jueves, 11 de junio de 2015

ROBIN ENTRA EN ESCENA


Ciudadanos de Gotham City, ¡Bat-Man y Robin han vuelto!



En 1940 los padres de Bat-Man, Bob Kane y Bill Finger, junto al dibujante Jerry Robinson, crearon la figura de Robin, a partir de entonces compañero de fatigas del mítico Caballero Oscuro en su lucha contra el crimen. La idea era atraer a un público aún más juvenil (el Robin original contaba con tan solo 12 años), con un personaje que sirviera de contrapunto a la oscuridad del hombre murciélago. Así Robin fue concebido como un fiel escudero inasequible al desaliento incapaz de dejar en la estacada a su mentor y a la vez amigo, con unas características más alegres que el sombrío carácter del frío Bat-Man. La sociedad Bat-Man & Robin ejemplifica perfectamente el subgénero de ficción que en cine recibe el nombre de “buddy movies”, cuyos antecedentes podríamos situar incluso hasta en nuestro Quijote, con su infatigable y bonachón Sancho a su lado, y que actualmente explota el filón de pareja, normalmente policiaca o detectivesca, en la que uno de los protagonistas suele ser un negro lenguaraz que sirve de contrapunto al serio e incorruptible poli blanco. Un ejemplo exitoso de “buddy movie” reciente, aunque en formato televisivo, ha sido el de la serie de la HBO “True Detective”.   

Las finales de la NBA, tan propensas al espectáculo y a lindar en sus acciones con todo tipo de épicas narrativas, ha encontrado su particular “buddy movie” dentro del vestuario de los Cleveland Cavaliers. Y es que quien le iba a decir a LeBron James, después de protagonizar asaltos al anillo con jugadores como Dwyane Wade, Crish Bosh, Kyrie Irving o Kevin Love, que iba a encontrar a su compañero más fiable en un anodino base australiano rechazado en el draft de la NBA y cuya aportación en la cancha está siendo fundamental tanto para el éxito de su equipo como para minar la moral del rival (ambas cuestiones que lógicamente van de la mano, cuando hablamos de unas finales) 

Si la lesión de Kevin Love fue vista con no demasiado desagrado por parte de algunos aficionados, asegurando que sin el californiano los Cavs iban a jugar mejor debido a su indolencia defensiva, su individualismo y su excesiva (para un power-forward) tendencia al lanzamiento exterior, y permitió demostrar la valía de un Tristan Thompson que aún con lo limitado y rudimentario de su juego se presenta como puntal Cavalier por su lucha bajo tableros y en especial por su facilidad para el rebote ofensivo, más sorprendente resulta la reacción del equipo de David Blatt después de perder a su segundo hombre en importancia tras LeBron, el base Kyrie Irving. Cabe preguntarse ahora si con Irving en cancha, por muy capaz que sea de martillear el aro rival, el conjunto de Ohio hubiera sido capaz de poder desquiciar a todo un MVP como un Stephen Curry, cuya frustración en estos dos últimos partidos ha sido evidente y sólo ha encontrado ramalazos de su genio en el último cuarto del Game 3, con 17 puntos anotados en ese periodo en el que su equipo entraba, casualmente, 17 abajo. 

Y es que Matthew Dellavedova se ha convertido en el inesperado protagonista de estas series finales, por encima incluso de un LeBron James lanzado hacia la historia camino de hacer los mejores números jamás vistos en unas finales (40 puntos, 12 rebotes, 8 asistencias, 4 robos y 2 tapones ha sido la tarjeta del tercer partido) Pero lo de King James es una explosión anunciada, el MVP de la temporada habrá sido Curry, pero como dice la canción, “sigue siendo el rey”. Sin embargo Dellavedova, con ese aspecto de universitario recién salido de una “sitcom” de sobremesa, cumple la demanda de una parte del público necesitada de estas historias de cenicientas y patitos feos. Si en el segundo partido de la serie se ganaba al aficionado gracias a su trabajo defensivo ante Curry y una encomiable lucha que le hacía convertirse en el héroe del partido gracias a sus tiros libres después de luchar un rebote ofensivo, una vez trasladadas las series al Quicken Loans de Cleveland su juego alcanza una dimensión aún mayor al mostrarse como eficiente arma ofensiva. De hecho sus 20 puntos, que le situaron como segundo anotador de su equipo por detrás del omnipotente LeBron son la mejor marca anotadora de su carrera en la NBA. No podía haber elegido mejor momento para ello. Cada punto del australiano era jaleado por un pabellón enloquecido con su nuevo ídolo, quien al grito de “¡Delly, Delly, Delly!” dejaba por igual bombas a lo Navarro que triples, o hasta palmeos tras rebote ofensivo. Su sociedad privada con su Bat-Man particular quedaba sellada al servir un escalofriante alley-oop a LeBron para hundir en la miseria a un ya posterizado Klay Thompson. Eran los momentos de la tormenta Cavalier, que llegó a tener una diferencia de 20 puntos (48-68 rozando el final del tercer cuarto), recortada en el acto definitivo por unos Warriors que espoleados por un desesperado Curry llegaron a ponerse a un punto, 80-81 tras un triple del MVP, quien con todo perdido y en modo kamikaze ofreció su mejor juego en el partido.   

Pero las señas de identidad de Dellavedova se mantienen intactas, pese a su nueva y desconocida faceta de anotador. Su brío defensivo, su entrega y lucha por cada balón en el aire o en el suelo y frente a rivales más poderosos físicamente ha contagiado a su equipo y afición, que sigue haciendo frente a las dificultades de las bajas, incluyendo la esporádica de un Iman Shumpert mermado que se retiró dolido tras golpearse con Draymond Green en el primer cuarto, para volver a la cancha entre la ovación de su público. Cleveland ama a sus guerreros, pero parece que lesionarse es la única manera de poder tomar un descanso en este equipo, ya que aún tocado Shumpert se fue a los 32 minutos de juego. Siete menos que un Dellavedova que, al igual que el escolta de Oak Park, acabó en el hospital a consecuencia del trabajo realizado. Ambos jugadores esperan ser de la partida para el cuarto partido, pero el esfuerzo Cavalier comienza a ser sobrehumano.   

