martes, 30 de junio de 2015

LA LEY DE LA CALLE



Street Ball Warriors



Recientemente se han disputado en Baku, capital de Azerbaiyán, los primeros Juegos Europeos de la historia, una especie de Juegos Olímpicos de gama baja limitados a nuestro continente, con algunas disciplinas olímpicas en liza y otras nuevas que bien pudieran haber visto en Baku un banco de pruebas de cara a obtener en el futuro dicha categoría olímpica. 

En el caso del baloncesto, con los consiguientes campeonatos de Europa de selecciones a celebrarse como cada año impar, no ha habido competición de baloncesto FIBA reglamentaria, pero si se ha celebrado un torneo de 3x3 (con cuatro jugadores por equipo), que reivindica el baloncesto callejero, la “pachanga” de toda la vida con colegas, pero en este caso con federaciones nacionales de por medio y jugándose medallas. Y hemos rascado chapa en ambas categorías, plata en masculino (perdimos la final contra Rusia) y bronce en femenino (Rusia, nuevamente, nos eliminó en semifinales, pero en el partido por el tercer lugar del  podio vencimos a Eslovenia) El nombre propio ha sido el de todo un jugón: Nacho Martín. El jugador pucelano del Estudiantes es un acérrimo defensor del “street ball” en todas sus vertientes, entre ellas el 3x3, además de seguidor de la cultura callejera en general (es un entusiasta del rap y del hip-hop), y un claro ejemplo de que el baloncesto en su esencia es por encima de todo un deporte de calle, de pueblo, alejado del elitismo con el que a veces aparece en los medios. Nacho ha acogido con entusiasmo la iniciativa de Baku y no se lo ha pensado dos veces a la hora de liderar a nuestra selección junto a otros tres jugadores no tan reconocidos como Juan Vasco (recién ascendido a Adecco Plata con el CB Deportivo Coín), Sergio de La Fuente (jugador del Valladolid y que llegara a ser internacional junior en su momento y ganador del 1x1 Red Bull), y Alex Llorca, jugador del Breogán y hace años internacional sub-20.   


Pero como decimos ha sido Nacho Martín el rostro más reconocible en Baku, habitual participante de 3x3 en todo tipo de torneos a lo largo y ancho del mundo, ha visto en estos Juegos Europeos una estupenda oportunidad para que esta modalidad adquiera una relevancia mediática que habitualmente no tiene. Y oye, que son otras dos medallas para nuestro basket.  

lunes, 29 de junio de 2015

NO BAJARSE DEL PODIO









La selección femenina absoluta entrenada por Lucas Mondelo finaliza su participación en el Eurobasket 2015 de Hungría y Rumanía colgándose al cuello un bronce que supone su séptima medalla en los últimos ocho campeonatos de Europa (sólo nos caímos del cajón en 2011), lo que da una idea de la regularidad competitiva que ha alcanzado un baloncesto femenino cuyo crecimiento ha sido todavía más asombroso que el del masculino, ya que si en hombres siempre hemos tenido buenas generaciones y aunque no ha habido éxitos continuados sí que durante la segunda mitad del siglo XX de vez en cuando rascábamos metal en algún torneo, en femenino hasta principios de los 90, con las Blanca Ares, Elizabeth Cebrian y compañía, no empezamos a conocer el éxito.   

Ha sido un brillante torneo para las nuestras, ganando el 90% de los partidos (9 victorias por una sola derrota, ante Francia en semifinales, aunque se sufrió más de lo esperado en cuartos de final ante Montenegro) y con Alba Torrens como máxima anotadora de la competición e incluida en el Quinteto Ideal del torneo. No pudimos en esta ocasión con la potencia gala, vengándose así las francesas de la final del anterior Europeo en el que conquistamos el oro ante las francesas que eran anfitrionas en un trepidante final de partido. No obstante las Yacobou, Gruda y compañía no supieron rematar la faena y una sorprendente Serbia se coronaba por primera vez en su historia campeona de Europa en femenino dejando a las francesas de nuevo con la miel en los labios. 

El bronce español tiene aún más mérito teniendo en cuenta que se afrontaba el torneo con la ausencia de Sancho Lyttle, posiblemente la mejor pívot del mundo y cuyo equipo WNBA, las Atlanta Dream, no ha permitido su concurso con nuestra selección. En ese sentido hay que reseñar el enorme trabajo realizado por la joven senegalesa Astou Ndour, quien ha suplido con garantías a toda una estrella como la jugadora de San Vicente y Las Granadinas. Al igual que sucede en masculino (y ahí tenemos el debate Ibaka-Mirotic), sólo se permite una jugadora nacionalizada, con lo cual y salvo cambio en la norma, Ndour debe esperar cuando Lyttle cuando esté disponible. Sería fantástico contar con ambas.   

