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jueves, 16 de febrero de 2017

EL MELÓN DE BARTZOKAS




¿Qué he hecho yo para merecer esto?



Hay una expresión horticultural muy conocida para referirse al equipo o deportista que llega a una determinada competición siendo incógnita, incapaz el analista de turno de discernir si se trata de un favorito al título o de casi una comparsa, el del “melón por abrir”. No es exactamente el caso del Barcelona de Georgios Bartzokas, quien ya abrió su nuevo melón hace meses, pero sigue sin encontrar donde está el trozo bueno. No ayudan las circunstancias, desde luego, y es que ni en la peor de sus pesadillas el griego podría imaginar una temporada tan negra físicamente para su plantilla. Baste decir que únicamente Ante Tomic, Marcus Eriksson y Alexandar Vezenkov, de la plantilla inicial azulgrana para este curso, no han sufrido alguna lesión durante la campaña, llevándose la peor parte Pau Ribas y Shane Lawal con sus bajas de larga duración. La última calamidad ha recaído en Juan Carlos Navarro, precisamente un jugador con molestias crónicas (la ya famosa fascitis plantar), pero que llegaba a este torneo quizás en el mejor momento de sus dos últimas temporadas, hasta que una inoportuna apendicitis ha venido a dejarle en el dique seco. Una mala noticia para el barcelonismo, pero también para todo amante del baloncesto, ya que hablamos de una leyenda que iba a disputar nada menos que su vigésima edición de la Copa del Rey. Desde los despachos azulgranas han tratado de enderezar el rumbo sobre la marcha, con las llegadas de Faverani, Diagné y Alex Renfroe, pero el base con pasaporte bosnio no ha tardado en visitar la enfermería del club barcelonés, por lo que han echado mano de otro fichaje de última hora, Xavier Munford. Parches para una máquina que en ningún momento ha podido funcionar a pleno rendimiento, condición que en cierta manera puede hacer más peligrosos a los azulgranas, llegando como tapados a una cita en la que con Xavi Pascual eran especialistas en competirla hasta el final independientemente del nivel que estuviesen demostrando hasta ese momento. Un espíritu competitivo evidenciado más que nunca en la edición de 2013, curiosamente también disputada en Vitoria, cuando el equipo liderado por Pete Mickeal (MVP de aquel torneo) hizo morder el polvo al Real Madrid de Laso (único partido perdido por el vitoriano como entrenador madridista en Copa) en un monumental encuentro resuelto tras dos prórrogas. Después de aquello dos exhibiciones ante Caja Laboral (actual Baskonia) y Valencia les consagraron como campeones. Nadie lo hubiera podido imaginar con un equipo que llegaba cuarto clasificado en la liga con un pobre balance de 12-8, 7 derrotas más que el Real Madrid. Eran otros tiempos y en el banquillo mandaba un hombre de la casa que sabía gestionar perfectamente las crisis de su equipo, un Xavi Pascual quien a pesar de las críticas siempre llevaba algún título a las vitrinas blaugranas. Críticas que se acrecentaron cuando la llegada de Pablo Laso al banquillo del eterno rival dejó al descubierto que con otros estilo de juego, más generoso con el espectáculo, los títulos podían llegar. Finalmente el exiguo bagaje de una Supercopa en dos temporadas significó la salida de Pascual y el comienzo del nuevo y hasta el momento accidentado proyecto de Bartzokas. Por tanto el griego se encuentra realmente manejando un equipo que es incógnita, ya que parece difícil ver a los azulgrana ganar tres partidos exigentes seguidos, y más con las últimas lesiones de Navarro, Doellman y Oleson (estos dos últimos duda hasta el comienzo del torneo), pero nadie debe dudar de la capacidad competitiva y el espíritu ganador de los culés, y que precisamente están ante su gran oportunidad de reivindicarse. De mirarse a los ojos en el vestuario y conjurarse para ganar tres partidos consecutivos que salvarían su temporada. Su primera piedra de toque no es fácil, ya que el siempre irregular Unicaja parece haber alcanzado justo ahora su mejor momento de forma. Joan Plaza ha conseguido ser respetado en una plaza exigente como la de Málaga, que asume ya que sus días de pelear por títulos ya han pasado. No obstante los malagueños necesitan una alegría en un torneo que no se les da nada bien en los últimos años y en el que particularmente Plaza no ha encontrado tino (ha dirigido doce partidos entre sus temporadas en Madrid, Sevilla y Málaga, y sólo ha salido vencedor en cinco de ellos) Dicho de manera más clara, el Unicaja siempre decepciona cuando llega la Copa. Veremos si este curso son capaces de doblegar a un rival con muchas ausencias gracias a la mejor versión de jugadores como Kyle Fogg, Carlos Suárez, Dejan Musli, Dani Díez, el emergente Alberto Díaz, o sobre todo un Nemanja Nedovic de dulce (16.4 puntos y 5 asistencias por partido en sus últimos cinco choques ACB), argumentos todos estos que por sí solos hablan de un equipo que podría incluso levantar el título sin que ello debiera suponer una gran sorpresa. Al Barcelona ya le ganaron en el Carpena, 95-89, y sin Nedovic, pero con un monumental Kyle Fogg, autor de 29 puntos en aquel partido. 




Pero antes de este partido Valencia y Herbalife Gran Canaria ya habrán dirimido su duelo de cuartos de final. Como curiosidad, es el único enfrentamiento de esta Copa en el que ambos contendientes ya se han enfrentado en sus dos partidos ligueros, y en ambos mandó el Valencia. El partido más cerebral, el duelo de entrenadores, el de dos tipos de baloncesto similares buscando minimizar sus propios errores. Posiblemente sea el partido con menos puntos de toda la Copa.



martes, 16 de julio de 2013

EL EXTRAÑO CASO DE CARLOS SUÁREZ


Carlos Suárez García-Osorio. 27 años. 2,03 metros de estatura. Campeón de Europa Junior en el 2004 en Zaragoza. Jugador Revelación de la ACB en la temporada 2005-06. Consagrado en la 2009-10 y escogido como mejor alero de la competición en dicha temporada. Habitual pre-seleccionado para el combinado nacional absoluto durante los últimos años, dentro de la mejor generación de jugadores que ha dado nunca este país. Llamado a ser el sucesor en vida de Carlos Jiménez en la citada selección y en el club Estudiantes, y posteriormente visto como uno de los pilares del reciente Real Madrid. Carlos Suárez, 27 años, camino de la madurez deportiva. Carlos Suárez, 2,03 metros de estatura, exponente de la apreciada especie baloncestística llamada “alero alto”. Buen tiro exterior, capacidad para jugar al poste, dedicación ofensiva, trabajo en el rebote. Y con todo ello, con 27 años, cuando debiera estar disfrutando del mejor momento de su carrera, el alero de Aranjuez vive su etapa deportiva más triste una vez que se conoce (ajustes económicos, dicen) que el Real Madrid no cuenta con él para la próxima temporada. Fuera definitivamente del grupo de jugadores adyacentes a la selección tras su “rebote” con Sergio Scariolo en 2011 y sin saber en que club ACB prestará sus servicios la temporada próxima (suena el Valencia), quien estaba llamado a ser nuestro mejor alero alto de la segunda década del siglo XXI vive su peor verano desde que es baloncestista profesional. 