Cleveland se coloca con ventaja 2-1 en las finales, pero las casas de apuestas siguen dando como favoritos a los Warriors. Tiene su lógica y todo hace pensar en una remontada californiana, como sucediera en semifinales de conferencia cuando Memphis les ganó dos partidos seguidos y tuvieron que levantar la serie con el factor cancha roto. El principal argumento para pensar en ello es simple y llanamente que son mejor equipo. Steve Kerr parece contar de mejores y más numerosos efectivos, incluso recuperando a un David Lee pletórico en los trece minutos que permaneció en cancha, aportando once puntos (sin fallo en tiros de campo), cuatro rebotes, dos asistencias y un robo. Y ojo a este dato, con un brutal +17 para su equipo en el parcial resultante de su presencia en cancha. Claro que eso ha supuesto el ostracismo para un jugador como Marreese Speights del que Kerr también va a necesitar su aportación.   


Nos sigue pareciendo imposible que en el baloncesto de hoy día se puedan ganar unas series finales de la NBA con una rotación de tan sólo ocho jugadores, que son prácticamente siete ya que Mike Miller ha tenido una participación bastante testimonial. Los números son elocuentes. LeBron permanece en pista 47.3 minutos por partido. Tristan Thompson 43.3. Con Shumpert y Mozgov ya se alcanza cierto rango de normalidad, con sus 43 y 31.3 minutos por partido respectivamente. El heroico Dellavedova “sólo” 30 por partido, pero desde la lesión de Irving son 40.5 en los dos últimos partidos. JR Smith se va a unos 34.6 minutos, más propios de un titular que de un sexto hombre. Demasiada batalla en las piernas. Claro que con Bat-Man y Robin juntos, todo es posible.  

martes, 9 de junio de 2015

LA BALADA DE MATTHEW DELLAVEDOVA



Dellavedova, el currante.



“Solo no puedes, con amigos sí”, nos decían a los felices niños de los 80 desde aquel maravilloso e innovador espacio televisivo llamado La Bola de Cristal. Trasladado al deporte de equipo de alta competición vendría a decir que un hombre solo, aun siendo el mejor jugador del mundo, no puede abrazar el éxito si no reciba ayuda. 

Si nos paramos a pensar en los últimos grandes dominadores de la NBA, los jugadores a los que más veces hemos visto ganar el anillo en los últimos 25 años, los cuales vendrían a ser Michael Jordan, Kobe Bryant y Tim Duncan, vemos que a su lado tenían excepcionales compañeros, saliendo a relucir nombres como los de Horace Grant, Scottie Pippen, Toni Kukoc, Dennis Rodman, Shaquille O’Neal, Derek Fisher, Glen Rice, Lamar Odom, Pau Gasol, David Robinson, Tony Parker, Manu Ginobili o Kawhi Leonard. No es una mala nómina. Ahora compárenlo con lo que tiene alrededor LeBron James actualmente para intentar ganar el anillo y comprenderán hasta qué punto haber arañado una victoria del Oracle Arena para empatar las series finales debe ser considerado una hazaña.   

Las circunstancias obligan a ver el mejor LeBron James si Cleveland quiere tener opciones. La duda es cuanto le aguantará el cuerpo. El de Akron ha permanecido en pista 48 minutos por partido en los encuentros de Oakland. Una salvajada. Como lo son sus números: 41.5 puntos, 12 rebotes y 8.5 asistencias. De play station. Claro que la excesiva dependencia en un solo jugador y el exceso de minutaje lleva por otro lado a verle con los peores porcentajes de tiros de campo en play offs en sus últimas siete temporadas (42,4 %) y los peores porcentajes en triples de su vida en post-temporada (20,7%) Todo pasa por LeBron. De una manera tan evidente que a nadie puede sorprender que haya buscado los dos tiros ganadores antes de la prórroga, fallando ambos y echando por tierra una fama de “clutch player” que le ha hecho equipararse a Michael Jordan al haber alcanzado en la eliminatoria contra los Bulls de Chicago las tres canastas ganadoras que “Air” dejó a lo largo de su carrera en play offs. Claro que a LeBron le sigue faltando hacerlo en una final. Si en el primer partido su tiro lejano frente a Igoudala no parecía la mejor opción (aunque con un tiro similar finiquitó un encuentro ante el mismo rival la pasada temporada jugando en Miami), la penetración de anoche sí parecía una buena decisión y una canasta fácil (fácil para él, claro), dejando un lanzamiento a tablero que en condiciones de mayor frescura es muy posible que hubiera acabado dentro. LeBron no puede llegar a un final de partido con las mismas garantías habiendo descansado dos minutos que diez. 

Lebronismos al margen, si hablábamos de compañeros con los que subir la montaña del anillo para los Cleveland Cavaliers, una figura sobresalió de entre el pelotón de secundarios (que sin Love y sin Irving son todos los demás) para erigirse como inesperado héroe del partido, un auténtico “patito feo” de la NBA con el que nadie contaba pero cuya aportación ha de ser a todas luces fundamental si los de Ohio quieren contar con alguna opción. El base australiano Matthew Dellavedova, errático los apenas nueve minutos que dispuso en el primer partido y motivo de chanzas entre los aficionados al protagonizar la curiosa anécdota de quedarse en el pabellón californiano mientras sus compañeros montaban en el autobús sin reparar en su ausencia, teniendo que cogerse un taxi para llegar al aeropuerto. No hay una anécdota que pueda reflejar mejor lo que significa ser un “cero a la izquierda” dentro de un grupo. Nadie lamenta tu ausencia.   

