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lunes, 21 de septiembre de 2015

ESPAÑA GANA EL EUROBASKET DE LOS CORAZONES INDOMABLES




“No importa cuan estrecha sea la puerta,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino,
soy el capitán de mi alma”

(“Invictus”, William Ernest Henley, 1875)    




Dueños de sus destinos


Hace dos semanas, cuando comenzaba la aventura de este apasionante Eurobasket 2015, el primero de la historia con cuatro anfitriones en su primera fase pero con Francia como organizador único a partir de los cruces, nadie en su sano juicio hubiera apostado por España y Lituania cerrando el torneo en la gran final, ambos como los grandes triunfadores y con el billete olímpico bajo el brazo. Dos selecciones con marcado gen competitivo y ADN ganador, pero lejos de sus mejores versiones. Especialmente en el caso de España, donde hasta seis jugadores con los que inicialmente hubiera contado Sergio Scariolo de estar disponibles no han sido de la partida. Hablamos de Calderón, Ricky Rubio, Navarro, Abrines, Marc Gasol, e incluso Ibaka, ya que si el hispano-congoleño no hubiera terminado la Primavera pasada lesionado de la rodilla derecha y pasando por el quirófano, a buen seguro hubiera sido la elección del italiano por delante de Mirotic. Seis jugadores, medio roster. Y con todo eso Scariolo ha vuelto a hacer oro en el tercer Eurobasket en el que dirige a nuestra selección. Tres europeos, tres oros, nuestros tres únicos oros. Sigan rajando del “gominas”.


Tampoco se esperaba mucho de esta Lituania, con una sola estrella NBA (lo cual parece actualmente el método de medida de la calidad de una selección), Jonas Valanciunas, dos jugadores ACB (Maciluis y Kuzminkas) y el resto prácticamente todo jugadores de la competición lituana. Oficio, un gran entrenador (ese Kazlaukas que empezó a “recuperar” el baloncesto después de los ignominiosos años en los que se ganaban copas de Europa anotando 50 puntos, con aquel maravilloso Zalgiris Kaunas liderado en la pista por el ciclón Tyus Edney en 1999, anticipando que el siglo XXI iba a sepultar por fin el aburrido baloncesto-control de los 90), y sobre todo muchísimo corazón, el mismo que llevó a España a superar contra pronóstico los duros escollos de Grecia y Francia con sus super-plantillas apenas sin fisuras y dos y hasta tres jugadores de renombre por posición. Scariolo y Kazlaukas han dado una lección de optimización de recursos. No han tenido un camino fácil. España, a excepción de la débil Islandia (y en menor medida Polonia, aunque los polacos son un equipo ya con cierta veteranía en estos torneo) se las han visto con prácticamente toda la élite europea: Serbia, Turquía, Italia, Alemania, Grecia, Francia y Lituania. Los lituanos por su parte comenzaron en un grupo más fácil, donde sólo Bélgica les logró sorprender. Georgia les puso contra las cuerdas en octavos de final, y de no ser por la estratosférica actuación de Maciulis muy posiblemente se hubieran quedado fuera en la primera eliminatoria. Nadie daba un duro por ellos viendo lo que les venía por delante, pero en un inmenso partido resuelto en prórroga hicieron besar la lona a una Italia que presentaba clara candidatura a medalla. Más sorprendente aún resultó su victoria sobre Serbia en un extraño partido. Los lituanos apartaron de la final a uno de los grandes favoritos en un encuentro en el que anotaron tan solo... ¡dos triples! 2 de 14. Y perdieron nada menos que 17 balones. El equipo de Djordjevic, de quien se alababa su personalidad y carácter, se ha desinflado en los momentos decisivos con fallos tan garrafales como la pérdida de balón de Bogdanovic y su pase a la grada en una jugada que regaló la victoria a Lituania. En el partido por el tercer y cuarto puesto, Francia, mucho mejor anímicamente y con ganas de festejar una medalla con su afición, les pasó por encima.



Scariolo, tres de tres.