Cuesta entender tanta duda con Suárez, jugador sobre quien si uno analiza su juego, apenas ve aristas y defectos. Como se suele decir, no es un 10 en nada, pero sí un 7 en casi todo. Tampoco vale aquí recurrir a una cabeza mal amueblada o indolencia en el juego. A Suárez le hemos visto partirse la cara contra rivales de distinto pelaje y tamaño, especialmente cuando ha tenido enfrente a Pete Mickeal, uno de esos tipos capaces de hacerte añicos simplemente con la profundidad de su mirada. Sí puede ser válido el argumento de que no ha llegado hasta el nivel que se le presuponía, pero aún así el jugador que ha llegado a ser es bien válido, sobre todo teniendo en cuenta que no hay muchos ejemplares nacionales de sus características en ACB. La decisión del Real Madrid de prescindir de sus servicios puede ser vista de dos maneras. Por un lado el habitual desprecio que desde el club se hace a la sección de baloncesto, con la que no caben esfuerzos económicos por mucho que se derroche en fútbol con millonadas indecentes para inflar representantes y jugadores (y después, bien que nos hacemos la foto con Pablo Laso cuando llegan los títulos), por otro, el propio cuerpo técnico encabezado por Laso y la dirección deportiva desde los despachos de Juan Carlos Sánchez y Alberto Herreros (tan injustamente tratados, como hemos mantenido en otras ocasiones, a pesar de que con ellos han llegado los más exitosos momentos de nuestro pasado reciente) vuelven a dar una lección de cirugía a la hora de confeccionar la plantilla para el curso que viene. Pueden prescindir de quien no haya sido capaz de evolucionar y de dar un paso adelante. Sucedió con Tomic, puede suceder con Begic, y sucede con Suárez. Lo que ocurre es que en el caso de los pívots parecen salir revalorizados del conjunto blanco, mientras que con el alero madrileño sucede todo lo contrario. Pese a la gran temporada del equipo de Laso no ha brillado en lo individual el de Aranjuez. En Liga Endesa su máxima valoración la alcanzó en la difícil cancha del Herbalife Gran Canaria, con una marca de 17 (9 puntos, 4 rebotes y 3 asistencias) y en Euroliga dejó un gran destello en Atenas frente al Panathinaikos (16 puntos y 3 rebotes para una valoración de 21), no se puede decir que se arrugue en las canchas calientes, desde luego. Por lo demás, valoraciones más o menos bajas y un minutaje que no solía llegar a medio partido. Aún así la sensación de ser una pieza valiosa en el engranaje blanco aportando eso que llaman “intangibles”.   

Y tras un buen inicio de play offs, especialmente en semifinales frente al Cai Zaragoza, llegan unas finales en las que acaba señalado, tocado y hundido. Cuando su equipo más disfruta, mayor es el sufrimiento del alero que se ve fuera de la rotación pese a salir de titular los cuatro primeros partidos (7.25 minutos de media) En el decisivo quinto choque ni siquiera salta al parquet excepto para hacer la rueda de calentamiento y asistía desde el banquillo a la consolidación de su “back up” Tremmell Darden como factor clave para el triunfo liguero. De un plumazo todas las virtudes de quien estaba llamado a ser el mejor jugador español en su puesto y por quien en su día pujaron tanto Real Madrid y Barcelona parecen desvanecerse. Como si la ausencia de su némesis Pete Mickeal, lejos de favorecer sus posibilidades al no encontrarse frente a su mayor y mejor enemigo, hubiera mermado toda valía del jugador para estas finales.   


Desde este blog seguimos creyendo que Carlos Suárez es uno de los jugadores más apreciables de nuestro actual baloncesto y le deseamos que en su próximo destino explote todo el baloncesto que lleva dentro. Ese que parece empeñado en no descubrir del todo. Digamos que Suárez llegó pronto al pelotón de los buenos, pero no ha sido capaz de enlazar con el de los mejores. Ojala lo haga, tiempo aún tiene para ello.     



Siempre a las puertas

lunes, 11 de febrero de 2013

CORAZÓN DE CAMPEÓN


Navarro levanta su sexta Copa del Rey



El Regal Barcelona se ha alzado con el título de Copa del Rey en la edición de la presente temporada. Sinceramente no creo que haya sido una gran sorpresa. Es cierto que por trayectoria liguera el gran favorito era el Real Madrid, pero inmediatamente después del equipo de Laso en los pronósticos creo que era de justicia colocar a los azulgranas si nos atenemos a la trayectoria reciente del equipo de Xavi Pascual y su insaciable afán por seguir coleccionando títulos. Si consideramos simplemente a la competición copera, los datos son elocuentes, en los últimos cuatro años el Barcelona ha ganado tres títulos y jugado cuatro finales. Nadie ha dominado este torneo como el Barça de Pascual en los últimos años. 

El título conquistado por el equipo barcelonista en esta final a ocho disputada en Vitoria tiene además una curiosa trayectoria, como si se tratase de una exigencia decreciente, cuando en una competición de este tipo debería ser al contrario. Pero en efecto, el partido que inauguraba el torneo el pasado jueves fue la auténtica final anticipada y finalmente la milagrosa canasta de Lorbek que llevaba el partido frente al Madrid a una segunda prórroga acaba valiendo una Copa del Rey tanto como el triple de Marcelinho Huertas en el primer partido de la pasada final de Liga terminó valiendo un título liguero. Y es que toda la intensidad, emoción y calidad baloncestística pareció condensarse en los 50 históricos minutos que Real Madrid y Barcelona nos regalaron en ese partido inaugural del torneo. Tanto es así que cuesta encontrar motivos de interés en los seis partidos que sucedieron tras la batalla entre madridistas y barcelonistas. Aún así los hubo, sobre todo por parte de un Gran Canaria que hace historia al vencer, por fin, un partido de Copa, con un descomunal Xavi Rey postulándose para la selección definitiva que defienda los dos últimos oros europeos el próximo verano. La cita vitoriana nos deja, por otro lado, una realidad palpable de nuestro baloncesto en cierta manera un tanto dolorosa. Hay demasiadas distancias. Demasiada diferencia entre Real Madrid y Barcelona y el resto. Y a partir de ahí, demasiado camino entre Caja Laboral y Valencia y los restantes… ese resto plagado de grandes equipo competidores pero sustentados sobremanera en sus tres o cuatro jugadores clave. Tan acuciante es esa dependencia que incluso un equipo al que muchos veían como posible “tapado” para dar algún susto en esta edición, el Estudiantes de Txus Vidorreta, llegó derrotado de antemano a la capital alavesa en cuanto conoció la ausencia de su gran cañonero y máximo anotador de la Liga Endesa Carl English.   


Lorbek obró el milagro.