Dellavedova ni siquiera es una de las grandes estrellas de su selección, donde los focos se los lleva el eléctrico base Patrick Mills, suplente de Tony Parker en San Antonio y campeón NBA la pasada temporada, o la incipiente promesa Dante Exum, jugador de primer año de los Utah Jazz. Jugador nada mediático, su paso por el poco valorado college Saint Mary, de Moraga, hizo que ninguna franquicia NBA se fijase en él. Ni siquiera fue drafteado, y tuvo que ganarse un puesto en la mejor liga de baloncesto del mundo en la liga de verano de Las Vegas, donde convenció al cuerpo técnico de los Cleveland Cavaliers como posible jugador de la rotación más residual.   

Pero el patito feo se puede transformar en cisne, al menos por una noche. De los 9 minutos del primer partido, el australiano pasó a 42 en el segundo, ocupando la titularidad de Kyrie Irving, que no la dirección del juego, la cual, como no, estuvo en manos de un LeBron más multiplicado que nunca. De hecho Dellavedova repartió una sola asistencia en sus 42 minutos en cancha. Habría que tirar de hemeroteca, pero quizás sea la peor cifra para un base titular en un partido de unas series finales. Y sin embargo fue tan decisivo o más que el propio LeBron James. Su actitud defensiva sobre Stephen Curry (5 de 23 en tiros de campo, 2 de 15 en triples, 6 pérdidas de balón) le han valido todo tipo de merecidos elogios, y su garra alcanzó su máxima expresión en la lucha por un rebote ofensivo en el momento decisivo del partido. Con once segundos por disputar y los Cavaliers uno abajo, un James Jones esta vez sí bien aprovechado por David Blatt (8 puntos en 23 minutos) fallaba un lanzamiento triple, y ahí estaba el base australiano para ir a por el rebote con todo su alma, recibiendo en la lucha la falta de Harrison Barnes, y anotando los dos tiros libres definitivos, y convirtiéndose en héroe por un día. 

Todas las finales de la NBA tienen sus pequeñas intrahistorias, y esta es una de ellas, la de un jugador al que sus compañeros abandonan en el pabellón del equipo rival, y a las tres noches lo sacan a hombros del mismo escenario.

La otra cara de la moneda es un MVP de temporada regular aclamado como el mejor tirador de todos los tiempos por leyendas en vida como Steve Nash haciendo el peor partido de su vida, lo cual nos puede dejar varias lecturas, ya que cabe preguntarse si Dellavedova puede ser un antídoto eficaz contra la genialidad de Curry o al contrario, la venganza que pueda estar rumiando el segundo mejor jugador de la historia de Akron haga que una vez trasladadas las series a Ohio (su tierra, al fin y al cabo), veamos la mejor versión del base Warrior. Hay que recordar como Memphis hizo morder el polvo por dos veces consecutivas al equipo de la bahía (el único equipo que lo ha conseguido en play offs), con defensores mucho más cualificados que Dellavedova como Mike Conley o Tony Allen, pareciendo el equipo de Marc Gasol, con la mejor defensa del Oeste, la única escuadra capaz realmente de vencer a los Warriors. No volvieron a ganarles un partido después de ponerse 2-1, y Stephen Curry les metió 33 puntos en el cuarto partido de la serie y 32 en el sexto (volvió a flojear en el quinto, pero con su equipo ganando de 20 puntos) Veremos si tras el palo de anoche vuelve a explotar. Lo esperamos, por el bien de unas finales que de momento no están dejando demasiado buen juego a excepción de la demostración de raza de LeBron, pero también deseamos que sigan siendo unas series competidas y que se vayan a siete partidos, para disfrute de los espectadores imparciales, lo cual implica que sigamos viendo protagonismo en defensa como el visto en Dellavedova, ya que a intercambio de golpes parece claramente superior Golden State.  

lunes, 8 de junio de 2015

CUATRO AÑOS DEL TIRADOR


Sí amigos. Cumplimos cuatro años. En realidad los cumplimos ayer, 7 de Junio, el mismo día que nos dejaba Drazen Petrovic, el mismo día que nacía mi querida Sociedad Deportiva Ponferradina, que ayer se quedó a un solo gol de jugar un histórico play off de ascenso a Primera División. Y es que aunque este sea un blog de baloncesto, hay que reconocer que ayer fue una apasionante jornada futbolística gracias a toda la emoción de nuestra Segunda. 

También tuvimos baloncesto del bueno, con el Valencia rompiendo el factor cancha ante el Real Madrid en un auténtico partidazo, y el Barcelona poniendo el 2-0 en su serie, en ambos casos semifinales por el título ACB. En la madrugada Golden State Warriors y Cleveland Cavaliers disputaban el segundo asalto de las finales NBA. No hemos visto el partido ni sabemos el resultado, y de hecho ni queremos saberlo ya que la intención es verlo esta tarde en diferido. Tendrán la correspondiente crónica sobre el mismo. 

Cuatro años de vida de un blog, no está nada mal. Desde luego es bastante superior a la duración media de un entrenador de fútbol para Florentino Pérez. Cuatro años que nos han dado para 600 entradas, contando ésta. Unas 150 al año. De modo que hemos sido capaces de actualizar con un ritmo algo superior a entrada cada dos días. No está nada mal para ser un hobby realizado por una sola persona.

