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martes, 9 de agosto de 2016

AUSTRALIA VA EN SERIO



Dellavedova le ganó el pulso a Teodosic



Australia sigue sorprendiendo. La selección de Andrej Lemanis se confirma como el equipo del torneo olímpico (obviando siempre a Estados Unidos, a otro nivel), tras una nueva exhibición en esta ocasión ante la Serbia de Sasha Djordjevic. Fue un partido más igualado que ante la Francia de Collet, y resuelto en unos minutos finales en los que el tiro exterior aussie cercenó cualquier posibilidad de victoria serbia con un parcial final de 0-11, con dos triples de Joe Ingles (sus únicas canastas de campo en todo el partido), para estirar el marcador a los 15 puntos de diferencia finales.   



La solvencia ofensiva australiana abruma. Los números son elocuentes. Sus 182 puntos anotados en ambos encuentros, disputados ante dos de las mejores selecciones europeas, dan una media de 91 por partido, situándoles como la mejor maquinaría anotadora de la competición (insistimos, obviando a Estados Unidos) La excelencia de su juego se plasma en sus 27 asistencias por partido (sólo les supera el combinado estadounidense, casi a la par con 27.5), y las referencias que hablaban de Lemanis como un entrenador con gusto por el baloncesto ofensivo y poco amigo de censurar las libertades en ataque de sus jugadores se confirman viendo los 47 triples intentados en ambos partidos por los oceánicos, de los cuales 16 han dado en el blanco (un notable 34%) Tienen su particular “big three” en Dellavedova-Mills-Bogut. Lemanis apuesta por dos bases de salida, siendo el nuevo jugador de Milwaukee el auténtico director de juego, repartiendo ya 11.5 asistencias por partido, líder destacadísimo de la categoría. Dato que alcanza otra dimensión cuando comprobamos que en sus 55 minutos en pista únicamente ha perdido un balón, lo que da un alucinante ratio de 23 asistencias por pérdida. Estratosférico. Sus 13 pases de canasta de ayer son record de un jugador australiano en Juegos Olímpicos, pero además sumados a que no contabilizó ninguna pérdida hacen que tiremos de hemeroteca para tener que remontarnos a los Juegos de 1984 en Los Angeles, cuando el mítico Pierluigi Marzorati establecía una marca similar ante Alemania. Confiar la batuta a Dellavedova libera al pequeño (1.83 cms) Patrick Mills de labores de dirección para concentrarse en su auténtica especialidad: la anotación. Con 23.5 puntos por partido es hasta la fecha el máximo anotador del torneo entre los jugadores que ya han disputado la segunda jornada, incluyendo por tanto a Kevin Durant (gran candidato a máximo anotador de los Juegos) Su 46.9% en tiros de campo es un buen porcentaje para un jugador de su altura y posición, y en el tiro libre se muestra implacable (91.7%) Junto a este formidable “backcourt”, Andrew Bogut se erige como el gigantesco faro que alumbra el juego australiano. Simple y llanamente, Bogut está haciendo de todo. Quien fuera número 1 del draft de la NBA de 2005 está haciendo un torneo casi perfecto (12 de 14 en tiros de campo, escalofriante 85.7%), promediando 13.5 puntos, 8 rebotes y 2 tapones por partido. Pero por encima de todo destacan esas 5.5 asistencias por encuentro, inusual para un cinco puro. El nuevo jugador de Dallas Mavericks está repartiendo más juego que la mayoría de bases del torneo.


Pero estos tres astros no están solos. Completando el quinteto titular les acompañan el ya clásico Joe Ingles, abnegado complemento que también reparte 5.5 asistencias y cuyo tiro exterior puede aparecer en cualquier momento, como ocurrió ayer para romper el partido contra Serbia. Sólo ha anotado 2 triples (precisamente ante Serbia) de 7 intentos, pero goza de la total confianza por parte de su entrenador para mirar el aro. Con buen criterio sabe que las opciones de su equipo pasan por las prestaciones de sus tres compañeros citados anteriormente. Igualmente sucede con otro grandísimo jugador de equipo como es Aron Baynes, quien he de reconocer es una debilidad particular, no sólo porque actualmente sea interior de rotación de mis amados Detroit Pistons. El Felipe Reyes australiano ya nos había sorprendido gratamente en su andadura europea, especialmente con su magnífica trayectoria en Euroliga vistiendo la elástica del Olimpija de Ljubljana, donde se confirmaba como uno de los interiores más duros y rocosos del baloncesto del Viejo Continente. En su madurez deportiva ayuda a la selección aussie con sus 7.5 rebotes por partido. En su debe ese flojo 37.5% en tiros de campo, muy mejorable para un jugador interior y que juega cerca del aro. 


La rotación de Lemanis, como en el resto de equipos del torneo (excepto, como no, Estados Unidos), hace bajar las prestaciones del combinado, pero no lo suficiente como para no considerar que manejan un buen banquillo, con varios nombres bien conocidos por el aficionado al baloncesto. Es el caso del mítico capitán David Andersen, quien a sus 36 años y lejanas ya las temporadas en las que se hinchó a ganar títulos en Europa (destacando sus dos euroligas con el CSKA), busca conducir a su selección al hito histórico de ganar su primera medalla olímpica. Sigue teniendo buena mano (8 puntos por partido) y ascendencia sobre el grupo (mientras tanto en España nos dedicamos a despellejar a Scariolo por llevar a Navarro) Kevin Lisch y Chris Goulding son de sobra conocidos también por el aficionado español tras su paso hace dos temporadas por la ACB, vistiendo la camiseta del Cai Zaragoza donde destacaron sobre todo por su facilidad para el tiro exterior tanto el base como el escolta. Ryan Broekhoff ha sido una de las revelaciones de la pasada Euroliga al lado de Víctor Claver en el Lokomotiv Kuban (aun así con números sensiblemente inferiores a los del jugador español, y permítanme recordar como aquí seguimos despellejando a Scariolo por llevar a Claver) y a Cameron Bairstow el buen aficionado a la NBA lo recordará por haber compartido vestuario la pasada temporada con Mirotic y Pau Gasol en Chicago, a quienes por otro lado fue incapaz de disputarles minutos de calidad en ningún momento. El pívot del Zalgiris Brock Motum y el base Damian Martin completan el roster de una selección que habitualmente se ha caracterizado por su dureza defensiva y su alegría ofensiva, características que sigue mostrando en estos Juegos pero a las que el nivel actual de Dellavedova, Mills y Bogut las ha llevado a otro nivel. 



Además de la victoria boomer, la jornada de ayer nos deja otra contundente victoria estadounidense ante una Venezuela que fue capaz de resistir durante todo un primer cuarto en el que llegaron a acabar empatados a 18… para acabar perdiendo por 44 puntos, y Francia lamiéndose las heridas estrenando su casillero de victorias ante China. Lo cierto es que aunque sólo han transcurrido dos jornadas, la situación en este Grupo A es bastante clarificadora. Nadie duda que Estados Unidos se va a hacer con la primera plaza aplastando a cada uno de sus rivales (veremos la resistencia que es capaz de oponer Australia), y los protagonistas de nuestra entrada, tras vencer en sus dos particulares “finales” ante Francia y Serbia apuntan directamente al segundo puesto salvo sorpresa morrocotuda (ojo a un posible cruce contra España) Los citados galos y serbios se disputarán entre ellos la tercera y cuarta plaza (siempre y cuando Venezuela no repitan un “milagro” similar al del pasado Torneo de Las Américas), y la vinotinto buscará ante China no irse de vacío de estos Juegos.    