Como decimos, para el recuerdo quedará sobremanera uno de los mejores Real Madrid-Barcelona de todos los tiempos, demostrando que los dos grandes dominadores históricos de nuestro basket pueden volver a revivir esas viejas batallas de los 80 con las que todos crecimos. A eso ayuda, evidentemente, que haya continuidad tanto en los técnicos como en los jugadores. En ese sentido la confianza del Barcelona en su entrenador Xavi Pascual pese a las desmemoriadas y olvidadizas voces que pedían su cabeza por los partidos perdidos en Liga Endesa (aún a pesar de su notable andadura europea) ha vuelto a dar sus frutos. Detengámonos un instante en la figura de Pascual. Con 40 años su palmarés alumbra ya tres ligas ACB, tres copas del Rey, tres supercopas y una Euroliga. Todo ello sin llegar a los cinco años sentado en ese banquillo como primer entrenador. Nadie ha ganado tanto en menos tiempo. Y ahora volvamos a la Copa. El Madrid-Barcelona fue un partido tan intenso y tan completo que permite ser abordado desde muchísimos puntos de vista. Ambos equipos lo tuvieron perdido y lo tuvieron ganado en diferentes fases del encuentro. En honor a la verdad hay que admitir que si un equipo es capaz de mandar en el marcador durante un 90% del tiempo del encuentro, posiblemente haya sido mejor, y ese ha sido el caso del Barcelona. Pero hay que quitarse el sombrero ante un Madrid que yendo por debajo en ningún momento se desconectó del choque, pese a vivir momentos sumamente complicados durante el mismo, con ocho abajo mediado el tercer cuarto, o seis en contra mediada la primera prórroga. Precisamente esa primera prórroga de la que fue capaz de sobreponerse parecía que finalmente se decantaría de su lado. Tras verse como decimos seis abajo (79-85), un parcial de 10-2 merced a los arreones raciales una vez más de Sergio Lllull ponía la situación en leve franquicia para los de Laso. Rudy protestaba una falta sobre Mickeal que llevaba al desequilibrante alero de Rock Island a disponer de tres tiros libres… de los que sólo aprovecharía uno. El Madrid, dubitativo todo el partido desde la línea, no fallaría en los momentos cruciales, aprovechando sus dos lanzamientos cada vez que el Barcelona paraba el crono. Los de Laso mantenían por tanto esa distancia de tres puntos que les aseguraba como mínimo otra prórroga, y aquí viene el momento clave del choque. Recordarán, si lo leyeron hace unas entradas, como hablábamos de un episodio que marcó bastante la consideración del aficionado hacia Joan Plaza, cuando en el final de un apretado partido clave de Euroliga contra el Maccabi de Tel Aviv, mandando por tres en el marcador y con última posesión israelí, el técnico catalán ordenó defensa y no quiso mandar a los macabeos a la línea de tiros libres. Will Bynum clavó un triplazo y los de Tel Aviv se llevaron la victoria. Plaza fue señalado culpable por no haber ordenado falta en la última jugada del tiempo reglamentario. Laso no quiso repetir error, y hasta dos veces mandó a la línea a los blaugrana con tres arriba. El problema, el grandísimo problema, es que en un equipo ya cargado de faltas por aquellos momentos, supuso la eliminación de Nikola Mirotic y Felipe Reyes. Ese fue el problema… luego vino el drama, con Lorbek tirando a fallar el segundo tiro en la segunda ocasión, el rebote de Tomic, su asistencia al esloveno trasunto de John Cleese, y la canasta de éste. Segunda prórroga que el Barcelona no dejaría escapar ante un Madrid ya agotado, deshecho, y sobre todo mermado en su juego interior. Nos quedamos sin saber que hubiera pasado si Laso hubiera ordenado defensa sobre un triple final frente a un equipo azulgrana que finalizó el choque con 4 de 22 desde más allá del 6.75 (un pobre 18%) Y desde luego, no vamos a señalar a Laso por esa decisión, como no lo hicimos con Plaza cuando ordenó lo contrario. Lo bonito de esto precisamente es que no hay una verdad absoluta, pese a que muchos la quieran tener (y a Laso, como a Plaza en su día, le estaban esperando con el cuchillo afilado y muchos que llevan toda la temporada callados viendo victoria tras victoria del equipo blanco… o mejor dicho, leyendo, porque dudo que hasta vean habitualmente baloncesto, ahora sin el mínimo pudor apuntan con el dedo a nuestro entrenador que nos está conduciendo a un 90% de victorias esta temporada) Lo cierto es que Madrid y Barcelona volvieron a regalarnos un partidazo y a demostrar que son los dos grandes de nuestro basket. Como madridista, ha sido una pequeña decepción quedarnos eliminados en el primer partido de la Copa, pero la campaña sigue siendo excepcional y ahora hay que confiar en que la rabia que debió sentir ese vestuario tras la derrota y ver escapar un título del que eran vigentes campeones, sea encauzada positivamente de cara a la Liga y Europa. El Madrid también demostró tener corazón de campeón en este partido.   


Una batalla colosal


Evidentemente el listón dejado por el primer choque era tan alto que muy difícilmente el resto de encuentros iban a concitar la misma atención. A partir de ahí una serie de duelos en los que en cierta manera se cumplió la lógica. Esa que habla de presupuestos, los cuales permiten longitud de rotaciones de las cuales otros equipos no pueden disponer. El Cai Zaragoza le duró medio partido al anfitrión Caja Laboral. Incluso al descanso los maños mandaban en el marcador (40-41) En el tercer cuarto un parcial de 19-2 liderado por un eléctrico Thomas Heurtel echó por tierra las aspiraciones zaragozanas, haciendo inútil el partidazo de Pablo Aguilar (otro que debería entrar en las quinielas para la selección este verano si finalmente hay las ilustres bajas que se prevén) El jugador que más tiempo dispuso en cancha Zan Tabak fue Nemanja Bjelica con 27 minutos. Otros puntales baskonistas como Nocioni y Lampe contaron con 21 minutos. San Emeterio ni llegó a los 20. La ventaja del fondo de armario. 

La jornada del viernes parecía la del lado “débil” del cuadro, y precisamente por eso había expectación por ver si llegaba alguna sorpresa. No dejó opción el Valencia Basket frente a un Estudiantes sin English y con Kirksay tocado. A diferencia del Cai Zaragoza, los colegiales ni siquiera fueron capaces de plantar cara de salida, y así los taronja se dieron un festín con un inmenso Faverani como protagonista. El pívot brasileño es uno de los jugadores que sale más reforzado de la Copa. Ya avisamos que este podía ser su año. Su progresión sigue siendo notable, pese a su parón por lesión esta temporada. Al igual que Tabak con el Caja Laboral, Perasovic pudo dosificar sin problemas a sus jugadores (Ribas, 27 minutos, el más utilizado) A descansar y pensar en las semifinales. Unas semifinales donde se encontrarían contra pronóstico con el Herbalife Gran Canaria. El equipo de Pedro Martínez dio la sorpresa positiva cargándose al Uxue Bilbao. O quizás no tanto si tenemos en cuenta que los canarios llegaban a la cita como cabezas de serie y en estos momentos son terceros en la clasificación de la Liga Endesa. No obstante hablamos de dejar en la cuneta a un equipo que jugaba al lado de casa, con mayor presupuesto, y con jugadores curtidos en mil batallas de este tipo (Raúl López, Hervelle, Mumbrú, Zisis…) Hasta en siete ocasiones había llegado a esta cita el “club milagro” de nuestro baloncesto (su capacidad para mantenerse año tras año reinventándose sin perder competitividad es digna de elogio) pero nunca había cruzado el Rubicón del partido de cuartos. Por fin se dieron el gustazo, con un Xavi Rey descomunal dejando claro que ya se encuentra restablecido de su lesión y demostrando porque los mismísimos Memphis Grizzlies le invitaron este verano a disputar la Summer League de Las Vegas (donde precisamente sufrió su luxación de hombro) La primera victoria del club insular en una fase final de la Copa del Rey es otro de los buenos detalles que nos deja la edición de Vitoria.  