Lucas Mondelo ha vuelto a realizar un fenomenal trabajo con unas jugadoras empeñadas en no bajarse del podio. El bronce es un éxito y nadie pone en duda tal afirmación. Pero echando la vista atrás y recordando nuestro anterior bronce masculino en el Eurobasket 2013, no puedo evitar seguir pensando que se fue injusto no sabiendo valorar aquel metal conseguido sin Pau Gasol, Navarro, Felipe Reyes, Ibaka ni Mirotic. La única explicación que encuentro para que el bronce femenino de 2015 sea un éxito y el bronce masculino de 2013 un fracaso (para algunos) es que el basket femenino, al ser menos mediático, puede trabajar más tranquilo sin tanto ruido e intoxicación alrededor. Esto no pretende ser una defensa de Orenga, cuya incompetencia quedó patente en el tristemente recordado partido contra Francia del pasado Mundial, pero sí una reivindicación de lo que fue otro éxito para el basket español y no se supo valorar como tal. 


En todo caso lo que esperamos es que esta medalla haya sido la primera de otro verano de recolección de metales para nuestro baloncesto en ambos sexos y en todas las categorías posibles.  

jueves, 25 de junio de 2015

PABLO LASO Y LA CUADRATURA DEL CÍRCULO



Pablo Laso y sus trece estrellas, un equipo para la historia.




Hay que frotarse los ojos a la hora de escribir esta entrada. Y es que no, no estamos soñando, la perfección existe, el curso soñado, la cuadratura del círculo, única manera posible para que el mejor proyecto de baloncesto madridista en los últimos 25 años gane, esperemos, de una vez el crédito necesario para no ser discutido ni torpedeado por un presidente con una peligrosa querencia por cortar cabezas, y por ende, por una parte de la afición (cada vez más pequeña, afortunadamente) que a imagen del líder de la secta vive instalada en una constante amargura incapaz de reconocer los méritos de los héroes madridistas y para la que nunca la vale nada (y para quienes esta temporada histórica no pasará de ser una anécdota y ya estarán exigiendo la décima Copa de Europa, como si fuera tarea fácil)


Duele ahora recordar todas las zancadillas que sufrió Laso el pasado verano por parte de ese presidente que ahora correrá a hacerse fotos con los títulos, duele recordar como desde que llegó el vitoriano atrapó a una gran parte de los aficionados apostando por un juego que hacía décadas no veíamos en el basket blanco mientras el sector resultadista disparaba los cañones negando la evidencia de que el baloncesto madridista iniciaba con Laso un camino que sólo podía conducir al éxito si se dejaba madurar la apuesta y crecer la confianza. Están en su perfecto derecho de celebrar los triunfos de esta temporada y subirse al carro de los que siempre creímos, faltaría más, en todo caso admito que me dan pena ya que se han perdido la alegría que hemos vivido transitando por este camino. Un camino de mucho trabajo,pero de incontable disfrute y diversión, y es que el baloncesto de Laso, por encima de resultados, convierte nuestro deporte favorito en la mejor fiesta posible que puede verse en los últimos cuatro años en el baloncesto FIBA (y en ese sentido recordamos que el juego de la pasada temporada, esa que los resultadistas calificaron de “fracaso”, ha sido hasta el momento la sublimación del juego blanco)


Antes de entrar a analizar estas finales resueltas de un plumazo por la exuberante maquinaria blanca, hay que seguir acordándose de los padres de esta idea. Siempre Laso por encima de todo, soberbio jugador en su momento, magnífico entrenador hoy día. Arquitecto de una ideología baloncestística basada en algo de “run&gun”, en baloncesto de ritmo alto, y en otorgar libertad a los jugadores en ataque (cuestión agradecida sobre todo por jugadores como los sergios, Rudy, o Carroll), pero también con un estupendo trabajo defensivo no lo suficientemente reconocido, y es que sin defensa no puede haber contrataque. En ese sentido aportaciones propias como la defensa “en diamante” o el convertir a Slaughter en un perro de presa capaz de hacer presión en todo el campo al base rival serían un par de buenos ejemplos de que Laso es un técnico maravillosamente anárquico cuando sus jugadores tienen la bola pero minucioso y detallista a la hora de preparar una defensa esculpida en el ferviente deseo de recuperar cuanto antes ese balón que los Sergio Rodríguez o Sergio Llull saben domar hasta conducirlo a besar las redes del aro contrario.