A estas alturas lo mejor que puedo decir es que El Tirador Melancólico es el blog que a mí, particularmente como aficionado, me gustaría leer. Nuestra relevancia es escasa, nuestro impacto nulo. Seguimos siendo unos absolutos desconocidos para la mayoría de los aficionados. No nos importa. No buscamos el éxito. Quizás si abordásemos la polémica, si atizásemos a entrenadores ACB o a seleccionadores nacionales tendríamos ese referido éxito. Pero seguimos siendo fieles a nuestra idea de que preferimos contar las cosas buenas de los protagonistas de este deporte, por la sencilla razón de que ya hay demasiada gente que sólo se fija en lo malo. Hay demasiada gente que sigue sin valorar lo que supone llegar a una final, y llama perdedor a quien únicamente le falta subir el último peldaño. Hay demasiada gente que sólo se fija en el tiro fallado, y no en el acertado. El mismo jugador que nos levanta del asiento, en el partido siguiente puede estar completamente desacertado. Sin ir más lejos tenemos un ejemplo muy reciente en el partido de Sergio Rodríguez de ayer. Pero tiene todo el derecho del mundo a fallar, máxime cuando en no pocas ocasiones su descaro le ha dado el triunfo a su equipo.

De modo que nuestra intención es seguir contándoles esto del baloncesto de la mejor manera posible, sin fango, sin lodo, sin ruido, sin veneno, pero con la pasión con la que vivimos un deporte que es casi una religión. 

Gracias a todos los que se han acercado en alguna ocasión a nuestras páginas, tanto los lectores habituales, a ellos por encima de todo, como al esporádico que simplemente buscaba un dato en una ocasión concreta y nuestro blog le pudo sacar de dudas. 


Y como cada aniversario, una vez más, al estar ligados de alguna manera al recuerdo de Drazen Petrovic (de un modo totalmente casual, ya que cuando comenzamos el blog no habíamos reparado que se conmemoraba la desaparición del genio croata), tenemos que honrar la memoria de uno de los más grandes iconos de este deporte. Un jugador irrepetible que nos dejó en el mejor momento de su carrera y cuando nadie podía imaginar donde estaba su techo, una vez que había ampliado las dimensiones de su juego en el baloncesto profesional estadounidense. Nunca le olvidaremos.      



Drazen y su último maestro, el gran Chuck Daly. 

sábado, 6 de junio de 2015

HIGH NOON



Un hombre contra un ejército




Pocas veces hemos escrito una entrada más profética que nuestra anterior “La soledad del rey”, y es que en efecto, horas después el Game 1 de las finales NBA 2015 dejaba al descubierto todas las virtudes y defectos de ambos equipos, de una manera tan diáfana que no debe haber un solo analista cuerdo que le de opción alguna a los Cleveland Cavaliers de ganar el anillo en estos momentos.

Es cierto que el primer cuarto de Cleveland fue, sencillamente, arrollador, pasando por encima de unos timoratos Warriors que ni sabían por donde les venían los golpes. Es igualmente cierto que una vez capeado el temporal y llegadas las primeras ventajas de los de Oakland el equipo de David Blatt no se descompuso y siempre estuvo en el partido, y es también cierto que LeBron tuvo el tiro ganador (buscó un lanzamiento parecido al triple ganador que anotó en Febrero del pasado año contra el mismo equipo y con Igoudala también encima, aunque en esta ocasión se fue más escorado hacia la esquina) para no llegar a la prórroga. La misma certeza nos haría pensar que un encuentro decidido en tiempo extra es señal de que nos encontramos ante unas finales igualadas, y sin embargo en cuanto ambos equipos encarrilaron el camino a los vestuarios en el Oracle sobrevolaba la sensación de que el anillo ya tenía ganador y que Stephen Curry y su pandilla están en una situación idónea para rememorar el éxito de los Warriors de Rick Barry hace 40 años y convertirse en campeones NBA propinando un “sweep” al rival y dejando a los Cavaliers, como sucediera con los Washington Bullets de 1975, en cero victorias.

Ya no es sólo el hecho de la lesión de Kyrie Irving, una baja que en nuestra opinión deja a los de Ohio sin opciones entregando la dirección de juego (es un decir, porque ahora más que nunca LeBron tendrá que ejercer de “point-forward”) a un jugador como Mathew Dellavedova cuyo nivel no alcanza ni por asomo para ganar un campeonato de la NBA (ahora quizás se arrepientan de haber tradeado a Jarrett Jack el pasado verano), es que incluso con Irving las carencias de estos Cavaliers, empeñados en repetir los errores de Miami Heat (que si bien ganaron cuatro campeonatos de conferencia consecutivos perdieron dos finales ante Dallas y San Antonio condenados, entre otras cosas, por su poca profundidad de banquillo y condensar toda la dinamita en pocos jugadores) quedaron al descubierto en los 53 minutos del primer partido de las series, evidenciando la enorme diferencia entre un roster y otro. Hay que recordar que la lesión del base Cavalier llega casi al final del partido (si bien es cierto que llegaba al choque renqueante, sin estar a su mejor nivel, y aún así firmando 23 puntos, 7 rebotes y 6 asistencias), de modo que aún sin haber sufrido la desgracia de su baja, circunstancia insistimos que definitiva y que les deja sin opciones, el partido, con toda su dureza e igualdad, dejaba la lectura de la enorme superioridad de los californianos, con mayor profundidad de banquillo, mejor rotación, y más reparto de minutos entre sus jugadores, lo que se traduce, no puede ser de otra manera, en unas piernas más frescas, cosa que se pudo comprobar sin duda alguna en la prórroga.

