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jueves, 26 de junio de 2014

CALDERON KNICKERBOCKER


Calderón defendido por quien puede ser su nuevo entrenador, Derek Fisher.


“El rumor es la antesala de la noticia”, que decía José María García. Pues bien, aunque en la NBA la profusión de rumores es habitual y la gran mayoría no llegan a convertirse en noticias (más bien, la mayoría de negociaciones no acaban en firma), la posibilidad de José Calderón envuelto en un traspaso con destino a Nueva York ya es una realidad. El extremeño pone rumbo a La Gran Manzana, el mayor mercado baloncestístico del mundo, junto a Samuel Dalembert y dos segundas rondas del draft, y a cambio de Raymond Felton y Tyson Chandler, pívot que ganó el anillo con los Mavericks en 2011 y que parecía una de las prioridades de la franquicia de Mark Cuban, el reforzar el juego interior. Es la primera gran operación de Phil Jackson como nuevo general manager de los Knicks.


La noticia, en principio, parece positiva para la carrera de Calderón. Pero por otro lado no me gustan los visos que está tomando dicha carrera, incapaz de asentarse en ninguna plaza, y con el peligro de que el jugador comience a convertirse en habitual moneda de cambio de traspasos. Después de siete temporadas completas en Toronto, en la octava le vimos vestir la camiseta de Detroit Pistons, para la temporada siguiente hacer lo propio con la de Dallas, y ahora enfilar hacia Nueva York. En el transcurso de apenas dos años le hemos visto pasar ya por cuatro franquicias distintas. No es el primer español en recalar en el Madison Square Garden, templo universal de la canasta. Sergio Rodríguez en Febrero de 2010 también llegó a Nueva York vía traspaso, donde dentro de una agitada y nada consolidada carrera al menos con la elástica knickerbocker hizo algunos de sus mejores partidos NBA. El caso de Calderón es distinto. Llega con vitola de base titular (su competencia en el puesto a día de hoy serían Beno Urdí y su ex –compañero en Vitoria Pablo Prigioni) y con una merecida fama de base sobrio y eficiente, capaz de recuperar su mejor juego a las órdenes de un entrenador que fuera base mítico hasta hace bien poco como Derek Fisher. Ese mejor juego que no pudo demostrar en Dallas, donde Rick Carlisle le convirtió prácticamente en un especialista triplista por encima de director de juego (sólo 4.7 asistencias por partido, su peor promedio desde su año rookie, muy por debajo de las 8.9 que llegó a promediar en sus dos mejores temporadas como raptor) Es cierto que nuestro base internacional es uno de los mejores tiradores exteriores de la liga estadounidense a día de hoy, capaz de garantizar un éxito por encima del 40% desde la distancia más letal, pero nos gustaría verle recuperar su versión de director de orquesta. Veremos si su llegada es la primera piedra del nuevo proyecto neoyoquino bajo la dirección maestra de Phil Jackson, o es simplemente una estación de paso y es utilizado como moneda de cambio de aquí al comienzo del curso NBA. Lo cierto es que con los Knicks nunca se sabe.    


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