de final y debían certificar el pase con una victoria ante Alemania o una derrota inferior a la decena de puntos. El equipo teutón buscaba la hazaña, pero se cumplió la lógica. Pese a ello los alemanes plantaron batalla en todo momento y jamás perdieron la cara al partido, realizando un esfuerzo encomiable. Una selección germana para quien algún despistado periodista que se quedó en el baloncesto de los ochenta para llevar años dedicándose al rebuzno futbolístico, ese que encima sólo se basa en Real Madrid y Barcelona, como si el resto de equipos no existiesen (hablo de Siro López, lo han adivinado) es simplemente un equipo “con jugadores de segunda división” (como dijo literalmente el día que nos enfrentamos a ellos en su narración del partido, y demostró una vez más su incapacidad para comprender que por muchos NBA que tengamos eso no significa que vayamos a ganar de 40 puntos todos los partidos) fue capaz de hacer sudar tinta a los anfitriones, a pesar de todo lo que se jugaba Lituania ante su propia afición, y su buen juego por momentos. Una Lituania que ha encontrado de una manera espontánea y natural una sociedad fantástica, un dúo dinámico y vibrante en dos jugadores que se llevan nada menos que 16 años entre sí. Dos generaciones distintas compartiendo pista, camiseta, y con un objetivo común, el oro. Jasikevicius, quien lo ha sido todo con su selección, y Valanciunas, la nueva estrella lituana, ofrecieron ayer un recital de juego y entendimiento entre base y pívot a la manera de la vieja escuela. Un recital de bloqueos y continuaciones finalizados en ocasiones en imparables alley-oops. Es sensacional para cualquier aficionado poder asistir a este tipo de explosiones de juego espontáneas, de conexiones entre genios que, por los lógicos ciclos de la vida, no vamos a tener demasiadas ocasiones de verlos juntos de nuevo uniendo fuerzas y compartiendo sus toneladas de talento en un parquet de baloncesto. 

Sarunas&Jonas, conecting people.


Sobre ciclos de la vida precisamente queremos hablar en esta entrada, ya que el partido de anoche nos trae un daño colateral que puede tener su impacto en el baloncesto de selecciones. Nos referimos al murmullo que comenzó a flotar sobre el Siemens Arena de Vilnius según se acercaban los minutos finales del encuentro y Deutschland comenzaba a entonar su canción de despedida. La posibilidad de que estuviésemos asistiendo a los últimos minutos de Dirk Nowitzki enfundado en la camiseta de su país, es decir, los últimos momentos del gran Robin Hood en un torneo internacional de selecciones. 

Personalmente me parece demasiado aventurada tal elucubración, el fino alero alemán tiene 33 años, una edad de plenitud y madurez a partir de la cual es lógico que comience una lenta bajada en su capacidad física, y quizás en su concentración y capacidad competitiva, es decir, en su hambre baloncestística, pero no es una edad excesivamente alta para el mundo de la canasta (el mencionado Jasikevicius tiene 35) Es cierto que si Nowitzki quiere seguir jugando unos años más al máximo nivel en una liga como la NBA, necesita aprovechar sus veranos para desconectar mentalmente y relajarse físicamente (el que viene ya lo tiene libre a la fuerza), pero sabiendo que Alemania ya ha presentado su candidatura a organizar el Eurobasket 2015 en colaboración con Francia, quien sabe…   