La Copa de Rey. Luxación olvidada.


Las semifinales seguían dando la sensación de demasiada diferencia entre un lado “fuerte” y otro “débil” del cuadro. El Barcelona, tras tumbar al fortísimo líder de la Liga Endesa se las veía con el segundo clasificado. Un Caja Laboral de dulce desde que Josean Querejeta consideró que el ciclo de Ivanovic estaba finiquitado y confió en un primerizo Zan Tabak (que importante es para los nuevos entrenadores que se les de confianza), jugando como local y con el público a favor, pondría a prueba a los azulgrana y su desgaste frente al Real Madrid. Pero el Barcelona guardaba un buen recuerdo de su más reciente visita al Buesa Arena. Y es que tan sólo hace unas semanas, en la quinta jornada del Top 16 de Euroliga, los de Pascual vencían en el mismo escenario, cortando una impresionante racha de 17 victorias consecutivas de los baskonistas. Lo hacían además por la misma diferencia con la que les hicieron sucumbir en las semifinales de Copa, once puntos. El partido fue intenso e igualado y parecía abocarse a otro final casi tan dramático como el del primer partido de cuartos entre madridistas y blaugranas, pero esa pequeña diferencia que marcan Real Madrid y Barcelona frente a un equipo como el Caja Laboral se demuestra en que no perdonan tus fallos. Si bajas en un solo instante los brazos dentro de los 40 minutos del choque estás perdido. Y esa diferencia a veces tiene nombre y apellidos: Juan Carlos Navarro. El capitán barcelonista llegaba a la cita sin estar al 100%, pero todos sabíamos que en algún momento del fin de semana iba a aparecer. El genial escolta comenzó a soltar la muñeca al comenzar un último cuarto que los azulgrana iniciaban por debajo en el marcador (57-55) Un parcial de 0-16, con los de Pascual recuperando su mejor versión defensiva más la inspiración del citado Navarro, Huertas y un Lorbek irregular pero decisivo en el tramo final, hicieron morder la lona a un batallador pero insuficiente Caja Laboral. Juan Carlos Navarro, ese hombre al que no le caben más títulos en sus vitrinas y que parece no cansarse nunca de ganar, se convertía además en el máximo triplista histórico de la Copa. Corazón de campeón, corazón de capitán. 

Había curiosidad por ver si el Gran Canaria sería capaz de escalar un poco más en esta Copa a costa de un equipo un peldaño por encima del Bilbao como puede ser el Valencia de Perasovic. No fue así. Durante los 40 minutos de partido el conjunto taronja mandó en el marcador. Doellman imperial. Faverani, sin llegar al nivel de cuartos, de nuevo muy bien. Lischuck valorando mucho en muy poco tiempo. Con ese nivel interior, poco importaba el gris partido de una de las sensaciones de la liga, el joven pívot montenegrino de muñeca de seda Bojan Dubljevic. Por fuera San Miguel, Rafa Martínez, Pau Ribas y Markovic formaban un cuarteto sobrio y sólido. Sin alardes, pero con mucha seguridad. Marca de la casa Perasovic. Con Xavi Rey siendo una sombra del jugador de un día antes, Spencer Nelson, que menuda temporada la suya, si mostró su mejor cara. Insuficiente, muy insuficiente ante un equipo tan coral como este Valencia.   


Faverani, uno de los destacados de la Copa.


De modo que ya teníamos final. Con dos entrenadores muy preocupados por el aspecto defensivo, muy tácticos, y muy hábiles a la hora de dosificar a sus jugadores y repartir roles. Favorito, sin duda, el Barcelona, cuya escalada hacia la cima de la Copa casi parecía un descenso. Después del colosal y dramático partido frente al Real Madrid y de tener que deshacerse de los anfitriones, el Valencia parecía posiblemente su rival más asequible dentro del trienio de partidos al que se tuvo que enfrentar en esta competición. La final comenzó como tantas finales que hemos presenciado en el baloncesto de los últimos tiempos. Minutos de tanteo, demasiado control, defensas imponiéndose sobre los ataques, nadie sin querer atreverse a dar un paso adelante. En definitiva, un partido poco atractivo al que sólo salvaba la emoción del premio en juego. Sólo la fantasía de Huertas (magnífico toda la Copa, y en especial su conexión con Jawai) fue capaz de dejarnos algún que otro highlight. Que diferencia con la briosa final del pasado año. Aún así es de agradecer la intensidad mostrada por el Valencia, sobre todo atrás (4 tapones en el primer cuarto), que les mantuvo con vida durante la primera parte. Faverani y Doellman opositando tímidamente a MVP en caso de que la victoria hubiera caído de lado taronja, y poco más. El Barcelona, que a la hora de jugarse títulos no baja los brazos durante 40 minutos, se empezó a soltar en el tercer cuarto para empezar a tomar ventajas considerables entre 8 y 10 puntos. Ventajas muy importantes tratándose de un partido tan controlado. Con 9 arriba empezando el último parcial, los últimos 10 minutos fueron un festín azulgrana ante un rival que trataba en vano a reengancharse a un partido que ya se les había ido. El desequilibrante Mickeal completó la fiesta llevándose un MVP que demuestra que hay muy pocos jugadores capaces de neutralizarle en nuestro baloncesto (uno de ellos, Nocioni, como demostró en semifinales), y su figura hay que considerarla como otro acierto dentro de este paciente Barcelona que ha tratado durante años de mantener una continuidad que ha sido clave para la llegada de tanto éxito conjunto. En el caso de Mickeal hablamos de un jugador próximo a cumplir los 35 años y que padeció hace dos años un serio problema sanitario con un tromboembolismo pulmonar. Muchos quizás pensasen que a su edad y con ese tipo de problemas deberían haberle enseñado la puerta de salida, pero desde la directiva azulgrana se siguió apostando por él como alero alto determinante y el jugador sigue dando títulos a su equipo. Como se los sigue dando un entrenador cuya cabeza ha sido pedida en bandeja de plata por ese tipo de aficionados impacientes que exige limpiezas inmediatas y empezar de cero en los malos momentos. O como se los sigue dando ese capitán ejemplar que aparece en los momentos delicados, y que aún estando en baja forma física sabe jugar con cabeza, buscar a sus compañeros, o animar desde el banquillo, porque le importan más los títulos colectivos que los individuales. Todos ellos han vuelto a demostrar, una vez más, que si hay algo que define al actual Barcelona de Xavi Pascual es su indomable corazón de campeón.   