En un campeonato tan exigente no es mal resultado para los de Collet el cosechar otra medalla, una más para su extraordinaria generación de jugadores, a las que aún les queda gasolina para unos cuantos años más, y a la que además se suman nuevos elementos como el colosal Gobert, un pívot llamado a ser uno de los interiores de referencia a ambos lados del Atlántico. No obstante queda cierta decepción en el papel francés en este torneo, ya que con un calendario muy cómodo, apenas dejan partidos para el recuerdo. Su mejor encuentro de hecho fue el que les dio el bronce frente a Serbia. Parker, desdibujado todo el torneo, ha mostrado una versión un tanto inusual de su juego. El genial base de los Spurs es un jugador sobre el que no se admite dudas, pero en ocasiones hemos comentado que Francia parece jugar mejor sin él. Siendo un hombre acostumbrado a acaparar tanto juego, sin él en pista los galos acostumbran a realizar un juego más coral (como en el pasado Mundial) En este Eurobasket hemos visto a un Parker que insinuaba querer mostrar una faceta menos individualista en su juego. Un Parker más director y menos anotador... y lo que ha resultado es un Parker menor.


Pero volvamos a los grandes triunfadores. España y Lituania se citaban para la gran final habiendo sido los equipos que, si no mejor baloncesto habían hecho (que posiblemente también), si habían demostrado más espíritu competitivo y corazón de campeones. Era una final en principio asequible para nuestros intereses. Sobre el papel, y pese a nuestras ausencias, éramos favoritos. Por primera vez desde cuartos de final. Renunciar a ese papel frente a Grecia y Francia nos había sentado muy bien, por lo tanto había dudas de como íbamos a reaccionar una vez que volvíamos a ser el foco de atención, el rival a batir. Nuestro inicio de partido despejó de golpe todas las incógnitas, viendo a la mejor selección del campeonato. Sin necesidad de acudir una y otra vez al seguro de Pau Gasol (aún así, el mejor del partido una vez más con 25 puntos, 12 rebotes, 4 asistencias y 3 tapones), Llull, y sobre todo Rudy Fernández, ¡por fin!, se encargaban de poner las primeras diferencias en el marcador gracias además a un extraordinario trabajo defensivo que comenzaba en los dos jugadores madridistas. El mallorquín parecía olvidar por fin su dichosa hernia discal para hacer su mejor partido del campeonato hasta que un tremendo golpe en un bloqueo con Jankunas le dejaba KO y le hacía retirarse de la cancha. Tuvimos a Litunia constantemente a remolque, voluntariosos con Maciulis y Kuzminkas, pero sin llegar a inquietarnos en el marcador. En definitiva el partido más tranquilo desde la segunda jornada, frente a Turquía. Como en 2009 ante Serbia y 2011 ante Francia, la final fue casi un paseo.    


Maciulis, héroe lituano.



Si España ha ido de menos a más durante el torneo, la final fue un compendio de las virtudes que nos han llevado a ser campeones de Europa por tercera vez. Y en este punto cabe detenerse a analizar lo realmente extraño que ha sido nuestro campeonato. Asumiendo las dudas iniciales antes incluso de comenzar el torneo (pocos efectivos en dirección de juego, ausencia de tiradores puros, excedencia de “cuatros” pero poco “cinco”...), nos mostramos desde el principio como un equipo sobrado en ataque, pero desdibujado en defensa. Claro que todo eso había que ponerlo en el contexto de que nos habíamos enfrentado a plantillas con excelente arsenal ofensivo, especialmente Serbia e Italia, a la sazón únicos equipos que nos hicieron morder el polvo. De hecho después de encajar los escandalosos 105 puntos frente a Italia, ningún otro equipo fue capaz de llegar siquiera a 80, ni siquiera Francia en 45 minutos. Finalmente el equipo mordió en defensa, y la mejor prueba fue el partido contra Lituania. Defensa, rebote y contraataque, ese viejo axioma del baloncesto alegre y ofensivo que tanto nos ha costado mostrar en este Europeo pese a intentarlo (hay que recordar la semifinal contra Francia, donde la exuberancia física de los locales les permitía rápidas transiciones defensivas que impedían nuestras contras, o el partido de cuartos ante Grecia, donde las constantes faltas personales cortaban nuestras salidas tras rebote o robo) Contra Lituania si pudimos correr, y a favor de marcador también supimos jugar los cinco contra cinco buscando, como no, a Pau Gasol. MVP sin discusión con unos números de escándalo (25.6 puntos, 8.8 rebotes, 2.9 asistencias y 2.3 tapones, con un brutal 57.5% en tiros de campo... ¡66.7% en triples!), máximo anotador, taponador y cuarto mejor reboteador del campeonato. La leyenda Pau se sigue agrandando pese a la edad que diga su DNI.