Andersen y Navarro, exponentes de la bestial generación del 80. Uno idolatrado en su país, el otro señalado.





jueves, 14 de agosto de 2014

DIEZ ALEROS PARA EL MUNDIAL


NICOLAS BATUM (FRANCIA, 25 AÑOS, 2.03): En ausencia de Parker y Noah, sin duda la gran estrella “blue”. Viene de firmar 13 puntos, 7.5 rebotes y 5.1 asistencias como una de las piezas claves del engranaje de unos Portland que maravillaron durante gran parte de la temporada. Números que hablan claramente de su capacidad multidisciplinar. No para de crecer. 


RUDY FERNÁNDEZ (ESPAÑA, 29 AÑOS, 1.96): Claro que si hablamos de jugadores multidisciplinares, pocos superan a nuestro Rudy. Huérfana la selección de figura de alero alto desde la retirada de Carlos Jiménez (Carlos Suárez debería haber sido su sustituto natural de haber progresado adecuadamente), le ha tocado a Rudy ponerse el mono de trabajo y pelearse con jugadores más altos y más fuertes que él. No le ha asustado el reto. Sigue siendo un talentazo, pero cada vez aporta más de eso que llaman “intangibles”.      


Rudy y Nico, cuando eran compañeros.


EMIR PRELDZIC (TURQUÍA, 26 AÑOS, 2.06): En una selección acostumbrada a decepcionar fuera del calor de su hogar, y con ausencias de algunos nombres reconocibles (Turkoglu, ya retirado del equipo nacional, o Enes Kanter, su actual gran figura), todas las opciones otomanas parecen pasar por manos de este genio nacido en Bosnia. Un auténtico “all around player”. Puede jugar en cualquier posición del campo y es habitual verle subir la bola y dirigir el ataque más que a cualquier base.     


Prelzdic manda en Turquía.


ANDRES NOCIONI (ARGENTINA, 34 AÑOS, 2.03): Pónganlo de alero o de ala-pívot, a su gusto, tanto da. Este viejo rockero recién fichado por el Real Madrid para hacer olvidar a Nikola Mirotic seguirá dando lecciones de juego al poste sin olvidar su tiro exterior. Sobre su carácter, ya lo saben, no se arruga ante nadie. En una Argentina sin el genio Ginobili, el “Chapu” y Scola son las grandes esperanzas albicelestes.   


Nocioni Rock'n'Roll


BOJAN BOGDANOVIC (CROACIA, 25 AÑOS, 2.00): La principal arma ofensiva de la selección de Repesa. Por fin ha decidido dar el salto a la NBA, concretamente a Brooklyn, de modo que muchas miradas estarán puestas en su actuación.      


Próxima parada: Brooklyn


GIANNIS ANTETOKOUNMPO (GRECIA, 19 AÑOS, 2.11): Sin duda el “prospect” que más focos atraerá en el próximo Mundial. Aunque ya parece incluso desacertado llamarlo “prospect” cuando es toda una realidad. Un jugador que sigue creciendo, y en sentido literal, ya que llegó a la NBA con 2.06 de estatura y ahora ronda los 2.11. En Milwaukee ha demostrado auténticas razones para creer en él como un posible jugador franquicia en el futuro. No hace mucho sobrevivía con su familia vendiendo pañuelos por las calles griegas tras llegar de manera ilegal desde Nigeria. Imagino que la gentuza de Amanecer Dorado echarán bilis con la sorprendente historia de este joven prodigio. Quédense con su nombre, por difícil que resulte pronunciarlo.      



Antetotokounmpo luciendo la bandera griega en el Draft de la NBA. La pesadilla de los racistas helenos.


JOE INGLES (AUSTRALIA, 26 AÑOS, 2.03): Como decíamos en nuestra entrada sobre los escoltas, en referencia a Brad Newley, cuando se trata de tiro exterior hay que fijarse en los “boomers”. Les vamos a ver correr y tirar de lo lindo, y el ex –ACB será de los que más galones imponga para jugársela. Viene de ser campeón de Europa de clubes con el Maccabi Tel Aviv.



El ciclón "boomer"


WALTER HERRMANN (ARGENTINA, 35 AÑOS, 2.06): Otro clásico del baloncesto argentino con una impresionante hoja de servicios a sus espaldas entre Argentina, ACB y NBA (y con nuevo contrato para jugar en Brasil, en el Flamengo) Fue noticia la pasada temporada en la liga argentina al anotar 49 puntos y sumar 59 de valoración con el Atenas de Córdoba. Un tipo muy querido y que ha dejado buen recuerdo por donde ha estado y ha sabido reponerse a las desgracias personales (perdió a su madre, novia y dos hermanas en un mismo accidente de tráfico, y al cumplirse un año se le iba su padre) Un luchador. 


Noble vieja guardia.


KOSTAS VASILEIADIS (GRECIA, 30 AÑOS, 2.00): Uno de los jugadores con mayor facilidad anotadora que campean actualmente por las canchas europeas. Cuando entra en combustión es un auténtico espectáculo capaz de clavarla aunque le pongan cinco tíos encima. Claro ejemplo de jugador de rachas.     

El calor griego



CHANDLER PARSONS (USA, 25 AÑOS, 2.06): El avezado lector se habrá dado cuenta de que no habíamos incluido ningún alero de la selección sin duda gran favorita al oro. La razón es sencilla, no tenemos ni idea quienes serán los elegidos finalmente para ese puesto, y si Krzyewski apostará más perfiles tiradores, o defensores o reboteadores, etc… apostamos por el guaperas de Florida precisamente porque puede aportar un poco de todo. Eso si a última hora al bocazas de Mark Cuban no le da un rebote y le prohíbe jugar el campeonato después de llevárselo de Houston por 45 millones de dólares en 3 años.       


Parsons con la modelo danesa Nina Agdal. Sí, el tío se lo sabe montar.



jueves, 20 de junio de 2013

AL MADRID DE LASO LE SALEN LOS DIENTES


La madurez blanca.


El Real Madrid de Pablo Laso crece y se hace con el título de campeón de Liga Endesa 2012-13. Certifica con ello una temporada magnífica (en la competición liguera su balance presenta 38 victorias por tan sólo 6 derrotas) y lo que es más importante, un crecimiento tanto de juego como mental. Aquel niño travieso que ganaba una Copa del Rey el pasado curso a base de ametrallar el aro rival sin piedad es ya un hombre que sabe moverse en aguas turbulentas como las planteadas por Xavi Pascual en estas finales. Finalistas de Euroliga y campeones domésticos, el Madrid de Laso ya no es sólo un equipo atractivo que atrae aficionados a los pabellones, si no que adquiere, por fin, genética ganadora en unos jugadores que aún siendo jóvenes la mayor parte de ellos ya comenzaban a sentirse exigidos en su palmarés.  