Pascual agranda su leyenda


Hay que felicitar también, y eso personalmente nos llena de orgullo dado nuestro madridismo, los pequeños corazones de campeones de los chavales del Real Madrid que se han llevado la Minicopa en lo que casi ha sido un paseo militar, guiados por un talentoso jugador esloveno de trece años llamado Luka Doncic nacido en una de las ciudades históricas de este deporte como es Ljubljana, con sus 25 puntos y 33 de valoración en la final contra el Barcelona, al que derrotaron por 24 puntos. Comenzaron el torneo ganando por nada menos que70 puntos al Valencia (119-49), con 44 de valoración de Doncic. Al Bilbao le cayeron 65 de diferencia (108-43), y para llegar a la final arrollaron al Gran Canaria por 42 (91-39) Cuatro victorias con una media de 50 puntos de diferencia. Apoteósico. Sus exhibiciones han sido de tal calibre que han hecho recordar a las protagonizadas por el mismísimo Ricky Rubio en la edición de 2004, cuando el genio de El Masnou contando con 14 años arrasaba en la competición llevando al Joventut a la victoria y promediando 31,1 de valoración por partido. Ahora sólo falta que en el Madrid alguien tenga la valentía de apostar por él más pronto que tarde como hizo Aito con Ricky haciéndole debutar en ACB tan sólo dos años después de deslumbrar en la Minicopa.    


Minicopa, pero máxima alegría.



martes, 25 de septiembre de 2012

CINCUENTA NOMBRES PARA LA LIGA ENDESA:ALEROS


PETE MICKEAL  (REGAL BARCELONA/34 AÑOS/1.99) Puede parecer una osadía encabezar esta actualización sobre mis aleros escogidos para la presente temporada con un Pete Mickeal que en Supercopa volvió a ser superado por un gran Carlos Suárez y que parece que a sus 34 años ha de admitir la contundencia del paso del tiempo. Pero que me aspen (con cuidado, eso sí) si no estamos hablando del mejor 3 de la ACB en los últimos años y dominador absoluto en su posición. Desde que llegase a mediados de la pasada década al Breogán de Lugo ha sido un coleccionista de títulos y distinciones individuales vistiendo las camisetas baskonitas y azulgranas. Rabaseda viene pegando fuerte por detrás (excelente noticia), pero el gen competitivo del de Rock Island le sigue haciendo fundamental para un Barcelona que quiere seguir siendo un equipo ganador.

CARLOS SUAREZ (REAL MADRID/26 AÑOS/2.03) Su actual etapa madridista sigue sin ser suficientemente valorada por quienes sólo miran la fría estadística, pero la realidad es que es una pieza clave en el equipo de Pablo Laso. Tan fundamental que de hecho  es un jugador diferente en la plantilla. El único alero alto del conjunto blanco. Defensa y trabajo sucio unido a esporádicas apariciones en ataque, bien desde el 6.75 o posteando (donde puede sacar más provecho), fundamental que solucione su desencuentro con la FEB de cara al próximo Europeo donde las previsibles ausencias de algunos líderes de la selección pueden hacer que sus servicios sean requeridos. 

El duelo individual hoy día más caliente en nuestra liga.


TARIQ KIRKSAY (ESTUDIANTES/33 AÑOS/1.99) Una debilidad personal. El alero del Bronx es uno de esos jugadores que yo siempre querría tener en mi equipo. Posiblemente el alero más completo en la ACB hoy día. Trabaja en ambos lados de la cancha, buen defensor,  hábil en el robo y difícil de superar en el uno contra uno. Discreto tirador, pero siempre cumple en ataque. Lo dicho, un todo terreno. No es de extrañar que fuera Joan Plaza, un entrenador obsesionado con el sacrificio colectivo, quien lo descubriera para nuestro baloncesto. 

FERNANDO SAN EMETERIO (CAJA LABORAL/28 AÑOS/1.99) Con las marchas de Prigioni y Teletovic a la NBA, el alero cántabro se erige como líder claro (si no lo era ya) del conjunto de Ivanovic. Quinta temporada ya con una camiseta que le ha visto llegar a la internacionalidad absoluta y convertirse en referente de nuestro baloncesto. Afronta los mejores años para un baloncestista a partir de ahora, por lo que hay que esperar que no sólo siga siendo uno de los mejores en su puesto, si no que incluso le veamos mejores prestaciones.  

Un equipo a sus espaldas


QYNTEL WOODS (LAGUN ARO GBC/31 AÑOS/2.03) Este jugador nacido en Memphis es uno de esos tipos que parecía predestinado a ser una auténtica estrella de este deporte, y sólo su mala cabeza y escasa profesionalidad le ha condenado a un segundo plano. Estrella universitaria aunque en colleges menores (Moberly y Northeast Mississippi), se destapó como un auténtico killer (32.3 ptos y 10 rebs por partido en su último año NCAA) con indudable proyección NBA. Elegido en primera ronda con el número 21 por Portland en el draft de 2002, en el club de Oregon fue uno de esos jugadores residuales esperando una oportunidad que no llegaba, hasta que los problemas extradeportivos (maltrato de animales) no tardaron en hacer acto de presencia y tras varios movimientos (Miami, Boston) recaló en los Knicks donde realizó su mejor temporada NBA a las órdenes de Larry Brown (6.7 puntos y 3.9 rebotes, 16 partidos titular... pero es que en New York siempre pasan cosas raras y todo el mundo tiene su momento de gloria) Sin haber triunfado en la mejor liga del mundo, parecía que Woods si podría ser un jugador de hacer gran carrera en Europa, competir a gran nivel y ganar títulos. De modo que el poderoso Olympiacos apostó por él como una de las piezas angulares para un equipo aspirante a todo... hasta que esta vez fue la marihuana la que le metió en problemas. Apartado del equipo griego, fue un trotamundos del basket FIBA (Italia, Polonia, Rusia), y ahora le llega la oportunidad de debutar en la mejor liga de Europa donde tratará de hacer olvidar a jugadores fundamentales el pasado año como Vidal o Panko. Sus condiciones son de estrella, pero lo mismo hablamos de un posible MVP de la temporada regular, como de un jugador que sea cortado al primer mes de competición. Esperemos que sea lo primero.  

Iba para estrella y acabó estrellado


ANDRES NOCIONI (CAJA LABORAL/32 AÑOS/2.03) Uno de los grandes nombres de la irrepetible “generación dorada” argentina, descubierto por el Baskonia y traído a nuestro baloncesto cuando era un veinteañero, y que no acabó de explotar en la NBA como se esperaba por sus condiciones. La temporada pasada ya volvió a su “casa” ACB, muy al final de la temporada y con algún problema físico. Sólo disputó 12 partidos en un retorno un tanto agridulce. Seguro que tiene ganas de quitarse la espina y volver a ser un ídolo en el Buesa Arena.
El Chapu se queda, Pablo se va.

KOSTAS VASILEIADIS (GESCRAP BILBAO/28 AÑOS/2.00) Un pistolero de gatillo fácil acostumbrado a rendir desde el banquillo. De los jugadores con mayor producción en relación minutos/puntos (de hecho fue el máximo anotador de "los hombres de negro" la pasada temporada), aunque abusa del lanzamiento exterior (55 de 184 en triples la pasada campaña) Lo lógico es que vaya ganándole terreno poco a poco al gran Alex Mumbrú, quien posiblemente debiera estar aquí por delante del griego. ¿La razón?, por el catalán ya apostamos la pasada temporada, y ya saben, renovarse… o renovarse. 