Pero no sólo en Laso se encuentran las claves del Real Madrid 2015, equipo que ha conseguido aunar de manera insultante calidad, confianza y testiculina (ésta última podrían sustituirla por una palabra más vulgar, con lo que podríamos hablar del Madrid “de las tres ces”) El deporte de alta competición necesita de un trabajo coral y no fundamentado en una sola opinión. Contra quienes mantienen que el entrenador debe tener poder absoluto y libertad para confeccionar rosters a su gusto, contratando y despidiendo a su antojo (tal y como sucedió con Messina en este mismo club), está la creencia (que personalmente defiendo) de que la puesta en común de distintas opiniones nacida desde la dirección deportiva enriquece la creación del equipo. En ese sentido recordemos que Laso pedía la renovación de Darden, eficiente profesional cuya entrega fue reconocida por los asistentes del Palacio, pero que ha sido superado claramente por un K.C.Rivers cuyas ráfagas anotadoras han sido absolutamente claves durante algunos de los momentos más importantes de la temporada. La llegada de Maciulis, al volver a ceder a Dani Díez, también se ha demostrado un acierto. La ausencia de Mirotic dejaba un vacío difícil de llenar, y cubrirla con un Nocioni entrado en años sembraba alguna duda entre los aficionados, quienes miraban de reojo y con envidia la contratación de Justin Doellman (uno de los mejores jugadores de la pasada temporada militando en las filas del Valencia y sin duda el mejor en su puesto) por el Barcelona, dudas resueltas de un plumazo cuando el argentino se consagraba como MVP de la Final Four europea. También había que capear la marcha de un jugador como Dontaye Draper, cuya calidad merecía más minutos que los que recibía como tercer base en el Real Madrid. En ese sentido la llegada de Facundo Campazzo no ha supuesto un salto de calidad en la plantilla, más bien al contrario, pero ha “liberado” al técnico vitoriano de repartir minutos entre tres bases de primer nivel, otorgando mayor protagonismo al Chacho y sobre todo a un Sergio Llull que a sus 27 años parece no conocer techo. El trabajo de los denostados Sánchez y Herreros en los despachos ha dado sus frutos, con la guinda de un Gustavo Ayon que ha tardado en demostrar su calidad y aún con todo lo gris que puede resultar el trabajo de un pívot en este Real Madrid diseñado para correr y lucimiento de los exteriores ha sido otro acierto y pieza básica en la rotación de Pablo Laso. Sánchez y Herreros han sido capaces de analizar las virtudes del pasado año en el que el juego del Real Madrid maravilló a toda Europa y pulir los defectos por los cuales “sólo” se coronó campeón de Supercopa y Copa del Rey, perdiendo la final de Euroliga ante un inferior Maccabi Tel Aviv (después de haber realizado uno de los mejores partidos de la era Laso en una descomunal semifinal ante un Barcelona fagocitado desde el minuto 1) Los directores deportivos del Real Madrid han otorgado al equipo actual de un colmillo fundamental para que Laso, cuadrando de nuevo el círculo, haya sido capaz de mantener un estilo de juego de gran valor estético pero con una madurez competitiva que le hace vivir imbuido de una confianza brutal en sus posibilidades. Da la sensación que cada vez que un jugador como Sergio Llull encara el aro rival lo hace sin que la palabra miedo haya figurado jamás en su diccionario, y es que como decíamos el Real Madrid 2015 es el Madrid “de las tres ces”. Calidad, confianza, y co...



Herreros y Sánchez, algo habrán hecho bien.


El rotundo 3-0 con el que los blancos despachan a su eterno rival, ese que parecía haberse reforzado mejor el pasado verano con Satoransky, Doellman y Pleiss, es la guinda perfecta a una temporada que debiera ya ser inolvidable para el aficionado (sobre todo inolvidable porque difícil será volver a vivirla) Una final resuelta de un plumazo. 120 minutos en los que habría que echar la cuenta de cuantos de ellos ha visto al equipo blanco liderar el marcador. Pocas veces se ha visto un dominio tan aplastante. Y eso que el primer punto se ganó en un partido que anticipaba mayor igualdad de la vista posteriormente. El Real Madrid dominaba en un sensacional primer cuarto para después mantener a duras penas las diferencias ante un Barcelona peleón que a pesar de verse once abajo (66-55 a falta de 6 minutos) se reenganchó al equipo gracias a un Hezonja demostrando porque la web nbadraft.net le sitúa como en séptima posición de cara al draft de esta noche. Una vez demostrado que el valiente y arriesgado “run&gun” de Laso se imponía, una vez, más al frío y cerebral academicismo de Pascual, el alero croata decidió deshacerse del corsé táctico y con tres triples seguidos lideró un parcial de 4-13 para poner a su equipo a dos puntos. Pero a este Madrid no le entra el miedo, y el Chacho se sacaba de la chistera una bandeja imposible para volver a pasar la presión al rival. El Madrid no cedería el mando y se llevaría el primer punto por 78-72, dando buenas sensaciones y con un gran Rudy (17 puntos y 4 rebotes), pero sin poder imaginar ni por asomo lo que acontecería dos días después.