Acompaña a Pau en el quinteto ideal Sergio Rodríguez, el gran Chacho. Se le premia haber sido decisivo, como así ha sido, en llevar a España al éxito prácticamente como único facilitador del juego español (aunque Llull le supera en asistencias, 4.4 del de Mahón por 4.3 del tinerfeño, claro que Llull ha jugado unos cuatro minutos más por partido), pero en honor a la verdad debemos reconocer que ha habido bases que han hecho mejor torneo, como Satoransky, Teodosic o Kalnietis. No obstante nos alegramos por el Chacho, siendo además un jugador que sigue generando división de opiniones por su manera de entender el baloncesto sin red. Capaz de levantar un partido a base de penetraciones, triples, pases imposibles y de dominar el juego con su endiablado manejo del balón, es el típico jugador al que se le señala sin piedad en el fallo. Suele ocurrir con quienes arriesgan. La inclusión de Maciulis como mejor alero no ofrece discusión. Su campeonato ha sido descomunal, con el mérito añadido de no ser un jugador que entrase en las quinielas de las grandes figuras del Eurobasket. Además deja la segunda mejor actuación individual del campeonato después de la de Pau Gasol ante Francia. Justa también es la presencia de De Colo, el jugador francés más constante y regular y quien mejor ha suplido a un apagado Parker. Valanciunas también ha brillado, y a sus 23 años ya es líder que el baloncesto lituano esperaba. Le falta algo de constancia y ha sufrido frente a pívots más experimentados como Pachulia o Gasol, pero es el nuevo faro de un pueblo que vio nacer al mejor pívot europeo de todos los tiempos, un Arvydas Sabonis que como presidente de la federación lituana sigue trabajando para que el país que mayor devoción profesa a este deporte no deje de estar en la elite. No obstante tampoco hubieran desentonado en el mejor quinteto del torneo jugadores como Vesely,  Raduljica o Gobert.



Pau Gasol, amo y señor del Eurobasket



El tercero oro de la selección española, el tercer oro de Scariolo, hay que valorarlo como el más meritorio de este maravilloso ciclo (en los últimos cinco campeonatos de Europa hemos ganado tres oros, una plata y un bronce) Con una rotación de ocho jugadores parece imposible ganar una gran competición hoy día. Y se ha hecho. El torneo nos deja también la justificación, por fin, de Víctor Claver en este grupo. Es cierto que en 2013, con otra selección también de circunstancias como ésta (resulta complicado establecer cual era mejor de ambas sobre el papel), fue un jugador fundamental para Orenga, pero siempre como “cuatro” abierto. Finalmente ha aparecido el Claver alero y su figura se ha hecho tan imponente hasta llegar a recordar a nada menos que a Carlos Jiménez. Su lucha en los rebotes, palmeos en el aro contrario, y defensa ante aleros grandes, especialmente Antetokounmpo, ha sido otra de las claves de esta selección. Al igual que el trabajo generoso de un Felipe Reyes al que hemos visto en punta de defensas presionantes y saliendo constantemente a defensas exteriores. Enorme. Ribas ha sido otro de los nombres propios, con rol de titular, para ceder la dirección a Llull y utilizar al Chacho, con acierto, como sexto hombre (como bien sabe Laso, el tinerfeño rinde más saliendo desde el banquillo), su tiro exterior nos ha sostenido en los comienzos del campeonato (ha sido nuestro máximo triplista, con 14 canastas de 26 intentos) Mirotic, por fin con la absoluta, pasa con nota el examen y gana enteros para seguir vistiendo esta camiseta, aunque el plus que otorga Ibaka en defensa es francamente difícil de despreciar. El hispano-montenegrino, sin hacer apenas ruído, ha sido el segundo máximo anotador (12.7 puntos) y reboteador (4.9 capturas) de nuestra selección en 24.6 minutos de juego por partido. A San Emeterio, otrora jugador básico en la rotación, le ha tocado hacer grupo, viéndose superado por un gran Claver en los últimos partidos. Igual circunstancia para un Pablo Aguilar que sabía que su presencia obedecía únicamente a la lesión de última hora de Alex Abrines. Vives y Willy Hernángomez apenas han contado, pero tenerlos en el equipo ha resultado esencial sobre todo pensando en el futuro. Volverán, y lo harán para ser importantes.