MARKO KESELJ (VALENCIA BASKET/24 AÑOS/2.08) Otra ilustre incorporación a nuestro baloncesto, de sobra conocido por el aficionado español a pesar de su juventud gracias a, o mejor dicho desgraciadamente por, entre otras cosas sus 5 triples de 6 intentos frente a nuestra selección en el pasado Mundial de Turquía. Tuvo un breve paso por nuestra liga de la mano de Svetislav Pesic en el Akasvayu Girona cuando contaba tan sólo con 18 años, y llega “rebotado” de un Olympiacos en el que no ha acabado de explotar. Mucho más potencial que el que ha demostrado hasta la fecha. Su gran virtud: la polivalencia.
Marko, on fire


BRAD NEWLEY (HERBALIFE GRAN CANARIA/27 AÑOS/1.99) A este alero australiano ya lo vimos a mediados de la pasada temporada en Valencia, donde se mostró como un jugador completo, agresivo, físico, discreto en el tiro… en definitiva un jugador de equipo. Ejemplifica el actual y voluntarioso baloncesto australiano, con quienes realizó un buen torneo olímpico este verano, por detrás de las estrellas Mills, Andersen e Ingles. Tanto es así que finalizó tercer máximo reboteador, cuarto máximo anotador y cuarto mejor asistente de su selección, lo que da una idea de su capacidad para producir en distintas facetas del juego.

XAVI RABASEDA (REGAL BARCELONA/23 AÑOS/1.96) Y si abríamos esta entrada con Pete Mickeal, cerrémosla con su “back up” en el conjunto de Xavi Pascual. Rabaseda es un claro ejemplo de la tendencia en nuestro baloncesto a obtener mayor talento en posiciones exteriores que interiores, es una cuestión prácticamente genética. Recuerdo cuando el nombre de Xavi Rabaseda comenzó a dejarse oír como el de uno de nuestros “prospects” más brillantes como un chico que jugaba por dentro de la zona y su puesto natural era el de cuatro. Finalmente ha tenido que evolucionar hasta escolta/alero, donde cada vez es mejor jugador gracias a una enorme agresividad y fiereza defensiva y mucho descaro en ataque. En un Barcelona que ha de tratar con mimo y cuidada dosificación a jugadores como Mickeal y Navarro, y con un Abrines aún más verde que Bruce Banner cabreado, Rabaseda (junto a un Ingles que apunta sin duda también a gran temporada) puede ser el arma ideal de la que eche mano Pascual cuando necesite agresividad, electricidad y fuego de combate por fuera. Uno de los posibles candidatos a “jugador más mejorado” de la temporada.        
Xavi, llamando a la puerta.    

lunes, 24 de septiembre de 2012

EXALTACIÓN


EQUIPO



Ya tenemos el primer campeón del primer título en juego de la temporada 2012-13. El Real Madrid se toma cumplida revancha de la última final ACB, y de la propia final de la Supercopa del pasado año. Como ya sabrán en este blog nunca hemos ocultado nuestros colores, nuestro madridismo irredento (por mucho número de lectores que nos haga perder tal confesión realizada desde el nacimiento de esta página), por lo que comprendan que esta entrada la realicemos desde el subjetivo prisma del equipo de Pablo Laso. Ya habrá tiempo de hablar de otros clubes, especialmente el Barcelona, a cuyos seguidores les pediría paciencia y mesura después de la derrota. Seguirán estando arriba y no deben hacer juicios precipitados. 

Pero por muy madridistas que seamos, ante todo somos amantes del baloncesto, y ese amor y pasión por el deporte más bello y espectacular jamás conocido es lo que intentamos transmitir desde estas líneas. Por eso creemos que la final de ayer fue, una vez más y como viene sucediendo últimamente cada vez que se enfrentan estos dos equipos, un triunfo rotundo del baloncesto a su mejor nivel. Una exaltación del juego llevado a un escenario donde no puede caber el miedo al fallo ni la especulación con el luminoso. A tiro limpio, para deleite del aficionado. No cabe duda de que el joven seguidor que haya visto un partido como el de ayer habrá visto reforzado su primaveral amor por este deporte, pero los que tenemos ya una edad, encuentros como ayer casi nos hacen brotar la lágrima si recordamos como aún no hace demasiado tiempo un buen puñado de entrenadores rácanos y unas peligrosas tendencias resultadistas marcando la moda a seguir nos condenaban a partidos donde el ladrillo aplastaba la seda, los puntos llegaban con cuentagotas, los bases amasaban el balón segundos y segundos sin que nada relevante sucediera, el pase no fluía, y nadie se atrevía a echarse una carrera a la canasta contraria por miedo a convertirse en el favorito objeto de las iras desde el banquillo. Evidentemente estos partidos, estas finales, también conocían un ganador, un capitán que levantase la copa en juego, y un entrenador (muy a menudo con apellido acabado en -ic) que salía reforzado y se nos seguía vendiendo como paradigma del ganador y del coleccionista de títulos, capaz de ganar cualquier título en cualquier club en cualquier lugar del mundo, aún a costa de secuestrar el juego, porque habíamos transformado el baloncesto en eso, en un juego donde para ganar más que expresar y desarrollar tu talento sobre la pista se trataba de anular el del rival, y destruir, evidentemente, es mucho más sencillo que crear.  

A esto nos condenaban hasta poco a los aficionados.Marcador definitivo del  Benetton-Limoges, final de Euroliga a principios de los 90. 


Todo aquello parece ya felizmente olvidado, un mal recuerdo, una pesadilla pasada. Y en parte el gran responsable es Pablo Laso, quien desde el principio imprimió un carácter en cierta manera heredado de su época como jugador, cuando era uno de los bases más vertiginosos de nuestro baloncesto (y recuerden que estamos hablando del máximo asistente histórico de la ACB), un estilo de juego de ritmo alto y posesiones cortas, en el que el objetivo es atacar antes de que la defensa rival esté formada por mucho riesgo que ello conlleve. Y el estilo, se ha demostrado, funciona. De momento en competiciones oficiales cuatro finales y dos títulos. La única espina clavada puede ser en Euroliga (que aún así se concluye con un buen balance 12-4 y quedamos fuera por la lamentable bajada de brazos frente al Bilbao Basket que nos condena a perder el average con los vizcaínos quienes finalmente si pasan de ronda) Gracias de nuevo, don Pablo, por habernos traído de vuelta el baloncesto bajo estos parámetros de espectáculo. Ya ni recuerdo cuantas veces te las hemos dado desde aquí, y espero que esta no sea la última. 