No han sido las mejores finales posibles en cuanto a calidad baloncestística, sobre todo si se las compara con las de la pasada temporada, lo cual incluso concede mayor mérito a los de Laso, vencedores pese a no poder encontrar su habitual estilo de juego gracias al trabajo táctico de un Xavi Pascual que pese a lidiar con innumerables problemas físicos dentro de su plantilla ha mantenido a su equipo en todo momento con opciones. Admirable una vez más el trabajo del técnico catalán. 

Si encontró el Real Madrid su identidad en el fulgurante comienzo de partido, marcado por la sorprendente titularidad del cañonero Jaycee Carroll. Desconozco si Laso está siguiendo las finales de la NBA, pero su declaración de intenciones con el tirador mormón es comparable a la confianza de Gregg Popovich en Manu Ginobili, cuando tras cuatro partidos desacertado el argentino se vio “premiado” con la titularidad por parte de su técnico. Lejos de defenestrar a quien es una pieza clave de tu engranaje, confianza máxima. El hombre de Laramie tardó sólo 18 segundos en intentar su primer lanzamiento triple, la primera bola que recibió. Erró, pero no mermó su confianza. Seis puntos suyos lideraron el primer parcial importante del partido. Un 10-0 cerrado con un contrataque de un enrabietado Llull. El Madrid desataba una tormenta perfecta sobre el parquet del Palacio de Los Deportes, hasta que Pascual paró el partido con el primer tiempo muerto. Para entonces ya se había visto que la presencia de Navarro en el cinco inicial era un farol. El capitán azulgrana no estaba para jugar, pero su presencia siempre se hace notar, o eso debió pensar Pascual. Quien si se hizo notar fue Joe Ingles. Con un triple inauguró el casillero de puntos barcelonista. Anotaría cuatro más en un partido implacable e impecable (25 puntos con 10 de 13 en tiros de campo) protagonizando junto a ese monumento viviente al baloncesto llamado Sarunas Jasikevicius un glorioso ejercicio de supervivencia. El Barcelona nunca se rinde y cayó con la cabeza bien alta. Después de que una canasta de Begic pusiera el 12-3 un pequeño parcial de 0-6 frenaba el impacto de la primera gran acometida blanca. Aún habría una segunda en este primer cuarto, con los entrenadores moviendo el banquillo con mucha más celeridad que en partidos anteriores. Llull volvía a estirar la ventaja a diez puntos (20-10), y Pascual se encomendó al genio de Jasikevicius, quien parecía quitarse diez años de encima y comenzaba a practicar un baloncesto a la altura del MVP de las finales de 2003, cuando se merendó en tres partidos al Pamesa Valencia. Anotación y pases de fantasía servidos por el lituano metieron al Barcelona definitivamente en el partido con otro parcial de 0-8 (20-18) para acabar el primer cuarto, y todo ello con una costilla rota. Un auténtico genio.   


Llull dirigió las primeras embestidas blancas.


Se reanudaba el partido con Tomic igualando el marcador tras otra genial asistencia del lituano. El pívot croata, una vez más, haciendo mejores números que su incidencia real en los resultados. Deja las finales con una buena tarjeta estadística, y sin embargo se ha diluido en los finales de partido y ha dado la sensación de que no ha podido con un Begic que con menos minutos en cancha ha sido posiblemente más importante para su equipo que Ante para el suyo. No queremos hacer sangre en este aspecto, pero dudo que haya una pareja interior mejor pagada en Europa y con mayor calidad que la de Lorbek-Tomic… y a la vez más blanda y falta de carácter. De carácter anda sobrado un tal Felipe Reyes, quien comenzó a sembrar nuevamente el pánico en el rebote ofensivo. Sobre el cordobés ya escribiremos largo y tendido en próximas ocasiones. Injustamente tratado por una parte (menor, pero ruidosa y dañina) de la afición, esa para la cual el madridismo “verdadero” es despreciar a capitanes y símbolos acusándoles de jugadores mimados y cánceres enquistados con el favor de la prensa, se reivindica en estas finales como el alma blanca que se parte el pecho por el escudo de la camiseta. Lideró en todo momento al equipo en los cinco partidos cuando peor pintaban las cosas, y anoche no fue una excepción. El capitán encabezó la valiosa segunda unidad de Laso junto a los Rodríguez, Draper, Darden o Slaughter. El partido entró entonces en un intercambio de canastas hasta que Ingles con cinco puntos consecutivos daba la primera (y última) ventaja del partido a los azulgranas. 31-32 mediado el segundo cuarto. Tras el consiguiente tiempo muerto adviene el tercer arreón blanco. Un parcial de 10-0 espoleado por el veloz Draper cierra el partido al descanso con 9 arriba para los blancos, 41-32. ¿Serían los de Laso capaces de rematar la faena, o dejarían a volver escapar la ocasión de sentenciar al rival? 

Los minutos iniciales tras el paso por vestuarios se antojaban claves. Se presumía una salida corajuda del Barcelona para luchar por el título, de modo que Laso lo tenía claro. No nos conformemos con estos 9 puntos de ventaja, busquemos el cuarto arreón blanco. Y hagámoslo con nuestra vieja receta de siempre: defensa y contrataque. El hiperactivo Rudy fue el primero en tomar nota, un robo en el primer ataque visitante lo culmina con un mate. Posteriormente finaliza otra contra servida por Llull, tras robar el menorquín la cartera a un Oleson tan desgastado en su defensa a Carroll que veía menguar sus fuerzas en ataque. Tras un tiro libre de Tomic y dos puntos de Mirotic llegaría el delirio. En su vigésimo intento desde más allá del 6.75 Rudy hacía diana y lograba la máxima diferencia para el Real Madrid, 50-33. El parcial del tercer cuarto era de 8-1. Rudy finalizó las finales con un infame 1 de 24 en triples, y sin embargo ha hecho un trabajo notable. Lamentablemente habrá quien sólo mire su estadística en el triple, pero quédense con su defensa de anticipación y su actividad reboteadora y tendrán a otro de los puntales en el triunfo blanco. El Barcelona vivía sus momentos más delicados. La liga se les iba de las manos. Se hacía necesario que algún valiente diese un paso al frente. Algún jugador capaz de creer en la victoria. Ya hemos hablado de la importancia de la fe en estas finales.Y Pascual encontró no un jugador, si no dos. Con Navarro lesionado, Lorbek pasota, Huertas inexistente, Tomic en su habitual cuesta debajo de las segundas partes, y Oleson pagando caro su esfuerzo defensivo, la plantilla más cara de nuestra liga, el presupuesto más alto de la ACB, se encomendó a dos locos maravillosos empeñados en hacer posible lo imposible. Si el partido no se acabó mediado en el tercer cuarto fue gracias a la testarudez de estos dos jugadores. Ingles martilleando el aro rival sin piedad y Jasikevicius dando un auténtico clinic de baloncesto. Juntos se conjugaron para darle vida y emoción al asunto. Un parcial de 5-15 antes del final de cuarto (diez puntos del australiano y cinco del lituano) estrechaban el marcador en un 55-48 de cara a los diez minutos finales de la temporada. El Barcelona ganaba por fin un cuarto (14-15) y aguaba la anticipada fiesta de un Palacio exultante y rebosante de pasión por el baloncesto madridista.  