Y es que en el segundo partido de las series finales el Madrid de la era Laso volvió a dejar otro partido para el recuerdo frente su rival histórico, otro match para las videotecas que acompañar a exhibiciones como la final de la Copa del Rey 2012 (74-91 en el primer título de la era Laso), o la semifinal continental de la Final Four 2014 (62-100 para los blancos) El 100-80 final es el reflejo de lo que se vivió desde el salto inicial. Un Real Madrid desbocado y liderado por ese potro llamado Sergio Llull, quien entre rumores de su marcha a la NBA se despachó con 24 puntos y 5 asistencias que cimentaron su candidatura a un MVP de las finales que de hecho consiguió (también lo hubiera merecido un Rudy Fernández muy regular durante los tres partidos) Sus cinco triples en el primer cuarto fueron la clave para ese 31-10 con el que finalizó el acto inicial del segundo partido. Un parcial del que el Barcelona no supo sobreponerse, evidenciando la incapacidad de Pascual para improvisar ante un baloncesto que le supera, el de velocidad de crucero que propone Laso. Y es que ante la libertad fabulosa con la que se exhiben los tiradores blancos, el técnico culé ha estado empeñado en seguir con su baloncesto arcaíco de balones al hombre alto, limitando las posibilidades de su magnífico juego exterior, a pesar de la ausencia de Juan Carlos Navarro, una vez más lastrado por su fascitis plantar crónica.


Con tres días de descanso, que tanto trabajo técnico como psicológico necesitaba por lado barcelonista, llegó el tercer y a la postre definitivo partido. Buena salida de un Barcelona empujado por un Palau buscando el milagro, pero un Real Madrid tranquilo y confiado en sus posibilidades no sólo no se descomponía si no que comenzaba a mandar en el marcador y en un gran segundo cuarto con protagonismo ofensivo de Carroll (ocho puntos en el segundo acto) estiraba la diferencia hasta los 14 puntos (34-48) Tras el paso por los vestuarios se vio al mejor Barcelona de toda la serie, maniatando en defensa a su rival y volando en ataque con un Abrines viendo el aro como una piscina. El tirador que Pascual necesitaba (la pregunta es, ¿se empeñó en buscarlo?) Una vez más, cuando el equipo azulgrana se veía perdido, un jugador decidió saltarse rigores tácticos y, simplemente, intentar meter puntos. Los de Pascual llegaron a anotar 33 puntos en el tercer cuarto ante un Real Madrid que se quedaba en 14 a punto de cerrar el acto. El 67-62 con el que parecía se iba a llegar al último cuarto era un botín extraordinario para un Barcelona que había visto esfumarse toda opción diez minutos antes. Pero no se pueden hacer cuentas cuando un tal Sergio Rodríguez está en la pista, y un triple imposible desde medio campo y a tablero dejaba un 67-65 que ponía las espadas en todo lo alto, como suele decirse. El Real Madrid había superado el mejor momento azulgrana, a Abrines se le agotó la pólvora, Pascual volvió al academicismo (balones a Tomic) y Carroll sacó el fusil para sentenciar, con canastas tan asombrosas como su palmeo a rebote ofensivo, con su 1.88 de estatura delante de un jugador como Justin Doellman (2.08) y ante la atenta mirada del siempre indolente en defensa Ante Tomic y sus 217 centímetros de calidad y desidia a partes iguales, o la canasta que ponía un ya insalvable 83-88 a pase de un trastabillado Felipe Reyes y después de otra exhibición de bote para buscarse el tiro propia de genios como Stephen Curry. Una canasta que sentenciaba el partido y la final y tenía el mismo efecto que la de Lampe el pasado año para darle la liga al Barcelona. Un Lampe, por cierto, desaparecido durante estas finales (en el tercer partido no llegó a disputar ni un minuto)