Y vayamos al torneo en sí. Por mucho que se trate de un torneo menor, y que no permite sacar demasiadas conclusiones debido al momento de la temporada en que se lleva a cabo, creo que es un torneo bonito, con una buena cobertura mediática, y que además nos ha traído el feliz regreso a los micrófonos del gran Manel Comas. Una especie de fiesta de bienvenida a la nueva temporada, el primer baile del nuevo curso, un reencuentro entre los viejos y conocidos alumnos, que reciben con los brazos abiertos a los recién llegados, y observan atónitos el regreso de alguno que les dejó hace años y vuelve con más ganas de bailar con ellos que nunca (Rudy Fernández) Por otro lado este torneo era un muro con el que Madrid se chocaba en los últimos años y no había sido capaz de llevárselo a las vitrinas dentro de este actual formato. De modo que para mí esto es un título con todas las letras y otro triunfo de Laso y su apuesta. En lo individual Rudy Fernández confirma su firme liderazgo con Mirotic de brillante escudero. Ambos jugadores resultaron fundamentales y diferenciales para llevarse el título. El hispano-montenegrino fue el mejor y más constante en semifinales frente al CAI Zaragoza, en un partido donde Rudy estuvo discreto, en un segundo plano, y se permitió el lujo de abusar del tiro exterior sin buena selección en unos momentos en los que la ventaja era realmente amplia. Una ventaja a la que se llegó gracias a un gran tercer cuarto con Sergio Rodríguez y precisamente Rudy llevando el mando y con Slaughter apuntándose a la fiesta gracias a su sociedad con el Chacho. Pero Rudy es de esos jugadores que no ofrece dudas, puede fallar dos triples seguidos en una semifinal cuando vas 15 arriba, pero en la final del día siguiente deja claro su rol desde el primer momento anotando sus dos primeros lanzamientos desde la distancia en apenas dos minutos. La final del Madrid fue prodigiosa y hay que sumarla a la al menos decena de partidos de guardar en videoteca que realizó el equipo de Laso la pasada temporada. 95 puntos, abriendo y cerrando con 30 puntos por cuarto en los primer y último parciales. En este inagotable torrente ofensivo hay que destacar también el nombre propio de Jaycee Carroll, apareciendo como jugador de rotación y siendo capaz de dejar una tarjeta de visita en el partido casi paranormal. 17 puntos... ¡en 17 minutos! Pocos jugadores pueden sentirse más favorecidos del estilo propuesto por Laso que el genial escolta de Laramie, capaz de dinamitar cualquier defensa rival con un simple escorzo, una finta o su capacidad para armar el brazo tras bloqueo. Con posesiones en algunos momentos por debajo de los diez segundos resulta comprensible el alcanzar producciones ofensivas como las de Carroll, siendo capaz de anotar a punto por minuto. Recordemos que en la pasada final de Copa del Rey este mismo jugador y frente al mismo rival llevó sus excelencias ofensivas al máximo nivel y hasta el límite de lo humanamente posible siendo capaz de anotar 22 puntos en un periodo de 12 minutos. Si al bueno de Vinnie Johnson, a quien recordarán sin duda los seguidores de los Detroit Pistons, lo apodaban con acierto "el microondas" por su facilidad para producir en cuanto ponía un pie en pista por mucho que se hubiera "enfriado" en el banquillo, no encuentro que calificativo pudiera recibir el pistolero mormón.    

Rudy ya gana títulos, individuales y colectivos.


Lo cierto es que a día de hoy, por mucho que a algún jurásico anclado en el baloncesto de hace 30 años le cueste reconocerlo, las rotaciones son fundamentales. La filosofía de entrenadores que han hecho grande nuestro basket en los últimos años, tal es el caso de García Reneses, Pepu Hernández, Joan Plaza o Xavi Pascual, se basa en una intensidad de juego en la que es necesario que todo jugador dé el 100% una vez en pista, y evidentemente dar el 100% durante 40 minutos seguidos parece imposible para el cuerpo y la mente humana. Por ello y en busca del rendimiento colectivo y el mejor juego coral posible, un partido del nivel como la final presenciada ayer ha de disponer de diversos protagonistas que aparecen y desaparecen de escena constantemente. Cuantos más actores tenga la obra, y más brillantes sean sus líneas de diálogo, mayor disfrute para el espectador. 

En ese sentido sin duda el Barcelona hubiera necesitado de una mayor aportación de Lorbek, un tanto decepcionante y quien pareció querer anularse con Mirotic a la baja. Si digo a la baja es porque soy de los que opina que hablamos de los dos mejores “cuatros” de Europa hoy día, y un duelo que concluye con 14 puntos y 3 rebotes por parte del esloveno, y 11 tantos y 4 rechaces por lado del madridista, creo que podemos calificarlo de discreto. Excelente Ingles como referente ofensivo por la baja de Navarro (a la que con gran dolor de corazón, debemos admitir que nos vamos a tener que ir acostumbrado bastante a partir de ahora… si Navarro quiere prolongar su carrera va a empezar a tener que estar, como se suele decir, “entre algodones”), y bien Rabaseda  compensando el mal partido de un Mickeal al que definitivamente Carlos Suárez le ha tomado la medida. Huertas brilló en ataque pese a su mal día en el tiro gracias a sus espectaculares conexiones de tradicional pick&roll con Jawai, y con Sada en pista el Madrid vivió sus peores minutos y su mayor colapso ofensivo (segundo cuarto) Tomic y Slaughter por su parte se diluyeron en la tensión de su duelo posiblemente sabedores de que era un partido en el que iban a sentirse estrechamente observados por la audiencia. El pívot que deja el Madrid para fichar por el máximo rival frente al único fichaje interior (por el momento) del equipo blanco hasta la fecha. Un equipo blanco que compensa su escaso poder interior (Begic también flojito ayer) con un endiablado ritmo de juego gracias a la batuta de los dos sergios. El Chacho, con sus intermitencias y despistes, aún así fue una vez más el jugador de cuyas manos salió el mejor juego blanco y las acciones más brillantes. Llull, más constante, fue un martillo pilón en ataque que no dudó en irse hacía el aro rival en cada ocasión que vio campo abierto. Draper comprendió ayer la triste realidad de su rol de tercer base, con los dos internacionales absolutos por España imprimiendo este tipo de juego, su papel parece que no pueda ir más allá de un especialista para partidos en los que el equipo se vea obligado a posesiones largas y ataques de cinco contra cinco. Mala noticia para el pequeño Dontaye, pero buena para los aficionados. El Madrid no renuncia a su estilo de la temporada pasada.   