Ingles y Darden mantuvieron el mejor duelo del partido.


El último acto comenzaba con un bello intercambio de golpes entre dos buenos púgiles como Ingles y Tremmell Darden (otro factor clave para Laso) Los dos aleros sumaban para sus respectivos equipos y gracias a eso el Madrid mantenía su pequeña pero quizás suficiente ventaja. Un pequeño parcial de 6-0 parecía romper definitivamente el partido. 64-51 a falta de siete minutos. Ya no hubo lugar para el milagro, por mucho que Ingles y Jasikevicius lo siguieran intentando. Eran demasiado poco, pese al partidazo de ambos, contra un Madrid en el que Felipe Reyes seguía dominando el rebote y sacando faltas personales con su colosal lucha y en el que Rudy, pese a seguir fallando triples, se gustaba. Una canasta del mallorquín tras rebote ofensivo a fallo de Darden ponía un insalvable 76-64 a falta de menos de dos minutos para la bocina final. Aún así Jasikevicius volvería a sacar la garra de campeón que siempre ha caracterizado al genio lituano para dirigir un parcial de 0-7 que abría un mínimo resquicio de esperanza para los visitantes, pero Sergio Rodríguez y Felipe Reyes cerraron el partido, y la liga, desde el tiro libre. 

Justa victoria liguera para un Real Madrid que ha sido el gran dominador de la temporada y cuyo trabajo desde Septiembre finalmente ha dado sus frutos. No falló durante la temporada regular, dejando un baloncesto magnífico con números incontestables (30 victorias por 4 derrotas, máximo anotador de la competición con 87.79 puntos por partido, máximo reboteador con 35.68 rechaces por partido, máximo taponador con 3.68 y con la mejor valoración media por encuentro, incluso ha sido el equipo más “matador” con 2.91 mates por choque, contribuyendo al espectáculo), pero también ha sabido resolver a la hora de la verdad demostrando que el grupo de Laso ha crecido en mentalidad competitiva. Hay que darle la enhorabuena a don Pablo Laso, quien ya no es sólo un entrenador que apuesta por un juego bonito si no que entra de pleno derecho en la genealogía ganadora del club madridista. Sin hacer ruido, sin defenestrar jugadores, sin alzar la voz y sin buscar tener razón a toda costa. Sin el nombre de Ettore Messina, pero ya con 3 títulos ganados a sus espaldas. Enhorabuena y gracias, Pablo. Enhorabuena y gracias también al gran capitán, Felipe Reyes, pero de eso ya hablaremos en otra ocasión. Hay muchas cuentas que saldar y mucho bocazas que no sabe donde esconderse un día como el de hoy.   


Ladran, luego cabalgamos.




miércoles, 12 de junio de 2013

PARANORMAL ACTIVITY


El Barcelona se reencuentra a si mismo.



Difícil de explicar el partido vivido anoche en el Palacio de Los Deportes, tan difícil como explicar la derrota madridista en un partido que tenía encarrilado. Y sin embargo tan sencillo como que podemos considerar que fue un calco del primer partido de las finales, pero con los protagonistas intercambiando sus papeles. Tan sencillo como que el encuentro deja un aroma a “deja vu” y en el último cuarto vuestro amigo El Tirador ya intuía el fatal desenlace acuñando un término modestamente creo que muy acertado: “remontada silenciosa”.

Y el partido, al igual que el pasado domingo, no dejó excesiva calidad en el juego, al contrario, muy justita, y en esta ocasión fue servida por parte del Real Madrid, sobre todo en su soberbio segundo cuarto (¿les suena la película?, ¿recuerdan el segundo cuarto del Barcelona el pasado domingo?) Lo cierto es que los de Pascual les devuelven a su rival la moneda en forma de su propia medicina (fe, no perder nunca la cara al partido) y recuperan su condición y espíritu de campeones. Se reencuentran a si mismos, rompen el factor cancha, y se convierten en favoritos para el título. A decir verdad se está jugando más al ritmo que Pascual prefiere en los hasta ahora 80 minutos disputados. 

El primer cuarto fue una oda al despropósito. Diez minutos infumables. El Madrid, con su habitual quinteto titular abundante en centímetros no dejaba ver aro al Barcelona, pero tampoco atacaba con facilidad. Aún así un triple milagroso de Lull a tabla ponía un brioso 8-0 de inicio. Mirotic en una contrataque ponía el 10-2 mediando el primer acto. El Real Madrid no volvería a anotar en los cinco minutos posteriores. No estaba el Barcelona para tirar cohetes, pero le bastó la aparición de Navarro (4 puntos y 3 faltas provocadas) para meterse en el partido mientras que Oleson certificaba la primera remontada del partido con un triple que ponía el 10-11. Para contribuir al desatino los árbitros demostraron claramente que salieron bajo consigna. Pasar lo más desapercibidos posibles y apenas cargar de personales a los equipos al inicio del choque. Eso se reflejó en la sorprendente cifra de tan sólo 3 faltas personales señaladas a cada equipo. No sé lo creen ni ellos. 

Como suele ocurrir, tiempo les faltó para comenzar a señalarlo todo en el segundo cuarto. Aún así se vieron los mejores momentos de juego por parte de un Real Madrid apoyado en un Tremmell Darden sacando ventaja sobre su extraño emparejamiento con Jasikevicius (ausente en el primer partido) Pascual también dio entrada a Todorovic, buscando dosificar esfuerzos y que su equipo no llegase tan castigado a los minutos finales como en anteriores choques ante los blancos. Sergio Rodríguez, sin llegar a la excelencia en la dirección de su segunda parte del domingo, manejaba con soltura el ataque blanco, y la habitual lucha bajo tableros de Felipe Reyes contribuía a que el Madrid controlase este segundo acto con absoluta solvencia. El cuarto acabó reflejando un 26-15 para los blancos, que se iban al descanso con una diferencia de 10 puntos (36-26) Exactamente el mismo botín con el que el Barcelona encarriló el camino a los vestuarios el pasado domingo.   


Darden dio puntos para el Madrid desde el banquillo


Tres tiros libres de Rudy al comienzo de la segunda parte daban una diferencia de 13 puntos para los blancos que comenzaba a ser preocupante. Pero era partido de remontadas. Navarro culminaba con un triple un parcial de 0-11 que metía a su equipo en el partido (39-37). El Madrid templa entonces los ánimos y tras varias decisiones precipitadas comienza a buscar daño en el interior. Begic, y sobre todo Felipe Reyes, surgen como bastiones blancos para un 8-0 (47-37) que vuelve a dar los diez puntos de ventaja. Finaliza el cuarto con un parcial de 19-20 para el Barcelona (55-46) Les suena la historia, ¿verdad?, en el partido del domingo un luchador Real Madrid en el tercer cuarto sólo remontaba dos puntos a su rival y comenzaba el último acto ocho abajo. En esta ocasión el equipo de Pascual sólo lograba limar un tanto y llegaba al cuarto decisivo nueve abajo en el marcador. 