El Real Madrid cierra una temporada redonda en la que la coralidad ha sido una de las señas de identidad del equipo. Con Llull protagonista al principio y al final de la misma (MVP de Supercopa, primer torneo de la temporada, y de las finales de Liga), con Rudy MVP de la Copa del Rey, Nocioni MVP de la Final Four de la Euroliga, y Felipe Reyes MVP de la temporada regular. Nombres propios en una plantilla de, como bien dice Laso, trece estrellas. Y es que todos los jugadores han tenido su importancia y protagonismo. La evolución de Ayon, las exhibiciones anotadoras de Carroll, la magia del Chacho, no al nivel descomunal de la pasada temporada pero aún así decisivo, el trabajo sucio de Maciulis, las apariciones inesperadas de Rivers. Y personalmente quiero destacar la temporada de un jugador enamorado del escudo que defiende y que ha demostrado ser fundamental para Laso. Marcus Slaughter comenzaba un curso difícil, con Campazzo ocupando plaza de extracomunitario y dejándolo fuera del comienzo de temporada. Se le tramitó plaza “cotonou” (algo totalmente legal, consideraciones éticas al margen, y que de hecho el Real Madrid ha sido de los clubes que menos ha utilizado tal triqiñuela en comparación con el resto de equipos ACB) para la Copa del Rey, se la revocó posteriormente al tener por error el mismo expediente que Andy Panko (ya ven que lo de los pasaportes “cotonou” lo hacen por igual clubes grandes que pequeños), y volvió a ocupar plaza de extracomunitario, pero en esta ocasión por delante de Campazzo. Slaughter es uno de los elementos claves para un Laso que tiene en su cuarteto nacional (sergios, Rudy y Felipe) el fuerte de su guardia pretoriana. No vamos a entrar en polémicas, pero duele ver que en ausencia de Navarro el único jugador español y seleccionable con el que ha jugado el Barcelona los dos últimos partidos de la final haya sido Alex Abrines.    



Sergio Llull, ¿un MVP rumbo a Houston?



Loor y gloria para Laso después del injusto vapuleo al que era sometido a estas alturas de la pasada temporada, cuando parecía que el ahora defenestrado Pascual le había dado un repaso (eso tan socorrido para los resultadistas de “repaso táctico”), obviando que el principal error del Real Madrid la pasada temporada fue una mala planificación física que se notó en las finales ACB, además de algún posible “incendio” en el vestuario después de la decepción de perder la Euroliga ante el Maccabi. Tanto Laso como Pascual son magníficos entrenadores y han sido con grandísima diferencia los mejores técnicos de sus clubes en los últimos tiempos. Y esto no es una opinión, es una realidad que se constata echando un vistazo al palmares de uno y otro. En un análisis más sosegado si soy de la opinión de que a Xavi Pascual le puede el academicismo y la ortodoxia. Esa ortodoxia que nos sigue vendiendo el mantra de la necesidad de un pívot dominante para triunfar en el baloncesto de alta competición. Si así fuera, este Barcelona de las grandes torres Tomic y Pleiss hubiera arrasado en este curso recién concluido, en vez de finalizar, por vez primera en muchos años, sin un título nuevo que añadir a las vitrinas. Por contra este Real Madrid desbocado al ritmo que impone su caballo pura sangre Sergio Llull pasará ya a la historia como uno de los mejores equipos europeos de todos los tiempos. Casi nada.



Pablo Laso llegó al Real Madrid en verano de 2011. Enseguida dotó al equipo de una personalidad propia que atrajo a los aficionados que comenzaron a llenar el Palacio de Los Deportes como hacía tiempo que no se veía en el a menudo tan dejado de la mano de Dios (y de los directivos) baloncesto blanco. Ganó la Copa de 2012 con un partido inolvidable en Barcelona, recuperando un título que no se ganaba desde 1993, casi 20 años después, y llevó al equipo a las finales ACB donde compitieron contra el Barcelona como no había sido capaz de hacerlo en la era Messina. Para algunos no era suficiente y le pidieron más. Al curso siguiente se llevó la Supercopa y la Liga y se llegó a una final europea, escenario que no se pisaba desde 1995. Seguía sin ser suficiente y la espada de Damocles florentiniana, ese monstruo insaciable, pedía más. Se volvió a ganar Supercopa y Copa y se volvió a disputar una final europea, cosa que no se veía (repetir final continental), desde la época de Pedro Ferrándiz (años 67 y 68) Seguía sin valer. Ya sólo faltaba pedirle a Pablo Laso la cuadratura del círculo. Aquí la tienen. Ahora vuelvan a esconder el monstruo de donde nunca debió salir y dejen que el baloncesto siga su curso. Porque este curso nos puede llevar muy lejos... si le dejan, claro.     



