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lunes, 14 de septiembre de 2015

PAUXTASIS



Pau engrandece su mito


Pasaban las seis de la tarde de este sábado tanto en España como en Francia. En el estadio Pierre-Marouy, cancha futbolística del equipo local del Lille y reconvertido a escenario baloncestístico para la ocasión, España y Polonia finalizaban las ruedas de calentamiento. Los técnicos daban las últimas instrucciones a sus jugadores antes del comienzo de los himnos. Llegaba el turno del español, y nuestros jugadores, ceremoniosos, formaban en la habitual fila mientras sonaban los compases de la Marcha Real. Al instante tanto los presentes en el pabellón francés como los espectadores de televisión repararon en una significativa ausencia en nuestro grupo baloncestístico. Los 215 centímetros de Pau Gasol no destacaban, como suele ser habitual, entre sus compañeros. No destacaban por la sencilla razón de que Pau no estaba allí en aquel momento. 


Las primeras especulaciones hablaban de algo tan humano como un “apretón” de última hora que había obligado al de Sant Boi a acudir al vestuario para su alivio intestinal, pero pronto las noticias iban apuntando en una dirección más alarmante. Pau estaba tocado. En efecto, concluyendo la rueda de calentamiento, el máximo anotador de este Eurobasket sentía un pinchazo en su gemelo derecho que le obligaba a ser tratado con su fisioterapeuta Joaquín Juan. Un vendaje en su pierna, un lenguaje gestual excesivamente sufrido, y una exagerada tendencia a jugar por fuera, resultaban síntomas claros de que algo no estaba bien en Pau y no se veía en condiciones de “pegarse” en la zona con el martillo polaco Marcin Gortat. Lo que vino después ya es historia del baloncesto español. 


Historia, y una intrahistoria de la que poco a poco vamos conociendo más detalles y engrandece el mito de nuestro mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos. La conversación con Sergio Scariolo, temeroso de arriesgar la carrera del líder tras conocer que los médicos convenían en que el jugador no jugase más de cinco minutos continuados, y el baloncestista reafirmando su compromiso con un barco del que no se quiere bajar, figurará en los libros de historia del baloncesto español en los capítulos, amplios sin duda alguna, que deban dedicarse a una figura que lleva casi dos décadas agotando los calificativos y que a sus 35 años se empeña en demostrar que todavía no ha jugado los mejores partidos de su vida. Porque el de este sábado ha sido uno de ellos. 


Cuesta ya ser original a la hora de definir actuaciones tan superlativas como la realizada por el mayor de Gasol ante Polonia, pero vamos a intentarlo. Pau ha sido el hombre que ha cambiado el curso del baloncesto español contando con un pequeño pero genial escudero que mortifica a sus rivales desde el exterior. Hablamos, claro, de Juan Carlos Navarro, ausente en esta cita debido a su ya crónica fascitis plantar. Bien, pues ante Polonia Pau Gasol se convirtió en él mismo y en Navarro. Nuestro dúo dinámico en un solo jugador. Nos mantuvo con vida durante todo el encuentro, cuando Polonia demostraba porque era una selección que tuvo contra las cuerdas a Francia y que nadie la había ganado en este torneo por más de tres puntos. Y finalmente rompió el partido en el último cuarto, cuando su exhibición exterior anotadora alcanzaba momentos de éxtasis más propios de jugadores de perímetro para firmar ese resplandeciente 6 de 7 en triples. 


Una victoria que nos permite alcanzar el objetivo mínimo de pelear por un puesto en el Pre-Olímpico (para ello valdría con una séptima posición) y que analizada en su contexto ideal hay que darle su mérito, con la ausencia de Rudy Fernández, a quien su hernia discal le ha hecho decir “basta”, veremos si momentáneamente, y con Pau Gasol tocado desde el primer minuto. Se dio el deseado paso adelante en defensa, e incluso vimos, por fin, a la selección haciendo defensa presionante en todo el campo, con la particularidad de que la punta de lanza de esta presión era... ¡Felipe Reyes! Al estilo de lo que ha hecho Laso con Slaughter, Scariolo utilizó al capitán de la selección para dificultar la subida de balón del base rival. Ya lo ven, finalmente Pablo Laso, con todo lo que se ha dicho sobre él, creando escuela.


Apareció Claver, en su versión más oscura pero necesaria: defensa y rebote. Se sigue apostando en exceso por la dirección de Sergio Rodríguez sin buscar alternativa. El Chacho tuvo momentos de zozobra (3 pérdidas de balón), pero respondió en los momentos claves. Seguimos creyendo que hay que dosificarlo mejor para que, precisamente, responda mejor. Mirotic, sin hacer ruido, sigue sumando y mucho (15 puntos y 8 rebotes con un buen 66.7% en tiros de campo... errado en el triple con 1 de 4, pero acertando sus 5 lanzamientos de dos puntos) y Llull va recuperando su mejor versión (12 puntos y 3 asistencias en 20 minutos) Las razones para el optimismo siguen centrándose en el ataque, pero se observa un cambio de actitud en defensa. Para bien o para mal esta es una selección acostumbrada a autogestionarse y a exigirse en los momentos decisivos. Saben medir la importancia de cada contexto, y suelen responder ante situaciones críticas. ¿Están demasiado acostumbrados a jugar con fuego? No lo sé. A todos nos gustaría ver a una selección que arrasase desde el minuto uno del primer partido, pero eso es sencillamente baloncesto-ficción. De nada vale realizar una primera fase brutal para luego caer en los cruces, como hemos visto en otras ocasiones. 



Sea como fuere, el partido de este pasado sábado será recordado siempre por la actuación de Pau Gasol, dando una de las mayores exhibiciones individuales del campeonato y una lección de compromiso que nos ha puesto la piel de gallina. Nos espera Grecia, rival siempre complicado y que llega a esta cita en un mejor momento que el nuestro, con una plantilla más completa y mejor dosificada. Son favoritos. Reconocer tal circunstancia puede ser el primer paso para nuestras opciones de triunfo.  

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