Y Scariolo, claro, con un magnífico equipo con nombres como Txus Vidorreta y Joan Ponsarnau, técnicos de probada solvencia y experiencia ACB. Un trío para el éxito, con sabia mano para llevar un roster que pese a lo escaso de su rotación se ha movido muy bien. Y es que sólo Pau Gasol llega a los 30 minutos por partido (exáctamente 30), tras él, Llull, Rodríguez, Mirotic, Rudy y Ribas, se han movido entre 23 y 28 minutos por partido), Felipe ha llegado casi a 19, y San Emeterio y Claver 16 y 13 respectivamente. Resulta especialmente sangrante que un entrenador que en tres campeonatos de Europa nos ha llevado a tres oros (por no hablar de todo lo que ha ganado en ACB) siga siendo tan criticado (aunque creo que este torneo va a hacer cambiar bastante la percepción sobre el coach italiano), claro que hablamos de un país donde no se ha sabido valorar siquiera a nada menos que Vicente del Bosque.  



Ponsarnau, Scariolo y Vidorreta, ellos también son de oro.



No podemos dejar pasar la ocasión para dar nuestra opinión sobre un punto, a nuestro modo de ver, muy negativo y muy contraproducente para la salud baloncestística (y en general deportiva), de este país. Vaya por delante nuestro respeto para Siro López. Simplemente creemos que pertenece a una cultura deportiva y un tipo de periodismo que no nos interesa y que no casa bien con este maravilloso deporte. El caso “antetokubo”, o escucharle cantar “¡gol!” ante alguna canasta de Sergio Rodríguez, sus gritos, sus improvisaciones desatadas de barra de bar... todo eso recuerda a una manera de entender el deporte rancia y casposa impropia de un deporte tan civilizado como el baloncesto (a pesar de los analfabetos, no se les puede calificar de otra manera, que abuchearon a Pau al recibir el MVP... estaban viendo historia viva de este deporte y sólo se les ocurre silbar, hay que tener muy pocas luces) El buen aficionado a este juego es exigente porque, precisamente, al no ser el deporte mayoritario, sabe buscar bien sus fuentes y medios para mantenerse informado. Sabe a quien leer y a quien escuchar, y este país, afortunadamente, está dotado de excelentes profesionales y conocedores de este deporte que saben hablar de baloncesto sin pedir la cabeza de nuestro entrenador a las primeras de cambio o ver constantemente conspiraciones arbitrales en cada partido. Mediaset debería tomar nota y escuchar las críticas, que han sido numerosas, de los aficionados. Ofrezcannos el producto mejor cuidado, en todos los aspectos.



Y esto ha sido todo. O no. Ha sido un Eurobasket fantástico con el mejor de los resultados finales para nuestros intereses. Intentaremos no obstante sacar tiempo para algunas entradas más sobre jugadores que nos han sorprendido, y cosas que nos han decepcionado (pero estamos ahora mismo disfrutando de unas mini-vacaciones, no nos fuercen) A la vuelta de la esquina tenemos el comienzo de la temporada, con la Supercopa Endesa comenzando el 2 de Octubre. Y es que el baloncesto no para. Y mientras haya corazones indomables, jugadores empeñados en ganar y en no perder el hambre a pesar de la edad, páginas gloriosas como las que ha escrito esta inmortal selección liderada por un Pau Gasol que lleva nada menos que década y media dándonos alegrías a nuestro deporte, seguirán siendo escritas. “Dueños de nuestro destino, héroes de Europa”, fue el lema elegido por este grupo de jugadores para afrontar este campeonato y así lo lucieron finalmente en la celebración del título. Recordaban el poema “Invictus” de William Ernest Henley. Hasta eso lo hacen bien.      


Otra vez campeones


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