Laso, de jugador a entrenador con ADN madridista y camino del mito.



jueves, 18 de junio de 2015

LASO VS. PASCUAL 4.0



Lleva un tiempo el baloncesto español (cuatro temporadas concretamente, desde la llegada de Pablo Laso al banquillo blanco) viendo como los dos clásicos de nuestro baloncesto se reparten los títulos nacionales en un bipartidismo que a corto plazo no parece vislumbrar su fin. Proyectos campeones como fueron el Baskonia de Ivanovic, el Unicaja de Scariolo o el Joventut de Aíto, se antojan impensables a día de hoy (y no ha transcurrido tanto tiempo desde aquello) El último gran asalto al poder lo protagonizó el Bilbao de Katsikaris eliminando en semifinales al Real Madrid de Messina/Molin. Desde entonces Real Madrid y Barcelona se han jugado las finales de todos los títulos domésticos en juego, excepto cuando el cuadro del torneo en cuestión les ha hecho enfrentarse anteriormente (Supercopa de la temporada 2011-12, semifinales, y los cuartos de final de la Copa 2013) De modo que de los últimos 12 títulos nacionales en estos últimos cuatro años (insistimos, desde la llegada de Laso), ambos equipos han disputado diez finales entre sí, ganando el Barça de Xavi Pascual dos de ellas (ambos títulos ligueros) y el Madrid siete (tres supercopas, tres copas y una liga, y eso que según algunos Pablo Laso es un perdedor de finales), queda por dilucidar quienes saldrán vencedores en la décima final entre dos técnicos que ya son historia en sus respectivos clubes, y que han sabido sofocar las rebeliones de asalto al poder establecido de equipos como el Valencia de Perasovic (o Durán) o el Unicaja de Joan Plaza. 


En el caso de Xavi Pascual incluso podríamos hablar de la época más exitosa del baloncesto culé, sólo comparable a la de Aíto, a quien siempre le faltó la Copa de Europa para rubricar una trayectoria espectacular, título que Xavi sí posee. Con sólo 42 años, y 7 temporadas al frente de la nave azulgrana, este ingeniero técnico industrial ha poblado las vitrinas del club con 4 ligas, 3 copas, 3 supercopas y 1 euroliga Sobre Laso, la exigencia de llevar las riendas del club más laureado de Europa, hace que en todo caso hablemos de reverdecer viejos laureles. No obstante la magnitud de lo conseguido por el vitoriano sólo aguanta la comparación con los dos grandes mitos del banquillo madridista: Pedro Ferrándiz y Lolo Sainz. Sobre el “hall of famer” Ferrándiz sólo cabe ponerse de pie. Un nombre propio que evoca el baloncesto con mayúsculas. Entrenador del Real Madrid durante prácticamente década y media y ejemplo, por desgracia hoy día impensable, de longevidad en un banquillo. Los frutos de su trabajo se tradujeron en 12 ligas, 11 copas y 4 copas de Europa. Y también perdía finales. De hecho en Copa de Europa perdió cuatro, incluyendo las dos primeras (sí, como Laso) Su alumno aventajado fue Lolo Sainz, primero como jugador y posteriormente como técnico, sucesor natural del maestro Ferrándiz y que en otro ejemplo de continuidad en un proyecto (y un proyecto ganador) fue primer entrenador del Real Madrid de baloncesto durante 14 temporadas, saldadas con 7 ligas, 2 copas, 2 copas de Europa, 2 recopas, una Korac y un mundial de clubes. Y también perdía finales (en Copa de Europa perdió tres) Dudo mucho que en el Madrid actual, con la espada de Damocles de Florentino Pérez blandiendo constantemente sobre su cabeza (miren a Ancelotti), Laso pueda llegar a los años (y por tanto los títulos) de los dos grandes mitos del banquillo blanco (pero el citado presidente Pérez, al que tanto le gusta hablar de madridismo, debería repasar un poco la historia del club para saber valorar lo que supone jugar finales… aunque muchas veces se pierdan), pero si obviamos a los grandes símbolos que son Ferrándiz y Sainz, la trayectoria de Laso tritura completamente a sus antecesores, y no hablamos de unos nombres cualesquiera: Scariolo, Imbroda, Lamas, Maljkovic, Messina… ninguno de ellos aguanta mínimamente la comparación con Laso, un entrenador del que resultaría sonrojante y de auténtica vergüenza ajena repasar las hemeroteca y leer la cantidad de despropósitos que se escribieron a su llegada al banquillo blanco. Conscientemente hemos evitado el nombre de Joan Plaza al ser tema aparte, no sólo por ser el único técnico en haber ganado títulos para el Real Madrid antes de la contratación del vitoriano, sino porque el suyo no era un nombre contrastado todavía en los banquillos continentales (cosa que espero haya cambiado y nadie dude ya que Plaza es uno de los grandes)      



