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sábado, 6 de junio de 2015

HIGH NOON



Un hombre contra un ejército




Pocas veces hemos escrito una entrada más profética que nuestra anterior “La soledad del rey”, y es que en efecto, horas después el Game 1 de las finales NBA 2015 dejaba al descubierto todas las virtudes y defectos de ambos equipos, de una manera tan diáfana que no debe haber un solo analista cuerdo que le de opción alguna a los Cleveland Cavaliers de ganar el anillo en estos momentos.

Es cierto que el primer cuarto de Cleveland fue, sencillamente, arrollador, pasando por encima de unos timoratos Warriors que ni sabían por donde les venían los golpes. Es igualmente cierto que una vez capeado el temporal y llegadas las primeras ventajas de los de Oakland el equipo de David Blatt no se descompuso y siempre estuvo en el partido, y es también cierto que LeBron tuvo el tiro ganador (buscó un lanzamiento parecido al triple ganador que anotó en Febrero del pasado año contra el mismo equipo y con Igoudala también encima, aunque en esta ocasión se fue más escorado hacia la esquina) para no llegar a la prórroga. La misma certeza nos haría pensar que un encuentro decidido en tiempo extra es señal de que nos encontramos ante unas finales igualadas, y sin embargo en cuanto ambos equipos encarrilaron el camino a los vestuarios en el Oracle sobrevolaba la sensación de que el anillo ya tenía ganador y que Stephen Curry y su pandilla están en una situación idónea para rememorar el éxito de los Warriors de Rick Barry hace 40 años y convertirse en campeones NBA propinando un “sweep” al rival y dejando a los Cavaliers, como sucediera con los Washington Bullets de 1975, en cero victorias.

Ya no es sólo el hecho de la lesión de Kyrie Irving, una baja que en nuestra opinión deja a los de Ohio sin opciones entregando la dirección de juego (es un decir, porque ahora más que nunca LeBron tendrá que ejercer de “point-forward”) a un jugador como Mathew Dellavedova cuyo nivel no alcanza ni por asomo para ganar un campeonato de la NBA (ahora quizás se arrepientan de haber tradeado a Jarrett Jack el pasado verano), es que incluso con Irving las carencias de estos Cavaliers, empeñados en repetir los errores de Miami Heat (que si bien ganaron cuatro campeonatos de conferencia consecutivos perdieron dos finales ante Dallas y San Antonio condenados, entre otras cosas, por su poca profundidad de banquillo y condensar toda la dinamita en pocos jugadores) quedaron al descubierto en los 53 minutos del primer partido de las series, evidenciando la enorme diferencia entre un roster y otro. Hay que recordar que la lesión del base Cavalier llega casi al final del partido (si bien es cierto que llegaba al choque renqueante, sin estar a su mejor nivel, y aún así firmando 23 puntos, 7 rebotes y 6 asistencias), de modo que aún sin haber sufrido la desgracia de su baja, circunstancia insistimos que definitiva y que les deja sin opciones, el partido, con toda su dureza e igualdad, dejaba la lectura de la enorme superioridad de los californianos, con mayor profundidad de banquillo, mejor rotación, y más reparto de minutos entre sus jugadores, lo que se traduce, no puede ser de otra manera, en unas piernas más frescas, cosa que se pudo comprobar sin duda alguna en la prórroga.

Es prácticamente imposible ganar en el baloncesto de 2015 sin rotaciones. David Blatt utilizó sólo tres jugadores de banquillo durante el partido, J.R.Smith, errático en el tiro (aunque dejó una de las canastas del partido, un triple al filo del descanso para dar una ligera ventaja a los visitantes al final del segundo cuarto, 51-48), es no obstante el único suplente de garantías de los de Ohio, y suyos fueron los únicos nueve puntos que aportó el banquillo de Blatt, James Jones, especialista en el tiro exterior y al que sólo vimos lanzar un triple en los 17 minutos que permaneció en cancha, y por último el australiano Dellevadova, perdídisimo y superado durante los nueve minutos que dispusó, y cuya importancia para la franquicia Cavalier se resume en la anécdota de que el autobús de su equipo se fue al aeropuerto una vez acabado el partido con toda la plantilla y cuerpo técnico excepto el despistado base aussie que todavía andaba por el pabellón Dios sabe haciendo que cosas. Este es el nivel de estos Cleveland Cavalieres, una plantilla que parece confeccionada por su peor enemigo. Con jugadores ya pensando en la jubilación, como Shawn Marion o Mike Miller, o totalmente defenestrados como Kendrick Perkins (noticia por una pelea conyugal más que por temas baloncestísticos), aún así a Blatt y a LeBron (prácticamente con tanto peso como el entrenador estadounidense-israelí a la hora de tomar decisiones) no les queda otra que contar con ellos. Pero para empezar deben recuperarlos anímicamente.