Es prácticamente imposible ganar en el baloncesto de 2015 sin rotaciones. David Blatt utilizó sólo tres jugadores de banquillo durante el partido, J.R.Smith, errático en el tiro (aunque dejó una de las canastas del partido, un triple al filo del descanso para dar una ligera ventaja a los visitantes al final del segundo cuarto, 51-48), es no obstante el único suplente de garantías de los de Ohio, y suyos fueron los únicos nueve puntos que aportó el banquillo de Blatt, James Jones, especialista en el tiro exterior y al que sólo vimos lanzar un triple en los 17 minutos que permaneció en cancha, y por último el australiano Dellevadova, perdídisimo y superado durante los nueve minutos que dispusó, y cuya importancia para la franquicia Cavalier se resume en la anécdota de que el autobús de su equipo se fue al aeropuerto una vez acabado el partido con toda la plantilla y cuerpo técnico excepto el despistado base aussie que todavía andaba por el pabellón Dios sabe haciendo que cosas. Este es el nivel de estos Cleveland Cavalieres, una plantilla que parece confeccionada por su peor enemigo. Con jugadores ya pensando en la jubilación, como Shawn Marion o Mike Miller, o totalmente defenestrados como Kendrick Perkins (noticia por una pelea conyugal más que por temas baloncestísticos), aún así a Blatt y a LeBron (prácticamente con tanto peso como el entrenador estadounidense-israelí a la hora de tomar decisiones) no les queda otra que contar con ellos. Pero para empezar deben recuperarlos anímicamente.

Y es que enfrente, los Warriors demostraron porque han sido el mejor equipo de toda la temporada. Frente a los pírricos 9 puntos de Smith, única aportación del banquillo Cavalier, Steve Kerr obtuvo 34 de sus cinco suplentes, con significativa aportación de un Andre Igoudala convertido en factor X. 15 puntos decisivos y dura defensa sobre LeBron. Los Warriors juegan de escándalo, cierto, pero para ganar un anillo se necesita además un guerrillero capaz de bajar al fango y defender con la dureza más característica del Este que del Oeste. Igoudala asume ese rol sin perder brillantez en ataque. No olviden que hablamos de quien fuera jugador franquicia de los Philadelphia 76ers hace algunos años y que ahora, reconvertido en sacrificado sexto hombre de lujo, no quiere dejar pasar la ocasión de verse con un anillo de campeón en sus manos. También hay que mencionar a Marreese Speights, apenas jugó nueve minutos, lo mismo que Dellavedova, pero con un oficio y finura en ataque para irse a ocho puntos, con buenos minutos en el segundo cuarto para ayudar a la primera remontada Warrior. Reaparecía tras su distensión en la pantorrilla derecha y demostraba que es otro reserva de absolutas garantías dentro de un roster que apunta a pasar a la historia para el aficionado de la franquicia californiana.

Ni siquiera necesitaron al mejor Curry posible. El MVP de la temporada regular empezó flojo, quizás superado por una presión que pronto se quitaría de encima, pero fue de menos a más, añadiendo canastas a su casillero, soltando nervios, y dibujando en su rostro cada vez más un semblante de futuro campeón NBA. Peor fue incluso el arranque de su “hermano” Thompson, con una primera parte para olvidar, pero ofreciendo grandes minutos a partir del tercer cuarto (9 puntos en ese periodo) El escolta Warrior anotó sólo cinco puntos antes del paso por vestuarios, pero acabó con 21. Barnes y Green al nivel esperado, siempre por detrás de una pareja exterior que apunta a ser la más recordada de la NBA desde la de Thomas-Dumars, pero nunca perdiendo la cara al partido. Bogut, cumpliendo ante Mozgov. En resumen, un buen partido del equipo de Kerr, pero lejos de su mejor versión posible, y con unos nervios de salida que indicaban que necesitaba templar ánimos y hacerse a la cita. Con el primer punto en el bolsillo da la sensación de que a partir de ahora irán a más, frente a un equipo que con la lesión de Irving y con jugadores como LeBron y Tristan Thompson sin apenas descanso en el banquillo acabarán notando las minutadas según transcurra la serie.

Y es que la película de estas finales comienza a parecerse peligrosamente a un viejo western interpretado por Gary Cooper, aquel en el que el protagonista, abandonado por el pueblo, tiene que enfrentarse él solo a una banda de forajidos. En la película son cuatro, como la columna vertebral de los Warriors (Curry, Thompson, Barnes y Green), y gana Gary Cooper, que para eso era el bueno. En este film que arrancó en el Oracle Arena y tendrá escenario al menos por dos noches en el Quicken Loans de Cleveland, no están tan definidos los roles, y por si fuera poco a la banda de cuatro les acompañan varios pistoleros más, uno de ellos, Igoudala, con capacidad para ser incluso líder de la misma llegado el caso. Demasiado por muy LeBron James que seas. 44 puntos, 8 rebotes y 6 asistencias para morir en la orilla. LeBron puede dejar en estas finales unos números nunca vistos en este tipo de encuentros... y posiblemente no le sirvan para ganar el anillo. Es lo que pasa cuando estás solo ante el peligro.   

jueves, 4 de junio de 2015

LA SOLEDAD DEL REY



82 partidos de liga regular, tres eliminatorias de play offs al mejor de siete partidos, para llegar finalmente a la gran final entre los dos campeones de cada conferencia. La serie de partidos que más que ninguna otra atraen los ojos de millones de aficionados de todo el mundo. Si la NBA es la mejor liga de baloncesto, sus series finales constituyen, por encima de los All Star games, la auténtica esencia de la épica del baloncesto profesional estadounidense. La rivalidad Celtics-Lakers de los 60, siempre a favor del intratable por aquel entonces equipo de Red Auerbach y Bill Russell, recuperada en los 80 con dominio alterno y personificado en Larry Bird y “Magic” Johnson (un “Magic” MVP de las finales ante Philadelphia en su año rookie jugando de pívot en el partido decisivo por la lesión de Abdul-Jabbar y haciendo 42 puntos, 15 rebotes, 7 asistencias, 3 robos y 1 tapón), la dictadura de Michael Jordan, la dinastía de los Spurs… la auténtica mística de la NBA se ha forzado alrededor de esos anillos objeto del deseo de los jugadores que saben que serán reflejados en los libros de historia en base a lo acaecido en estos momentos definitivos.  