Los mitos madridistas



Plaza y Pascual podían haberse convertido en los Sainz y Aíto de este siglo. Los herederos de la rivalidad más enconada y apasionante de nuestro baloncesto. Al bueno de Joan no le dejaron. Pablo Laso, a pesar de todas las zancadillas recibidas, aguanta el envite como buen vasco y los aficionados lo agradecemos. Su baloncesto además de ganar títulos obtiene la victoria no cuantificable del buen gusto por el juego, y de llenar (esto sí es cuantificable, y en el club lo saben, razón de más para no entender que se ponga en duda al vitoriano) el Palacio de Los Deportes. 


No han tenido un camino final ambos equipos para citarse de nuevo en la gran final. Y es que hemos vivido unas semifinales sencillamente espectaculares. Los cuatro partidos entre Real Madrid y Valencia fueron un regalo para los aficionados. Los blancos ganaron el primer partido con relativa facilidad, con un gran Rudy Fernández (18 puntos y 7 rebotes), pero vieron como a los dos días el Valencia asaltaba el Palacio en un auténtico partidazo en el que los taronja llegaron a ganar hasta de 17 puntos y no se descompusieron cuando los de Laso llegaron a culminar una brutal remontada gracias a un Llull descomunal (28 puntos y 7 asistencias) Un partido maravilloso con un Valencia soberbio, un Real Madrid épico, y un final a cara o cruz. Nada comparable a lo vivido en los dos partidos siguiente en La Fonteta. Con el factor cancha roto, el conjunto de Carles Durán pudo poner al Real Madrid contra las cuerdas. Pese al gran arranque madridista, con un Felipe Reyes anotando ocho puntos en un abrir y cerrar de ojos (incluyendo dos triples), los taronja dieron otro recital de buen baloncesto llegando a ponerse diez arriba en el último cuarto con Guillem Vives haciendo méritos para la selección (fenomenal serie semifinal la suya) Nuevamente apareció la épica madridista para un equipo tan acostumbrado a las remontadas como los blancos esta temporada, empatando el partido antes de la polémica última canasta de Harangody con la posesión cumplida. En el tiempo extra siguió la igualdad y el partidazo y Llull sentenció con un triplazo que le vuelve a situar como el mejor jugador ACB en la actualidad a la hora de cerrar partidos. Murió matando el cuadro de Durán, en un cuarto partido resuelto por el Madrid con menos apuros que los dos anteriores, pero en que los locales siempre tuvieron opciones. Todavía siguió la polémica cuando el técnico taronja aseguró que alguien falsificó la firma de Pablo Laso para falsear el acta del tercer partido en la que no estaba inscrito Marcus Slaughter, pese a que jugó y de hecho fue clave en los momentos previos a la prórroga y en la remontada madridista. Gran final de temporada del Valencia en manos de Carles Durán con el mérito añadido de la lesión de Loncar en el primer partido y ausente el resto de la serie, y de los problemas físicos de Pau Ribas quien faltó en dos encuentros de las semifinales. A pesar de eso Durán no continuará como primer entrenador y volverá a labores de ayudante. Las semifinales ACB coincidieron con el comienzo de las finales NBA, y realmente hubimos de admitir que los partidos entre Real Madrid y Valencia estaban ofreciendo un espectáculo mayor que la lucha por el título estadounidense, donde imprecisiones, nervios, y la imposición del ritmo farragoso de Cleveland en aquellos primeros partidos apenas produjo espectáculo.   