Pese a todo esto, y como parte de un masoquismo intrínsecamente madridista, uno ve con cierta desolación como la que es la propuesta más atractiva en muchísimo tiempo y una de nuestras plantillas más ilusionantes en varios años, no acaba de convencer al común del aficionado ni se valora como debiera. El madridista nunca está contento con lo que tiene. En este club (y hablo sólo en el tema baloncestístico) se lleva años pidiendo la cabeza de Felipe Reyes (ayer nuevamente notable en el aporte colectivo), de Sergio Rodríguez se decía que se le había olvidado jugar al baloncesto con 25 años, que Carlos Suárez (enorme trabajo ayer con nada menos que Pete Mickeal) no tiene nivel para este club (¿pero alguien se para realmente a fijarse todo lo que aporta el alero de Aranjuez en rebote, defensa, trabajo sucio, etc?)… el público se levanta de sus asientos cada vez que Llull culmina una de esas jugadas de “Llull contra el mundo” pero le machaca sin piedad cuando ese mismo arrojo le lleva al fallo. Por mucho que un jugador como Marti Pocius sea el héroe en todo un Palau Blaugrana, a los dos días vuelve a la realidad de que es otro de los jugadores “sin nivel” dentro de esta plantilla que algunos piensan que ha confeccionado un mono borracho (que miren la del primer año de Messina, aquello era estar de ácido directamente para configurar un roster como aquel), con unos directivos que no tienen ni idea, y por supuesto, un entrenador de perfil bajo, ¡y encima español! Allá pues quien no quiera, o no sepa, disfrutar esto, y se lo despache con un “son muy malos pero el Barça es peor… Laso es un desastre pero Pascual lo es más”, como si no pudieran concebir un baloncesto de tanta pureza e inocencia ofensiva, un espectáculo mágico en busca de la diversión y felicidad, y este deporte tuviera que ser un indescifrable y complicado galimatías con enrevesadísimas tácticas que no hacen si no embrutecer el talento natural de muchos jugadores. Ellos se lo pierden, porque la realidad indica que estamos ante un Madrid brillante en el que todos valen, todos cuentan y todos suman. Las estrellas y los obreros. Los que la clavan desde fuera y los que se parten la cara en el rebote. Los que miran el aro rival compulsivamente, y los que siempre tienen en mente la búsqueda del compañero. Los que juegan 35 minutos, y los que juegan 5. En definitiva, el Madrid de Laso. El Madrid de los buenos tiempos… esos que están de vuelta. 

Y ahora llega Hettsheimer, para seguir sumando.

We're a happy family

viernes, 7 de octubre de 2011

CINCUENTA NOMBRES PARA LA LIGA ENDESA (III)

Y llegamos a los aleros, donde encontramos mucho nombre ilustre, sobre todo nacional, lo cual nos congratula enormemente, y algún que otro fichaje de relumbrón. Buena cosecha se prevee en las alas esta temporada.  



Pete Mickeal (Barcelona, 33 años, 1.99) Una pantera negra anda suelta por la Ciudad Condal. Con la espléndida madurez de sus 33 años, Mickeal afronta esta temporada con más hambre que nunca, tras un año desafortunado en el que una serie de problemas pulmonares le han tenido alejado de las canchas. En un ganador como él eso sólo puede hacerle más fuerte. Su mirada sigue metiendo tanto miedo como la de Robert Parish. 

Andy Panko (Lagun Aro GBC, 33 años, 2.03) El alero que más rebotea de nuestra liga encara su quinta temporada en Gipuzkoa en un club al que ayudó a subir a la ACB hace cuatro temporadas y al que ha contribuido a su consolidación en la elite. Jugador todoterreno que aporta en todas las facetas del juego.  

Feliz en Gipuzkoa


Carlos Suárez (Real Madrid, 25 años, 2.03) La segunda temporada en el Real Madrid debe ser la revalida para el de Aranjuez que le confirme como el alero que todos creemos que puede llegar a ser. Cierto es que su llegada al club de Chamartín fue positiva, pero su juego se fue diluyendo según pasaban los meses. Es inadmisible que un jugador de sus características siga lanzando más de tres que de dos. Debe empezar a sacar rendimiento a su juego al poste, donde pocos aleros pueden defenderle por físico, y convertirse así en mucho más que un tirador. Seguirá aportando en rebote e intangibles, por otro lado. 

Fernando San Emeterio (Caja Laboral, 27 años, 1.99) El actual MVP de la liga regular, se ha convertido por derecho propio en el líder de uno de los equipos aspirantes al título. Consolidado también como internacional, lo lógico es que siga siendo el jugador más utilizado por Ivanovic, el que más minutos dispute, y por tanto, quien más produzca (jugadores del Supermanager, ya saben) 

Chuck Eidson (Barcelona, 30 años, 2.02) Uno de los fichajes con mayor relumbrón esta temporada es el de este alero que en unos días cumplirá 31 años. Jugador total, capaz de jugar en las tres posiciones exteriores, le hemos visto jugar hasta de base. MVP de la Eurocup hace dos años con el Lietuvos Rytas y confirmado como uno de los mejores treses del baloncesto FIBA tras su paso por Tel Aviv en las filas del Maccabi. No cabe duda, otro acierto de Creus, que hace aún más favorito al Barcelona.   

Estos no dan puntada sin hilo.


Victor Claver (Power Electronics Valencia, 23 años, 2.07) El jugador franquicia del Valencia necesita una temporada entera sin lesiones para dar el paso definitivo en su progresión. La temporada pasada ya llegó a nada menos que 13 de valoración media en sus partidos de liga regular (superando claramente a jugadores mucho más mediáticos como, por ejemplo Sergio Llull) Sigue siendo un valor seguro del que es injusto desconfiar.    

Rihards Kuksiks (Power Electronics Valencia, 23 años, 1.98) Este letón de muñeca de oro ha sido una de las revelaciones del pasado Eurobasket, donde dejó una escalofriante tarjeta de 18 triples convertidos en 31 aciertos. Una pasada. Esta será su primera experiencia profesional europea tras cumplir su ciclo de cuatro años en la NCAA. Tendrá por delante a Claver como tres titular, y será una referencia secundaria al lado de tiradores como Rafa Martinez, pero ojo como coja confianza. Puede ser una de las metralletas de la liga. 

Kyle Singler (Lucentum Alicante, 23 años, 2.03) Otro de los fichajes de gran nivel para esta temporada que hace que nos encontremos ante una de las mejores ediciones de nuestra liga. Espectacular alero blanco (y guapo a rabiar, para las féminas) con buena mano y aporte reboteador. Como Kuksiks, también cumplió ciclo de cuatro años NCAA, en la mítica universidad de Duke, con la que consiguió el título en 2010 y fue nombrado mejor jugador del torneo (año que muchos recordarán como el del “milagro” de Butler) Ha sido drafteado este verano por mis queridos y (actualmente) sufridos Detroit Pistons.   

La ambición rubia.

Alex Mumbrú (Bizkaia Bilbao Basket, 32 años, 2.02) Otro de los grandes defenestrados por la llegada del desastroso tandem Messina-Maceiras a la capital de España, tuvo que ir a buscarse las lentejas a Bilbao, donde a base de talento y trabajo se ha convertido en prácticamente el líder del equipo. Baste decir que en rebotes sólo le ha superado Hervelle y ha capturado más rechaces que el resto de pivots bilbaínos, para darse cuenta de la intensidad y honradez con la que está trabajando el alero catalán en la capital vizcaína. Tiro exterior, buen juego al poste, y sacrificio en defensa siguen siendo las señas de identidad de un jugador que prácticamente cualquier entrenador querría tener (excepto algún iluminado) 

Carlos Jiménez (Estudiantes, 35 años, 2.05) Y dejamos para el final al alero que mejor ejemplifica lo que significa el trabajo intangible sobre la cancha. Puro estajanovismo. Decir Carlos Jiménez es decir ACB. Va a comenzar su, nada más y nada menos, que decimoctava temporada en la máxima competición de nuestro baloncesto, y lo hace volviendo a su casa. 600 partidos ACB le contemplan, y lo normal, si no median lesiones, es que acabe la temporada como el quinto jugador con más partidos de la historia. Referente absoluto.      

Recuerdos del pelo largo... bueno, dejémoslo simplemente en recuerdos del pelo.