Y es que enfrente, los Warriors demostraron porque han sido el mejor equipo de toda la temporada. Frente a los pírricos 9 puntos de Smith, única aportación del banquillo Cavalier, Steve Kerr obtuvo 34 de sus cinco suplentes, con significativa aportación de un Andre Igoudala convertido en factor X. 15 puntos decisivos y dura defensa sobre LeBron. Los Warriors juegan de escándalo, cierto, pero para ganar un anillo se necesita además un guerrillero capaz de bajar al fango y defender con la dureza más característica del Este que del Oeste. Igoudala asume ese rol sin perder brillantez en ataque. No olviden que hablamos de quien fuera jugador franquicia de los Philadelphia 76ers hace algunos años y que ahora, reconvertido en sacrificado sexto hombre de lujo, no quiere dejar pasar la ocasión de verse con un anillo de campeón en sus manos. También hay que mencionar a Marreese Speights, apenas jugó nueve minutos, lo mismo que Dellavedova, pero con un oficio y finura en ataque para irse a ocho puntos, con buenos minutos en el segundo cuarto para ayudar a la primera remontada Warrior. Reaparecía tras su distensión en la pantorrilla derecha y demostraba que es otro reserva de absolutas garantías dentro de un roster que apunta a pasar a la historia para el aficionado de la franquicia californiana.

Ni siquiera necesitaron al mejor Curry posible. El MVP de la temporada regular empezó flojo, quizás superado por una presión que pronto se quitaría de encima, pero fue de menos a más, añadiendo canastas a su casillero, soltando nervios, y dibujando en su rostro cada vez más un semblante de futuro campeón NBA. Peor fue incluso el arranque de su “hermano” Thompson, con una primera parte para olvidar, pero ofreciendo grandes minutos a partir del tercer cuarto (9 puntos en ese periodo) El escolta Warrior anotó sólo cinco puntos antes del paso por vestuarios, pero acabó con 21. Barnes y Green al nivel esperado, siempre por detrás de una pareja exterior que apunta a ser la más recordada de la NBA desde la de Thomas-Dumars, pero nunca perdiendo la cara al partido. Bogut, cumpliendo ante Mozgov. En resumen, un buen partido del equipo de Kerr, pero lejos de su mejor versión posible, y con unos nervios de salida que indicaban que necesitaba templar ánimos y hacerse a la cita. Con el primer punto en el bolsillo da la sensación de que a partir de ahora irán a más, frente a un equipo que con la lesión de Irving y con jugadores como LeBron y Tristan Thompson sin apenas descanso en el banquillo acabarán notando las minutadas según transcurra la serie.

Y es que la película de estas finales comienza a parecerse peligrosamente a un viejo western interpretado por Gary Cooper, aquel en el que el protagonista, abandonado por el pueblo, tiene que enfrentarse él solo a una banda de forajidos. En la película son cuatro, como la columna vertebral de los Warriors (Curry, Thompson, Barnes y Green), y gana Gary Cooper, que para eso era el bueno. En este film que arrancó en el Oracle Arena y tendrá escenario al menos por dos noches en el Quicken Loans de Cleveland, no están tan definidos los roles, y por si fuera poco a la banda de cuatro les acompañan varios pistoleros más, uno de ellos, Igoudala, con capacidad para ser incluso líder de la misma llegado el caso. Demasiado por muy LeBron James que seas. 44 puntos, 8 rebotes y 6 asistencias para morir en la orilla. LeBron puede dejar en estas finales unos números nunca vistos en este tipo de encuentros... y posiblemente no le sirvan para ganar el anillo. Es lo que pasa cuando estás solo ante el peligro.   

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