Parecía por tanto encarrilado, pero visto lo visto sin ir más lejos en el cuarto anterior (parcial azulgrana de 0-11, posterior blanco de 8-0), estaba claro que había partido, mucho partido. Y el Barcelona era quien tenía fe en esta ocasión, y pese a no hacer tanto ruido como con el 0-11 del tercer cuarto, la “remontada silenciosa” se podía intuir en el rostro de un Juan Carlos Navarro determinado a llevarse una victoria del Palacio. Intercambio de canastas al comienzo de este cuarto, con 59-50 a falta de 9 minutos. El Barça obligado a remontar punto por minuto. Era muy factible. Dos tiros libres de Tomic y cinco puntos consecutivos de La Bomba certifican el deseo azulgrana. 59-57 y siete minutos por jugarse. Prácticamente asistíamos a un partido nuevo. Los sergios se echan el Madrid a la espalda con sus habituales arreones, algunos afortunados, otros no tanto, aún así son los únicos a los que no parece entrarles el tembleque en los momentos cruciales. Llull pone el 63-59 con una de sus supersónicos contraataques. Quedan todavía cuatro minutos. Otro breve intercambio de golpes (Rudy e Ingles) pone el 65-61 a falta de tres minutos. A partir de ahí comienza la locura, fenómenos paranormales, canastas asombrosas, y el partido metido en terrenos donde importa tanto o más la gestión de las emociones que el baloncesto que se tiene en las manos. El Griego Mavrokefalidis (gran acierto su incorporación por parte azulgrana) llevaba varias posesiones amenazando desde fuera mientras la defensa blanca le flotaba y ponía todos sus ojos en Tomic. El cántaro se rompió con un triple letal (pisando) que ponía el 65-64 y encendía todas las alarmas. Vuelve a aparecer el coloso Felipe para sacar la quinta de Tomic tras una lucha por el rebote a fallo de Mirotic en el triple. Sólo anota uno de sus dos tiros libres (66-64) pero recupera el balón tras un regalo de Wallace. El Chacho se precipita en su ataque, el Barcelona recupera, Felipe comete la cuarta, el griego Mavrokefalidis se va a la línea de los tiros libres. Hay nervios, muchos nervios. Falla el primero, anota el segundo. En la otra canasta Mirotic decide tomar el mando y dar por fin el paso al frente que se le reclamaba en momentos como el de ayer. Postea a Wallace y anota. 68-65. 83 segundos por disputarse. Un mínimo de cuatro posesiones, que en caso de ser así (es decir, sólo cuatro ataques, dos para cada equipo), podría dar el último balón a un Real Madrid que además tenía tres puntos de ventaja. El Barcelona necesitaba algo rápido, el Madrid que transcurriesen los segundos. Navarro fue quien mejor supo “leer” la necesidad del partido sacando la quinta de Felipe en una penetración made in La Bomba. No creo que sorprenda a nadie pero aún así hay que decirlo: anota los dos tiros libres (lleva 12 de 13 en las series finales) Presión para el Madrid, obligado a anotar. Mirotic se va de la marca de Wallace yéndose a la esquina, donde pocos minutos antes había fallado un triple. El Chacho tarda en verle, cuando el hispano-montenegrino recibe Wallace ya está encima dispuesto a taponar, o al menos puntear, el tiro. No era momento de vacilaciones y Nikola anota un triplazo que olía a sentencia 71-67 a falta de 52 segundos para el final. Podía haber sido la canasta del partido, pero aún nos quedaban cosas por ver. El tiempo muerto de Pascual es un encomiable ejercicio de tranquilidad en un momento sumamente delicado. Ni un grito ni un mal gesto a sus jugadores. Calma absoluta y un deseo: “lo importante es sumar”. Había que sacar algo de un ataque en el que al Madrid no le convenía para el crono ni hacer falta. Había que defender por tanto complicando la circulación de balón de un Barcelona que en principio necesitaba, nuevamente, algo rápido. No había obsesión por buscar a Navarro (de hecho el propio escolta saca de banda) El Madrid comienza la jugada defendiendo bien, Llull con Oleson, que inicia el ataque. En el bloqueo de Mavrokefalidis, Slaughter se queda con el tirador de Anchorage y el menorquín se va dentro con el griego. Comienzan los problemas pero el Madrid sigue muy activo en esta defensa crucial y demostrando tener buenas piernas. Oleson juega para Wallace, que está con Mirotic, Wallace busca a Sada, abierto hacia la esquina, al que le espera Llull. El base catalán busca la penetración y llega el momento clave. Mirotic se va con él y el dos para uno del Real Madrid deja completamente solo a Wallace que lanza un triple ante un desesperado Nikola que sólo llega a hacer falta personal, la cuarta de su cuenta particular. Taquicárdico. Pudo ser todavía peor, ya que el congoleño de Atlanta falla el adicional y sigue dejando al Madrid por delante en el marcador. 71-70 a falta de 40 segundos. Dos posesiones. El Madrid necesita anotar y traspasar la presión a los azulgranas. Slaughter penetra en la zona sin balón ante la mirada de Llull que busca el pase. Slaughter recibe… y se le va la bola de las manos sin que la llegue a controlar en ningún momento. Un error de patio de colegio que acaba costando el punto de una final, y veremos si toda una liga. Oleson asume responsabilidades (Navarro estaba en el banquillo debido a que Pascual buscaba mayor presencia defensiva, con Ingles y el propio Oleson) y saca la quinta de un Mirotic que pasa del cielo al infierno en menos de un minuto. Esto es el baloncesto. Brad no perdona y certifica su particular venganza contra el equipo que no confío en él no llegando ni a debutar con el Real Madrid después de haber firmado contrato (Messina lo utilizó como moneda de cambio para traer a Prigioni y a un Sergi Vidal al que tuvo agitando toallas… otro “acierto” del siciliano apoyado por el ex –barcelonista Maceiras por entonces director deportivo madridista) Aún así el Madrid tiene 7.7 segundos para anotar, sacando a media pista tras un tiempo muerto de Pablo Laso donde se palpa en exceso el nerviosismo. Una gran diferencia con el anterior “break” de Pascual (supongo que la clave de esto está en que Pascual lleva ya más de una decena de finales a sus espaldas en distintas competiciones… Laso está empezando a vivirlas, paciencia) La idea no es mala, Begic como torre intentando anclar la defensa azulgrana y cuatro exteriores todos con buena mano (Rudy, Carroll, Llull y Rodríguez) El Chacho amenaza penetrar desde la bombilla para tras uno de sus habituales botes de balón por la espalda ganarse el suficiente espacio con el que lanzar ante Sada. Y es buen lanzamiento. Tanto que por poco no entra pero rebota en la parte posterior del aro y el rebote cae a un Jaycee Carroll que lanza sobre la bocina nuevamente fallando. Los blancos reclaman tímidamente falta personal, pero sinceramente no parece haber nada. RTVE en su lamentable intento de no mojarse ni polemizar apenas emite una triste repetición de la jugada, ¿a qué tienen miedo? Al Madrid, pese a haber dominado durante gran parte del encuentro, le toca digerir una dura derrota frente a un Barcelona que en sus momentos definitivos no contó ni con Navarro (banquillo), Tomic (expulsado) ni Lorbek (convaleciente en el vestuario). Valiente Sergio Rodríguez, pero que diferencia con la jugada clave del Barcelona (el triple de Wallace) que llega tras varios pases (Navarro de banda para Oleson, Oleson para Wallace, Wallace para Sada, Sada de nuevo a Wallace) En la última posesión del Real Madrid el único pase es el saque de banda de Llull al Chacho. Faltó algo más.   