Y las finales de la NBA en esta segunda década del nuevo siglo tienen un nombre propio: LeBron James. Sus quintas finales consecutivas (las sextas de su carrera), algo que no veíamos desde aquellos Celtics de los 60 que dominaron con mano de hierro la liga. Ningún jugador ha sido campeón del Oeste cinco veces consecutivas desde entonces. Enfrente un Stephen Curry en el mejor año de su carrera que ha sido capaz de llevar a los Warriors a una final de la NBA, un escenario que la franquicia californiana no conocía desde 1975, cuando barrieron por 4-0 a los Washington Bullets de Wes Unseld, liderados por un colosal Rick Barry, MVP de aquellas finales después de sus exhibiciones anotadoras (29,5 puntos de media anotó el legendario cañonero de New Jersey en aquellas series) 40 años después Curry quiere recoger el legado de Barry como el nuevo dios en el Olimpo particular de los fans del equipo de la bahía de Oakland.   



Rick Barry espera sucesor


Cleveland no ha tardado tanto en volver a unas finales. Lo consiguieron en 2007, de la mano de un LeBron que comenzaba a hacer efectivo su reinado destronando en el Este a unos Detroit Pistons casi intratables en su conferencia hasta la llegada del Chosen One. Luego llego “la elección”, vista como una traición por el aficionado de Cleveland,  el calor de Miami, y cuatro finales consecutivas para dos títulos de campeón NBA. Después el perdón, la redención, y el retorno a la gloria para la franquicia de Ohio de la mano de su jugador más ilustre, nacido, curiosidades de la vida, en Akron, al igual que Stephen Curry. Es realmente curioso que los dos mejores deportistas de la historia de una ciudad de 200000 habitantes vayan a enfrentarse en unas finales NBA. Un aliciente más para una serie por el título que vuelve a activar la gran maquinaria del baloncesto yanqui, prometiéndonos entre cuatro y siete noches del mejor espectáculo deportivo posible. 

Los pronósticos parecen claros y unánimes sobre el favoritismo de los Warriors. El mejor balance en liga regular, y además en el salvaje Oeste (67-15), con factor cancha a favor frente unos Cavaliers irregulares que acabaron segundos en su conferencia con 53-29. El equipo de Steve Kerr ha sido una máquina de hacer buen baloncesto, con Curry a la cabeza, pero varios jugadores rayando a un altísimo nivel. Su mejor escudero, como no, un Klay Thompson llegado a la NBA dos temporadas después de Curry para convertirse en la mejor pareja exterior de la liga en la actualidad, y quizás una de las mejores de todos los tiempos (los títulos lo dirán), los “Splash Brothers” comparten similitudes en su juego (demoledor tiro exterior) y genealogía NBA (ambos son hijos de jugadores reconocidos de los 80 como fueron Del Curry y Mychal Thompson), pero cada vez se complementan mejor, llegando uno a donde no pueda no llegar el otro. En ese sentido es reseñable el evidente paso adelante en defensa dado por Klay, paso que ya se había alabado en su “hermano” el curso pasado y que es una muestra más del compromiso del roster actual de los Warriors en su empeño de convertirse en campeones. Curry y Thompson son las principales armas de Steve Kerr, los únicos jugadores de la plantilla que han estado por encima de los 20 puntos por partido durante la temporada, pero han tenido dos socios de lujo en los forwards Harrison Barnes y Draymond Green. El primero había decepcionado la pasada temporada tras haber realizado un notable curso rookie, pero este año parece haberse asentado y se ha convertido en una de las principales espadas de su equipo junto a Curry, Thompson, y un sorprendente Draymond Green explotando en su tercer curso NBA y casi doblando sus registros de la pasada temporada (de 6.2 puntos, 5 rebotes y 1.9 asistencias por partido a los 11.7, 8.2  y 3.7 respectivamente, lo que le ha valido para estar en las quinielas de “Jugador más mejorado” de la temporada, galardón que finalmente cayó en manos de Jimmy Butler de Chicago Bulls) Tan eficiente ha sido el trabajo del jugador de Michigan que ha condenado al ostracismo a todo un David Lee. 

Este es el cuarteto base de Steve Kerr, los cuatro jugadores que más minutos permanecen en pista y tienen la confianza absoluta del entrenador, contando no obstante con buenos “back ups” como Igoudala, Livingston o Barbosa. Es en la posición de cinco donde más carencias parece presentar su juego, con el siempre renqueante Bogut y un Speights que ha bajado mucho su rendimiento en play offs respecto a liga regular, bajando considerablemente sus minutos en cancha y su producción (además de verse aquejado de distensiones musculares que le han hecho perderse la mitad de los play offs) Festus Ezeli es en principio el tercer center en la rotación, pero contando también con minutos importantes en un equipo cuya una de sus claves es la profundidad de banquillo. Lo cierto es que pese a lo que sigan pensando los ortodoxos, la figura del cinco dominante es cada vez menos importante a la hora de ganar títulos, y los últimos campeones NBA, San Antonio y Miami, presentaban fisuras en esa posición, al igual que lo hace Cleveland, sin una superestrella en ese puesto, pero si un trabajador cualificado y eficiente como Timofey Mozgov. 