Sea como fuere, siempre es una buena excusa para hablar de uno de nuestros jugadores favoritos. La estrella de los Mavericks es uno de esos jugadores sobre los que parece haber un extraño consenso en el mundo del deporte, cae bien por lo general, superando las habituales fobias y odios que a menudo generan (y casi siempre de manera injustificada) este tipo de estrellas que están en lo más alto de la elite deportiva. A pesar de ser un jugador que aglutina muchísimo más juego a su alrededor y dispone de más lanzamientos que muchas otras estrellas a las que con ligereza se les acusa de “chupones”, de que su juego tampoco ofrece la amplia dimensión de otros más allá de su excelsa muñeca y números en rebote (no tiene la visión de juego de otros hombres altos como Duncan o Pau Gasol, y en defensa nunca ha sido un gran fajador), y de que su carrera ha estado jalonada por unos cuantos tropiezos más o menos sonados cada vez que el millonario proyecto de Dallas intentaba una y otra vez el ascenso a la cima (siendo el más celebre su caída en primera ronda ante los maravillosos “locos de la bahía” comandados por Baron Davis después de llegar a post-temporada con el mejor record de victorias de toda la liga, y con un MVP de “regular season” bajo el brazo de nuestro protagonista) Pese a todo ello el bueno de Dirk es uno de los jugadores favoritos de la afición, esquivando las críticas feroces que siempre reciben otras megaestrellas cuando se la pegan. Quizás sea su aspecto desaliñado y natural, su aire evocador a Larry Bird, y por supuesto, su discreción pública, buenos modales, ausencia de conflictos y no padecer de esa egolatría incurable que parecen sufrir muchos de los grandes jugadores de la NBA. Lo dicho, Nowitzki cae bien, parece un buen tipo. 

When you're young...


Pese a todo, su Europeo ha sido mucho menos brillante de lo esperado, y ha sido uno de los peores concursos con su selección que le recordamos en muchos años. Parece una locura decir esto de alguien que firma 19,5 puntos y 6,6 rebotes por partido, pero acostumbrados a los números estratosféricos del astro alemán nos sabe a poco. Recordemos que estamos hablando de un jugador que había sido máximo anotador de este torneo en tres de las seis ocasiones en las que lo había disputado, y que desde 1999 (en su debut con la selección) no bajaba de los 20 puntos de media. Ha quedado a tan sólo 21 puntos de ser el máximo anotador histórico en esta competición, título que aún ostenta el eléctrico escolta heleno Nikos Gallis. Por lo tanto parece claro que esperábamos algo más todavía del genial power-forward de los Dallas, uno de los nombres propios por derecho de la historia reciente del Eurobasket. Por otro lado y en honor a la verdad también creemos que Alemania ha llegado hasta donde, por calidad general de la plantilla, debería llegar. No han hecho un mal torneo. Parecía claro que se jugarían la tercera plaza de su grupo de primera fase con Italia, y superaron a los transalpinos, y en una segunda ronda a la que llegaron ya sin apenas margen de error, se mantuvieron con vida gracias a mandar a Turquía la lona, en un grupo realmente terrorífico. Que hayan demostrado estar un peldaño por detrás de Serbia, Francia, Lituania y España, parece absolutamente normal. Quizás por el otro lado del cuadro seguirían con vida, posiblemente. Quien sabe si con un Nowitzki absolutamente estelar, capaz de anotar esos imposibles fades away a la pata coja que tanto nos hacen disfrutar, los alemanes hubieran logrado la proeza de meterse en los cruces. Lo cierto es que por primera vez en mucho tiempo hemos visto a un Nowitzki humano, terrenal, no al extraterrestre capaz de anotar absolutamente desequilibrado y con cualquier defensor encima. Tampoco hemos visto al jugador impío, implacable, al caníbal asesino que descuartizaba a sus víctimas una y otra vez, haciéndoles añicos, minándoles la moral, dejando la cancha llena de cadáveres desmembrados sobre los que había pasado por encima un matarife sin contemplaciones. Pareciera como si la consecución hace meses del deseado y perseguido anillo de campeón de la mejor liga del mundo, el tocar el cielo del mundo de la canasta, hubiera saciado el hambre y el ansia de un jugador acostumbrado a buscar la motivación en retos cada vez más difíciles y en empresas cada vez mayores. 

El genio alemán, desquiciado.


Seguiremos disfrutando del Eurobasket en esta su última semana, mientras Nowitzki descansa y medita sobre la continuidad en su selección. Sea cual sea la decisión que tome quien fuera abanderado olímpico de su país en los Juegos de Pekín, nadie podrá reprocharle nada al más heroico soldado deportivo que jamás ha dado Alemania.

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