El héroe inesperado.



La temporada pasada en una extraña final escribimos una entrada titulada “Una final en el diván” antes del decisivo quinto partido que acabó cayendo de lado de un Barcelona que lograba remontar la serie demostrando, una vez más, su enorme corazón de campeón y la grandísima capacidad de Xavi Pascual para recobrar anímicamente a su plantilla. En ella aludíamos a la importancia de la psicología y mentalidad en una final un tanto extraña en la que de un día para otro tanto uno como otro equipo convivían con la gloria o la miseria. Lo mismo podemos decir este curso. La gestión de las emociones, superar el vértigo y el miedo a ganar, y lograr imponer tu estilo por encima del resultado puntual se antojan factores tanto o más importantes que la calidad intrínseca de los jugadores, la cual, dicho sea de paso, no está apareciendo en demasía.    


El ganador impasible


lunes, 24 de septiembre de 2012

EXALTACIÓN


EQUIPO



Ya tenemos el primer campeón del primer título en juego de la temporada 2012-13. El Real Madrid se toma cumplida revancha de la última final ACB, y de la propia final de la Supercopa del pasado año. Como ya sabrán en este blog nunca hemos ocultado nuestros colores, nuestro madridismo irredento (por mucho número de lectores que nos haga perder tal confesión realizada desde el nacimiento de esta página), por lo que comprendan que esta entrada la realicemos desde el subjetivo prisma del equipo de Pablo Laso. Ya habrá tiempo de hablar de otros clubes, especialmente el Barcelona, a cuyos seguidores les pediría paciencia y mesura después de la derrota. Seguirán estando arriba y no deben hacer juicios precipitados. 

Pero por muy madridistas que seamos, ante todo somos amantes del baloncesto, y ese amor y pasión por el deporte más bello y espectacular jamás conocido es lo que intentamos transmitir desde estas líneas. Por eso creemos que la final de ayer fue, una vez más y como viene sucediendo últimamente cada vez que se enfrentan estos dos equipos, un triunfo rotundo del baloncesto a su mejor nivel. Una exaltación del juego llevado a un escenario donde no puede caber el miedo al fallo ni la especulación con el luminoso. A tiro limpio, para deleite del aficionado. No cabe duda de que el joven seguidor que haya visto un partido como el de ayer habrá visto reforzado su primaveral amor por este deporte, pero los que tenemos ya una edad, encuentros como ayer casi nos hacen brotar la lágrima si recordamos como aún no hace demasiado tiempo un buen puñado de entrenadores rácanos y unas peligrosas tendencias resultadistas marcando la moda a seguir nos condenaban a partidos donde el ladrillo aplastaba la seda, los puntos llegaban con cuentagotas, los bases amasaban el balón segundos y segundos sin que nada relevante sucediera, el pase no fluía, y nadie se atrevía a echarse una carrera a la canasta contraria por miedo a convertirse en el favorito objeto de las iras desde el banquillo. Evidentemente estos partidos, estas finales, también conocían un ganador, un capitán que levantase la copa en juego, y un entrenador (muy a menudo con apellido acabado en -ic) que salía reforzado y se nos seguía vendiendo como paradigma del ganador y del coleccionista de títulos, capaz de ganar cualquier título en cualquier club en cualquier lugar del mundo, aún a costa de secuestrar el juego, porque habíamos transformado el baloncesto en eso, en un juego donde para ganar más que expresar y desarrollar tu talento sobre la pista se trataba de anular el del rival, y destruir, evidentemente, es mucho más sencillo que crear.  

A esto nos condenaban hasta poco a los aficionados.Marcador definitivo del  Benetton-Limoges, final de Euroliga a principios de los 90. 


Todo aquello parece ya felizmente olvidado, un mal recuerdo, una pesadilla pasada. Y en parte el gran responsable es Pablo Laso, quien desde el principio imprimió un carácter en cierta manera heredado de su época como jugador, cuando era uno de los bases más vertiginosos de nuestro baloncesto (y recuerden que estamos hablando del máximo asistente histórico de la ACB), un estilo de juego de ritmo alto y posesiones cortas, en el que el objetivo es atacar antes de que la defensa rival esté formada por mucho riesgo que ello conlleve. Y el estilo, se ha demostrado, funciona. De momento en competiciones oficiales cuatro finales y dos títulos. La única espina clavada puede ser en Euroliga (que aún así se concluye con un buen balance 12-4 y quedamos fuera por la lamentable bajada de brazos frente al Bilbao Basket que nos condena a perder el average con los vizcaínos quienes finalmente si pasan de ronda) Gracias de nuevo, don Pablo, por habernos traído de vuelta el baloncesto bajo estos parámetros de espectáculo. Ya ni recuerdo cuantas veces te las hemos dado desde aquí, y espero que esta no sea la última. 

Y vayamos al torneo en sí. Por mucho que se trate de un torneo menor, y que no permite sacar demasiadas conclusiones debido al momento de la temporada en que se lleva a cabo, creo que es un torneo bonito, con una buena cobertura mediática, y que además nos ha traído el feliz regreso a los micrófonos del gran Manel Comas. Una especie de fiesta de bienvenida a la nueva temporada, el primer baile del nuevo curso, un reencuentro entre los viejos y conocidos alumnos, que reciben con los brazos abiertos a los recién llegados, y observan atónitos el regreso de alguno que les dejó hace años y vuelve con más ganas de bailar con ellos que nunca (Rudy Fernández) Por otro lado este torneo era un muro con el que Madrid se chocaba en los últimos años y no había sido capaz de llevárselo a las vitrinas dentro de este actual formato. De modo que para mí esto es un título con todas las letras y otro triunfo de Laso y su apuesta. En lo individual Rudy Fernández confirma su firme liderazgo con Mirotic de brillante escudero. Ambos jugadores resultaron fundamentales y diferenciales para llevarse el título. El hispano-montenegrino fue el mejor y más constante en semifinales frente al CAI Zaragoza, en un partido donde Rudy estuvo discreto, en un segundo plano, y se permitió el lujo de abusar del tiro exterior sin buena selección en unos momentos en los que la ventaja era realmente amplia. Una ventaja a la que se llegó gracias a un gran tercer cuarto con Sergio Rodríguez y precisamente Rudy llevando el mando y con Slaughter apuntándose a la fiesta gracias a su sociedad con el Chacho. Pero Rudy es de esos jugadores que no ofrece dudas, puede fallar dos triples seguidos en una semifinal cuando vas 15 arriba, pero en la final del día siguiente deja claro su rol desde el primer momento anotando sus dos primeros lanzamientos desde la distancia en apenas dos minutos. La final del Madrid fue prodigiosa y hay que sumarla a la al menos decena de partidos de guardar en videoteca que realizó el equipo de Laso la pasada temporada. 95 puntos, abriendo y cerrando con 30 puntos por cuarto en los primer y último parciales. En este inagotable torrente ofensivo hay que destacar también el nombre propio de Jaycee Carroll, apareciendo como jugador de rotación y siendo capaz de dejar una tarjeta de visita en el partido casi paranormal. 17 puntos... ¡en 17 minutos! Pocos jugadores pueden sentirse más favorecidos del estilo propuesto por Laso que el genial escolta de Laramie, capaz de dinamitar cualquier defensa rival con un simple escorzo, una finta o su capacidad para armar el brazo tras bloqueo. Con posesiones en algunos momentos por debajo de los diez segundos resulta comprensible el alcanzar producciones ofensivas como las de Carroll, siendo capaz de anotar a punto por minuto. Recordemos que en la pasada final de Copa del Rey este mismo jugador y frente al mismo rival llevó sus excelencias ofensivas al máximo nivel y hasta el límite de lo humanamente posible siendo capaz de anotar 22 puntos en un periodo de 12 minutos. Si al bueno de Vinnie Johnson, a quien recordarán sin duda los seguidores de los Detroit Pistons, lo apodaban con acierto "el microondas" por su facilidad para producir en cuanto ponía un pie en pista por mucho que se hubiera "enfriado" en el banquillo, no encuentro que calificativo pudiera recibir el pistolero mormón.    

