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martes, 9 de junio de 2015

LA BALADA DE MATTHEW DELLAVEDOVA



Dellavedova, el currante.



“Solo no puedes, con amigos sí”, nos decían a los felices niños de los 80 desde aquel maravilloso e innovador espacio televisivo llamado La Bola de Cristal. Trasladado al deporte de equipo de alta competición vendría a decir que un hombre solo, aun siendo el mejor jugador del mundo, no puede abrazar el éxito si no reciba ayuda. 

Si nos paramos a pensar en los últimos grandes dominadores de la NBA, los jugadores a los que más veces hemos visto ganar el anillo en los últimos 25 años, los cuales vendrían a ser Michael Jordan, Kobe Bryant y Tim Duncan, vemos que a su lado tenían excepcionales compañeros, saliendo a relucir nombres como los de Horace Grant, Scottie Pippen, Toni Kukoc, Dennis Rodman, Shaquille O’Neal, Derek Fisher, Glen Rice, Lamar Odom, Pau Gasol, David Robinson, Tony Parker, Manu Ginobili o Kawhi Leonard. No es una mala nómina. Ahora compárenlo con lo que tiene alrededor LeBron James actualmente para intentar ganar el anillo y comprenderán hasta qué punto haber arañado una victoria del Oracle Arena para empatar las series finales debe ser considerado una hazaña.   

Las circunstancias obligan a ver el mejor LeBron James si Cleveland quiere tener opciones. La duda es cuanto le aguantará el cuerpo. El de Akron ha permanecido en pista 48 minutos por partido en los encuentros de Oakland. Una salvajada. Como lo son sus números: 41.5 puntos, 12 rebotes y 8.5 asistencias. De play station. Claro que la excesiva dependencia en un solo jugador y el exceso de minutaje lleva por otro lado a verle con los peores porcentajes de tiros de campo en play offs en sus últimas siete temporadas (42,4 %) y los peores porcentajes en triples de su vida en post-temporada (20,7%) Todo pasa por LeBron. De una manera tan evidente que a nadie puede sorprender que haya buscado los dos tiros ganadores antes de la prórroga, fallando ambos y echando por tierra una fama de “clutch player” que le ha hecho equipararse a Michael Jordan al haber alcanzado en la eliminatoria contra los Bulls de Chicago las tres canastas ganadoras que “Air” dejó a lo largo de su carrera en play offs. Claro que a LeBron le sigue faltando hacerlo en una final. Si en el primer partido su tiro lejano frente a Igoudala no parecía la mejor opción (aunque con un tiro similar finiquitó un encuentro ante el mismo rival la pasada temporada jugando en Miami), la penetración de anoche sí parecía una buena decisión y una canasta fácil (fácil para él, claro), dejando un lanzamiento a tablero que en condiciones de mayor frescura es muy posible que hubiera acabado dentro. LeBron no puede llegar a un final de partido con las mismas garantías habiendo descansado dos minutos que diez. 

Lebronismos al margen, si hablábamos de compañeros con los que subir la montaña del anillo para los Cleveland Cavaliers, una figura sobresalió de entre el pelotón de secundarios (que sin Love y sin Irving son todos los demás) para erigirse como inesperado héroe del partido, un auténtico “patito feo” de la NBA con el que nadie contaba pero cuya aportación ha de ser a todas luces fundamental si los de Ohio quieren contar con alguna opción. El base australiano Matthew Dellavedova, errático los apenas nueve minutos que dispuso en el primer partido y motivo de chanzas entre los aficionados al protagonizar la curiosa anécdota de quedarse en el pabellón californiano mientras sus compañeros montaban en el autobús sin reparar en su ausencia, teniendo que cogerse un taxi para llegar al aeropuerto. No hay una anécdota que pueda reflejar mejor lo que significa ser un “cero a la izquierda” dentro de un grupo. Nadie lamenta tu ausencia.   

Dellavedova ni siquiera es una de las grandes estrellas de su selección, donde los focos se los lleva el eléctrico base Patrick Mills, suplente de Tony Parker en San Antonio y campeón NBA la pasada temporada, o la incipiente promesa Dante Exum, jugador de primer año de los Utah Jazz. Jugador nada mediático, su paso por el poco valorado college Saint Mary, de Moraga, hizo que ninguna franquicia NBA se fijase en él. Ni siquiera fue drafteado, y tuvo que ganarse un puesto en la mejor liga de baloncesto del mundo en la liga de verano de Las Vegas, donde convenció al cuerpo técnico de los Cleveland Cavaliers como posible jugador de la rotación más residual.   

Pero el patito feo se puede transformar en cisne, al menos por una noche. De los 9 minutos del primer partido, el australiano pasó a 42 en el segundo, ocupando la titularidad de Kyrie Irving, que no la dirección del juego, la cual, como no, estuvo en manos de un LeBron más multiplicado que nunca. De hecho Dellavedova repartió una sola asistencia en sus 42 minutos en cancha. Habría que tirar de hemeroteca, pero quizás sea la peor cifra para un base titular en un partido de unas series finales. Y sin embargo fue tan decisivo o más que el propio LeBron James. Su actitud defensiva sobre Stephen Curry (5 de 23 en tiros de campo, 2 de 15 en triples, 6 pérdidas de balón) le han valido todo tipo de merecidos elogios, y su garra alcanzó su máxima expresión en la lucha por un rebote ofensivo en el momento decisivo del partido. Con once segundos por disputar y los Cavaliers uno abajo, un James Jones esta vez sí bien aprovechado por David Blatt (8 puntos en 23 minutos) fallaba un lanzamiento triple, y ahí estaba el base australiano para ir a por el rebote con todo su alma, recibiendo en la lucha la falta de Harrison Barnes, y anotando los dos tiros libres definitivos, y convirtiéndose en héroe por un día. 

Todas las finales de la NBA tienen sus pequeñas intrahistorias, y esta es una de ellas, la de un jugador al que sus compañeros abandonan en el pabellón del equipo rival, y a las tres noches lo sacan a hombros del mismo escenario.

La otra cara de la moneda es un MVP de temporada regular aclamado como el mejor tirador de todos los tiempos por leyendas en vida como Steve Nash haciendo el peor partido de su vida, lo cual nos puede dejar varias lecturas, ya que cabe preguntarse si Dellavedova puede ser un antídoto eficaz contra la genialidad de Curry o al contrario, la venganza que pueda estar rumiando el segundo mejor jugador de la historia de Akron haga que una vez trasladadas las series a Ohio (su tierra, al fin y al cabo), veamos la mejor versión del base Warrior. Hay que recordar como Memphis hizo morder el polvo por dos veces consecutivas al equipo de la bahía (el único equipo que lo ha conseguido en play offs), con defensores mucho más cualificados que Dellavedova como Mike Conley o Tony Allen, pareciendo el equipo de Marc Gasol, con la mejor defensa del Oeste, la única escuadra capaz realmente de vencer a los Warriors. No volvieron a ganarles un partido después de ponerse 2-1, y Stephen Curry les metió 33 puntos en el cuarto partido de la serie y 32 en el sexto (volvió a flojear en el quinto, pero con su equipo ganando de 20 puntos) Veremos si tras el palo de anoche vuelve a explotar. Lo esperamos, por el bien de unas finales que de momento no están dejando demasiado buen juego a excepción de la demostración de raza de LeBron, pero también deseamos que sigan siendo unas series competidas y que se vayan a siete partidos, para disfrute de los espectadores imparciales, lo cual implica que sigamos viendo protagonismo en defensa como el visto en Dellavedova, ya que a intercambio de golpes parece claramente superior Golden State.  

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