El numeroso y bien armado ejército de Curry contra un rey LeBron cada vez más solo. No queremos ser ventajistas, porque lo cierto es que nadie contaba con la lesión de un Kevin Love que sólo ha podido jugar cuatro partidos de play offs y de que quien ya se rumorea su posible marcha. De suceder así le no habría podido salir peor la jugada a los Cavs y al propio LeBron, quien la incorporación del beach boy supuso un deseo personal y una condición expresa en su retorno a Ohio. Perder a un posible jugador dominante a corto plazo como Andrew Wiggins por un Love gafado, propenso a las lesiones, y cuya incidencia en el juego de equipo más allá de su capacidad para engordar estadísticas individuales es cada vez más cuestionada. No son pocos los aficionados que aseguran incluso que los Cavaliers, sin Love, juegan mejor, y que desde luego defienden mejor. El tercer socio del Big Three de Cleveland, Kyrie Irving, se ha perdido dos encuentros de la final del Este frente a Atlanta, reapareciendo en el cuarto y último partido muy lejos de su nivel y jugando poco más de 20 minutos. Por si fuera poco un J.R. Smith más asentado que nunca consciente de su oportunidad de ganar un anillo también se perdió dos partidos por suspensión en la serie contra Chicago. El resultado de todo esto ha sido la exhibición de fortaleza de un LeBron sublime, capaz de echarse el equipo a la espalda y promediar 27.6 puntos, 10.4 rebotes, 8.3 asistencias y 1.3 tapones durante todos los play offs para convertir a su equipo en campeones del Este, alcanzando el cenit frente a unos Atlanta Hawks que habían maravillado durante toda la temporada para barrerles con un incontestable 4-0 y dejar unas medias, frótense los ojos, de 30.2 puntos, 11 rebotes y 9.2 asistencias por noche. Casi un triple doble por partido en unas finales de conferencia. Por mucho que sigan ladrando sus haters, el baloncesto actual se llama LeBron James, que una vez desmoronado su Big Three se ha erigido como un demoledor Army of One. Claro que Curry viene de hacerle 33.2 puntos por noche a Houston, clavando 27 triples de 55 intentos en los cinco partidos de la final del Oeste, con exhibiciones como la del tercer partido, en la que anotó 7 de sus 9. Por algo Steve Nash ha catalogado al base Warrior como el mejor tirador de la historia. Con estas premisas el aficionado lo único puede hacer es relamerse ante el espectáculo que viene encima. La diferencia es que LeBron está solo, demasiado solo.   


LeBron ante los elementos.

martes, 2 de junio de 2015

PAU RIBAS METE AL VALENCIA EN SEMIFINALES


Ribas y Mumbrú dieron una lección de liderazgo, pero sólo Pau rió al final.


Si algo le faltaba a la inmensa temporada de un Pau Ribas que no está llamando a las puertas de la selección, si no tirándola abajo directamente, era un final de partido como el de ayer para meter Al Valencia en semifinales por el título, siendo el único equipo capaz de hacerlo con factor cancha en contra. Era la eliminatoria en principio más igualada, cuarto contra quinto, y que habían finalizado con mismo balance de victorias y derrotas. Una serie tan angustiosa que se traduce en el hecho de que ningún equipo ha sido capaz de ganar en su casa. Se diría que en esta ocasión el factor cancha ha jugado en contra. No obstante los aficionados de Miribilla supieron reconocer la temporada de sus jugadores con una ovación de poner los puntos de punta al finalizar el partido pese a la decepción del resultado. Tras un verano en el que se apuntó incluso hasta la desaparición del club, verlo acabar cuarto en liga regular y disputar la fase de final de Copa y de Liga es una muestra de profesionalidad que hay que reconocer. 

El Valencia salió al partido con las mismas buenas sensaciones que en el anterior encuentro disputado en Bilbao, demostrando una gran fluidez ofensiva que le llegó a irse al descanso con claro 33-45 a favor. Ni rastro del Bilbao sólido y férreo en defensa de toda la temporada. Pero en la segunda parte la vieja guardia de los hombres de negro, encarnada en un jugador de carácter (y calidad) como Mumbrú, fue capaz de darle la vuelta al marcador gracias a un gran trabajo defensivo y a los buenos momentos en ataque del capitán. Los bilbaínos llegaron a ponerse por delante a poco más de un minuto para el final (67-66) y entonces llegó el momento de la épica. Un triple de Ribas totalmente limpio desde unos ocho metros con una frialdad admirable ponía el 67-69, cuando el balón más calentaba, y a pesar de haber fallado sus tres intentos triples anteriores. Que se lo pregunten a Axel Hervelle, quien fallaba dos tiros libres en la acción siguiente, a algo más 40 segundos para el final, pero ahí estaba de nuevo Mumbrú dando una lección de coraje para capturar el rebote ofensivo y con un 2+1 poner por delante a los locales (70-69) Ribas volvió a ejercer de líder para en la jugada siguiente forzar una falta en penetración. Eran sus primeros tiros desde la línea de castigo, pero no le tembló el pulso, poniendo el 70-71 definitivo que valía un pase a semifinales. Al Bilbao le quedaba una posesión que se la jugó, como no, Alex Mumbrú con un lanzamiento forzado a tabla, el rebote cayó en manos valencianistas y a pesar de que aún quedaban segundos los locales fueron incapaces de hacer falta personal, de hecho el Valencia aún llegó hasta la canasta contraria renunciando al tiro y dejando pasar los segundos. Un partido de play offs en toda regla. Los de Durán, a intentar el más difícil todavía ante Real Madrid. 

A la otra semifinal, con el Barcelona como rival, accede un Unicaja que se jugaba además su presencia en Euroliga la temporada venidera, al haber perdido la licencia A. Los malagueños ya han cumplido y Joan Plaza ha devuelto a la entidad andaluza a un sitio entre los grandes de nuestro basket, pero buscarán sus opciones ante el Barça de Pascual. Jayson Granger parece recuperar su mejor nivel y ayer fue el verdugo y ejecutor de los baskonistas con 19 puntos y 8 asistencias, bien apoyado por Fran Vázquez y sus 14 puntos y 11 rebotes. 


lunes, 1 de junio de 2015

MADRID Y BARCELONA ESPERAN SUS RIVALES


Los dos grandes hicieron buenos los pronósticos, deshaciéndose de sus rivales en cuartos de final de play offs por el título por la vía rápida, y demostrando una vez que son los máximos favoritos a disputarse la gran final.