Rudy ya gana títulos, individuales y colectivos.


Lo cierto es que a día de hoy, por mucho que a algún jurásico anclado en el baloncesto de hace 30 años le cueste reconocerlo, las rotaciones son fundamentales. La filosofía de entrenadores que han hecho grande nuestro basket en los últimos años, tal es el caso de García Reneses, Pepu Hernández, Joan Plaza o Xavi Pascual, se basa en una intensidad de juego en la que es necesario que todo jugador dé el 100% una vez en pista, y evidentemente dar el 100% durante 40 minutos seguidos parece imposible para el cuerpo y la mente humana. Por ello y en busca del rendimiento colectivo y el mejor juego coral posible, un partido del nivel como la final presenciada ayer ha de disponer de diversos protagonistas que aparecen y desaparecen de escena constantemente. Cuantos más actores tenga la obra, y más brillantes sean sus líneas de diálogo, mayor disfrute para el espectador. 

En ese sentido sin duda el Barcelona hubiera necesitado de una mayor aportación de Lorbek, un tanto decepcionante y quien pareció querer anularse con Mirotic a la baja. Si digo a la baja es porque soy de los que opina que hablamos de los dos mejores “cuatros” de Europa hoy día, y un duelo que concluye con 14 puntos y 3 rebotes por parte del esloveno, y 11 tantos y 4 rechaces por lado del madridista, creo que podemos calificarlo de discreto. Excelente Ingles como referente ofensivo por la baja de Navarro (a la que con gran dolor de corazón, debemos admitir que nos vamos a tener que ir acostumbrado bastante a partir de ahora… si Navarro quiere prolongar su carrera va a empezar a tener que estar, como se suele decir, “entre algodones”), y bien Rabaseda  compensando el mal partido de un Mickeal al que definitivamente Carlos Suárez le ha tomado la medida. Huertas brilló en ataque pese a su mal día en el tiro gracias a sus espectaculares conexiones de tradicional pick&roll con Jawai, y con Sada en pista el Madrid vivió sus peores minutos y su mayor colapso ofensivo (segundo cuarto) Tomic y Slaughter por su parte se diluyeron en la tensión de su duelo posiblemente sabedores de que era un partido en el que iban a sentirse estrechamente observados por la audiencia. El pívot que deja el Madrid para fichar por el máximo rival frente al único fichaje interior (por el momento) del equipo blanco hasta la fecha. Un equipo blanco que compensa su escaso poder interior (Begic también flojito ayer) con un endiablado ritmo de juego gracias a la batuta de los dos sergios. El Chacho, con sus intermitencias y despistes, aún así fue una vez más el jugador de cuyas manos salió el mejor juego blanco y las acciones más brillantes. Llull, más constante, fue un martillo pilón en ataque que no dudó en irse hacía el aro rival en cada ocasión que vio campo abierto. Draper comprendió ayer la triste realidad de su rol de tercer base, con los dos internacionales absolutos por España imprimiendo este tipo de juego, su papel parece que no pueda ir más allá de un especialista para partidos en los que el equipo se vea obligado a posesiones largas y ataques de cinco contra cinco. Mala noticia para el pequeño Dontaye, pero buena para los aficionados. El Madrid no renuncia a su estilo de la temporada pasada.   

Pese a todo esto, y como parte de un masoquismo intrínsecamente madridista, uno ve con cierta desolación como la que es la propuesta más atractiva en muchísimo tiempo y una de nuestras plantillas más ilusionantes en varios años, no acaba de convencer al común del aficionado ni se valora como debiera. El madridista nunca está contento con lo que tiene. En este club (y hablo sólo en el tema baloncestístico) se lleva años pidiendo la cabeza de Felipe Reyes (ayer nuevamente notable en el aporte colectivo), de Sergio Rodríguez se decía que se le había olvidado jugar al baloncesto con 25 años, que Carlos Suárez (enorme trabajo ayer con nada menos que Pete Mickeal) no tiene nivel para este club (¿pero alguien se para realmente a fijarse todo lo que aporta el alero de Aranjuez en rebote, defensa, trabajo sucio, etc?)… el público se levanta de sus asientos cada vez que Llull culmina una de esas jugadas de “Llull contra el mundo” pero le machaca sin piedad cuando ese mismo arrojo le lleva al fallo. Por mucho que un jugador como Marti Pocius sea el héroe en todo un Palau Blaugrana, a los dos días vuelve a la realidad de que es otro de los jugadores “sin nivel” dentro de esta plantilla que algunos piensan que ha confeccionado un mono borracho (que miren la del primer año de Messina, aquello era estar de ácido directamente para configurar un roster como aquel), con unos directivos que no tienen ni idea, y por supuesto, un entrenador de perfil bajo, ¡y encima español! Allá pues quien no quiera, o no sepa, disfrutar esto, y se lo despache con un “son muy malos pero el Barça es peor… Laso es un desastre pero Pascual lo es más”, como si no pudieran concebir un baloncesto de tanta pureza e inocencia ofensiva, un espectáculo mágico en busca de la diversión y felicidad, y este deporte tuviera que ser un indescifrable y complicado galimatías con enrevesadísimas tácticas que no hacen si no embrutecer el talento natural de muchos jugadores. Ellos se lo pierden, porque la realidad indica que estamos ante un Madrid brillante en el que todos valen, todos cuentan y todos suman. Las estrellas y los obreros. Los que la clavan desde fuera y los que se parten la cara en el rebote. Los que miran el aro rival compulsivamente, y los que siempre tienen en mente la búsqueda del compañero. Los que juegan 35 minutos, y los que juegan 5. En definitiva, el Madrid de Laso. El Madrid de los buenos tiempos… esos que están de vuelta. 

Y ahora llega Hettsheimer, para seguir sumando.

We're a happy family

jueves, 26 de julio de 2012

AUSTRALIA: GENTE SIN COMPLEJOS


La selección aussie, como decíamos por ejemplo sobre Brasil hace unos días, es otro de esos equipos habituales en este torneo y que nos evoca a épocas y ediciones anteriores, en algunos casos de no muy buen recuerdo para nosotros. Si hablando sobre los cariocas nos deteníamos en la figura del gran Oscar Schmidt Becerra como epítome de aquellas madrugadas baloncestísticas de Juegos Olímpicos, en el caso de los boomers el nombre a recordar es el del inapelable cañonero Andrew Gaze, con nada menos que cinco ediciones olímpicas en su haber, y record de partidos jugados en este torneo con 40. El bombardero de Melbourne guarda lugar preferente en las pesadillas de nuestro baloncesto, sobre todo para los de mi generación, con aquel partido de cuartos de final en Seul 88 donde su soberbia exhibición anotadora (28 tantos, de los 77 del total de su equipo) nos apartó del camino de las medallas y supuso el comienzo de una época ignominiosa para nuestro basket que conocería episodios realmente dolorosos como el “angolazo” de Barcelona, y demás tragedias deportivas que afortunadamente hoy día parecen un mal recuerdo desde la llegada de los Navarro, Gasol y cia a nuestras canastas. 

El alero australiano lideró a su país a su mejor clasificación histórica en unos Juegos con aquella cuarta plaza de Seul que repetirían en 1996, y tuvo el honor de ser el abanderado de su país en la edición de Sydney 2000, al igual que Dirk Nowitzki con Alemania, o nuestro Pau Gasol mañana, ha sido uno de los pocos baloncestistas que ha tenido el inmenso privilegio de ser la cabeza visible del deporte de todo un país en una ceremonia de inauguración de unos Juegos Olímpicos. En aquella edición en casa, por cierto, fue el máximo anotador del torneo (y si no lo fue en ediciones anteriores, lógicamente fue debido a la presencia de un tal Oscar Schmidt cuya productividad ofensiva y excelencia en el tiro no conocía parangón) y jugó sus terceras semifinales olímpicas.  

Gaze bailando un "agarrao" con Yao Ming


Pero hablemos del presente. La actual selección australiana llega a Londres con unas señas de identidad muy claras y definidas, y que pudimos ver en los dos partidos que les enfrentó a nuestro equipo. Un grupo realmente generoso en el esfuerzo, duro en defensa, y sin un líder definido, con una serie de jugadores muy activos en ataque y muy valientes en el lanzamiento. Realmente, una selección que juega sin complejos. Quizás puedan parecer demasiado inconscientes en su ataque, pero es de esos equipos que gusta ver jugar por su descaro y atrevimiento. Prácticamente todos los jugadores tienen peligro exterior, y esa será su gran baza. La falta de presión será una poderosa aliada para desarrollar su juego sin ningún tipo de inhibición ni agarrotamiento, ideal para un equipo poco dado a moverse en el juego especulativo. No obstante su entrenador Brett Brown (asistente de Popovich en los Spurs, algo se le habrá pegado), demostrando también esa absoluta falta de complejos y ese punto pequeño punto de locura australiana, ha afirmado que van a Londres con el objetivo de las medallas. No sé lo cree ni él, pero levanto mi Foster’s para compartir su brindis al sol. Su objetivo real no debería ir más allá de los cuartos de final, peleando la cuarta plaza del grupo con Gran Bretaña. Pase lo que pase, creo que lo vamos a pasar bien viendo jugar a estos alocados boomers. 

BASES:  Como hemos comentado, no es Australia una selección en la que se reconozca de una manera diáfana la figura de un líder, no obstante sí tratásemos de buscar su mejor jugador, su “estrella”, es posible que debiéramos nombrar al “pequeño” (1.83) Patrick Mills, base ideal para esta selección. No especialmente dotado para la dirección, ejecuta un baloncesto muy sencillo con predilección para la búsqueda del juego abierto, e individualmente su calidad ofensiva es notable, buen penetrador, capaz de fabricarse sus propios tiros y con buena mano. Hará buenos números. En San Antonio progresa a la sombra de Tony Parker, de quien muchos dicen que se puede considerar digno sucesor. Quien está a la sombra del propio Mills es Matthew Dellavedova, un par de años más joven que el base spur, y aún en la NCAA. También es un base de juego sencillo pero sin el talento del titular Mills, aún así sabe sacar provecho a sus minutos en pista. Ojo a su poco ortodoxa mecánica de lanzamiento. Adam Gibson es el típico “betweener” que se mueve entre base y escolta, jugará más de dos, y aportará más en defensa. Lo mismo ocurre con Peter Crawford, base-escolta que tendrá que arañar los minutos que pueda de “shooting guard”.

ALEROS: Hablando sobre una selección tan proclive al juego en abierto y al lanzamiento exterior, cabe pensar que en las alas se encontrará gran parte de su fortaleza. Y de hecho es así, con el añadido de que además de estupendos tiradores nos encontramos jugadores altos, fuertes, y con buen nivel defensivo. Es el caso de los sobradamente conocidos (los tres juegan en ACB) Joe Ingles, Brad Newley y David Barlow. Buenos tiradores y con físico para ayudar en defensa y rebote, sobre todo Barlow quien podrá jugar de cuatro en ocasiones. Mark Worthngton no parece que vaya a aportar mucho, aunque puede funcionar como alero alto especialista en defensa. 

Los zurdos también la saben meter.


PIVOTS: Puede parecer el punto débil del equipo, teniendo en cuenta las ausencias de dos figuras como el nuevo jugador culé Nathan Hawai y sobre todo la estrella NBA Andrew Bogut. Aún así encontramos un par de nombres ilustres y de sobra conocidos por el aficionado español como David Andersen y Matt Nielsen, dos veteranos venidos a menos, pero aún aportarán, sobre todo Andersen, siempre brillante en el tiro exterior y con su buen juego de pies. Maric debe poner la intensidad, defensa y rebote que el equipo necesita, sobre todo ante la ausencia de Jawai y Bogut, y Aron Baynes apunta a ser último en la rotación. Juego interior apañadito, con oficio y buen juego en ataque, pero que sufrirá en defensa.     

PLANTILLA:

4
Peter Crawford
Escolta
193
1979
Townsville Crocodiles (Australia)
5
Patrick Mills
Base
183
1988
San Antonio Spurs (NBA)
6
Adam Gibson
Base
188
1986
Gold Coast Blaze (Australia)
7
Joe Ingles
Escolta
203
1987
FC Barcelona Regal (Liga Endesa)
8
Brad Newley
Escolta
198
1985
Valencia Basket (Liga Endesa)
9
Matthew Dellavedova
Base
183
1988
St Mary's Gaels (NCAA)
10
David Barlow
Alero
205
1983
UCAM Murcia (Liga Endesa)
11
Mark Worthington
Alero
202
1983
Gold Coast Blaze (Australia)
12
Aron Baynes
Pívot
207
1986
Ikaros Kallitheas (Grecia)
13
David Andersen
Pívot
212
1980
Montepaschi Siena (Italia)
14
Matt Nielsen
Ala-pívot
209
1978
Khimki (Rusia)
15
Aleks Maric
Pívot
211
1984
Panathinaikos (Grecia)

Posible quinteto titular:                                Segunda unidad: 

Mills                                                              Dellavedova
Ingles                                                             Gibson
Barlow                                                           Newley
Andersen                                                        Nielsen
Maric                                                             Baynes 

Papel secundario:    Crawford y Worthington