El equipo de Xavi Pascual llega al final de la temporada en su mejor momento de forma (algo habitual con Pascual, cuyo roster siempre va de menos a más durante el curso), y apenas dio opciones a un Fiatc Joventut que concluye una gran temporada a pesar de no haber podido ganar un solo partido de play offs. El primer partido, jugado en Barcelona, fue casi un paseo para los blaugranas (77-55), y en el Olimpic de Badalona la garra y voluntad verdinegras, plasmadas sobre todo en el rebote ofensivo (hasta 18 rechaces en tablero contrario llegaron a atrapar los de Maldonado), permitieron a los locales no descolgarse en el marcador, pese a que el Barcelona tuvo en todo momento el mando del encuentro para certificar el 2-0 en la serie con el 74-80 final. Satoransky ha sido el mejor de la eliminatoria con sus 10 puntos, 4.5 rebotes y 5.5 asistencias de media en ambos partidos. Sin duda es el base más completo en la actual ACB  y una pieza clave para Pascual, muy por delante de Huertas. Navarro abandonó el segundo partido por lesión en el tercer cuarto, después de convertirse en el segundo máximo anotador histórico en play offs ACB, superando a Herreros y a 100 puntos de Villacampa. Como no hay noticias sobre su retirada, estamos seguros de que lo superará, aunque de momento hay que esperar a ver como evoluciona de esta última lesión muscular. 

El Real Madrid sigue en estado de gracia tras proclamarse campeón de Europa. Pese a que el comienzo del primer partido disputado en Madrid parecía prolongar la resaca continental (0-12 de salida para el Gran Canaria), una resaca que le costó al equipo de Laso perder dos partidos consecutivos en ACB (eso sí, con la primera plaza de liga regular ya asegurada) Los marcadores lo dicen todo, 101-74 y 86-93. 97 puntos de media han metido los blancos a un equipo que en liga regular sólo había encajado 77,53 puntos por encuentro. Rodillo merengue para plantarse en semifinales. Lo cierto es que era una empresa muy complicada el poder disputarle algún partido a los campeones de Europa, pese al empeño de un Oliver excelso en el partido de Las Palmas (18 puntos y 10 asistencias, con 5 de 6 en triples) Las bajas de Txemi Urtasun, Ian O’Leary y Levon Kendall han mermado la capacidad de rotación de Aíto, sobre todo en el juego interior. Aprovechamos para mandar desde aquí un fortísimo abrazo a Kendall y todo nuestro ánimo. Uno de los mejores extranjeros que han pasado últimamente por nuestro baloncesto (inolvidables sus años en el Obradoiro) vive un auténtico drama con su hijo de diez meses aquejado de una grave enfermedad que pone en riesgo su vida. El bueno de Levon además es un gran aficionado a la música (su padre es músico y le puso el nombre de Levon en homenaje a Levon Helm, el genial baterista de The Band) y le hemos visto tocando el piano en más de una ocasión. Un tío muy grande que no se merece lo que le está pasando… en realidad nadie puede merecer el infierno de ver a un hijo de diez meses luchando por una vida recién estrenada.    


Kendall, el baloncestista bohemio y su drama particular.


Volviendo a lo deportivo, el Madrid parece recuperar su versión más efervescente, la del juego vertiginoso y la velocidad de crucero, con sus dos bases señalando el camino. El Chacho Rodríguez, perfecto en el primer partido con 20 puntos sin fallo, 4 de 4 en libres, 5 de 5 en canastas de 2, y 2 de 2 en triples, y killer total en el segundo con otros 26 tantos (8 de 13 en tiros de campo y 5 de 5 en libres) En total ha anotado 46 puntos, con 9 de 9 en tiros libres, 8 de 10 en tiros de 2, y 7 de 10 en triples. Una auténtica salvajada. Su tocayo Llull no le ha andado a la zaga. 18.5 puntos y 4 asistencias de media en los dos partidos. Al ritmo de los sergios. También hay que destacar la presencia de Luka Doncic en esta serie, con casi once minutos jugados en Madrid y cinco en Las Palmas. Recuerden que hablamos de un jugador de 16 años, con una calidad extraordinaria, y con un entrenador valiente como Laso que parece dispuesto a darle un papel en la rotación madridista. Gran trabajo de cantera en el baloncesto blanco, que este fin de semana ha visto a su equipo cadete convertirse en campeón de España. A ver si aprenden en fútbol.


Las otras dos series, como se preveía, están más igualadas y conocerán hoy a su vencedor. El resultado se antoja imprevisible, sobre todo en el caso del enfrentamiento entre Dominion Bilbao y Valencia, ya que ninguno de ambos equipos ha logrado ganar su partido en casa. El Unicaja realizó un gran encuentro (69-55) con Golubovic mandando en ambas zonas (9 puntos y 13 rebotes), pero en Vitoria los James, Causeur y San Emeterio sacaron el fusil (8 triples de 14 entre los tres pistoleros baskonistas) para poner el 1-1. El Valencia por su parte sorprendió con un gran partido en Bilbao (75-91), con un gran acierto en el triple (14 de 27, 52%) y Pau Ribas de nuevo comandando las operaciones. Que temporadón el del catalán. Se la jugaban los de Sito Alonso en La Fonteta, y se mantienen con vida después de una gran segunda parte para remontar el 48-37 del descanso. El 74-80 final fuerza el tercer partido. Marko Todorovic sigue impresionante, y está firmando 13.5 puntos, 8 rebotes, 2 robos y 2 tapones de media ante los taronja. Aun así, totalmente impredecible lo que pueda suceder hoy.        


Doncic ya es uno más.