El Barcelona parecía capaz de imponerse por la vía rápida y sin excesivos apuros ante un Unicaja que ya había dado muestras de flaqueza con su mal final de temporada regular (después de curso y medio fabuloso) Los de Plaza caían apalizados en los dos partidos de la Ciudad Condal, por 31 y 21 respectivamente. Sumando liga regular y play offs eran nada menos que nueve derrotas en doce partidos. Nadie podía haber presagiado que los malagueños, en una demostración de orgullo y de trabajo bien hecho de Plaza (aprendiendo de los errores de los dos primeros partidos), iban a empatar las series y viajar de nuevo al Palau para ser capaces de dominar el choque definitivo durante varios minutos, a pesar de la tempranera lesión de Fran Vázquez, quien tiró de heroíca para volver a pista. Partido con muchas alternativas y que sirvió para traer de vuelta a Juan Carlos Navarro. El gran capitán azulgrana sigue decidiendo partidos y suyo fue el triple que a falta de 19 segundos ponía tres arriba al Barcelona pasando toda la presión a un Unicaja que lo intentó con Carlos Suárez con un triple errado saliéndose de dentro. De aquel triple de Ansley que le hubiera dado la liga en 1995, al triple de Suárez que quizás les hubiera dado una final en 2015. Podría resumirse así la historia del club malagueño en estos últimos 20 años, recordando que la proeza no conseguida de finales del pasado siglo anticipaba la gloria venidera, con la Korac de 2011, la Copa de 2005, y la liga de 2006. Después de eso varios años de proyectos frustrados, tocando fondo con la ignominiosa temporada de Jasmin Repesa, hasta la llegada de Joan Plaza quien les ha vuelto a situar entre los grandes de nuestro basket. 



Aunque si hablamos de los auténticos grandes, el terreno parece exclusivamente limitado a los dos grandes clubes de fútbol, los cuales en tan buenas manos como las de Laso y Pascual apenas dejan espacio para la entrada de alternativas. Y es que pese a lo que piensen algunos, no todos valen para entrenadores de Real Madrid y Barcelona, y quien lo dude no tiene más que ver lo erráticos que han sido algunos proyectos que manejando los presupuestos elevados que siempre manejan ambas entidades y en manos de entrenadores de relumbrón, han fracasado, ya no siendo incapaces de levantar títulos, si no siquiera de llegar a finales, y aún peor, con un juego para el olvido. Disfrutemos pues, una vez más, del duelo entre nuestros mejores.    


Xavi y Pablo echan otro pulso

miércoles, 17 de junio de 2015

RICK BARRY YA NO ESTÁ SOLO


Iggy y Steph ya son leyenda.



Han tenido que transcurrir 40 largos años para que en el Olimpo particular de los dioses de Golden State Warriors alguien haya podido mirar de tú a tú al mítico Rick Barry. Y ese alguien es Stephen Curry, MVP de la temporada regular, campeón del concurso de triples y líder de un equipo que ha llevado a las finales. No entra solo en tal categoría ya que le acompaña un Andre Igoudala MVP de las finales (en mi opinión de manera injusta, pues pese a no conquistar el título, tal y como Jerry West en las finales de 1969, nadie merecía más ese galardón que un LeBron James caballeroso en la derrota felicitando y abrazando a su paisano y rival) Curry se lleva el particular duelo de Akron, rodeado de un colectivo espectacular y superior al que ha arropado a LeBron en esta batalla, pero King James nos deja una actuación para la historia que debería eliminar cualquier atisbo de duda sobre que nos encontramos ante uno de los más grandes jugadores de todos los tiempos. Sus 35.8 puntos, 13.3 rebotes y 8.8 asistencias son números que prácticamente sólo se pueden conseguir en la play station, no en unas finales de la NBA ante un equipo con el octavo mejor balance de todos los tiempos en temporada regular. Con tan sólo 30 años ha rebasado la cifra de 5000 puntos anotados en play offs, cosa que anteriormente a él sólo habían conseguido Michael Jordan, Kareem Abdul-Jabbar, Kobe Bryant, Shaquille O’Neal y Tim Duncan.   

Ciertamente a partir del cuarto partido las finales no han tenido demasiada historia, y pese a ser capaces de los Cavaliers de no descolgarse en el marcador hasta bien transcurrida la segunda parte, la progresión ascendente de los Warriors, con un Curry en su mejor nivel especialmente en el quinto (37 puntos), ha contrastado con la descendente de unos Cavs cansados y decaídos, como dice la canción de Los Negativos, bueno, decaídos no tanto ya que su espíritu de lucha ha sido encomiable, pero la estadística es clara, Golden State ha ganado cuatro de los seis últimos cuartos de las finales y empatado otro, sólo han perdido el último parcial en el sexto y definitivo encuentro cuando los triples a la desesperada de Iman Shumpert encontraron el aro, pero con el marcador bastante bien encarrilado. El acumulado de esos últimos cuartos habla de un 179 a 146 a favor de los de Steve Kerr. La conclusión es clara, según transcurrían los minutos de cada partido el terreno se abonaba más favorable a Golden State, más que por frescura propia, por debilidad del rival.

En el duelo de entrenadores novatos Kerr se ha llevado el gato al agua, cierto es que con una plantilla con más recursos que su homólogo, pero sin miedo a tocar distintas teclas y dar protagonismo en un momento dado a cualquiera de sus jugadores (Barbosa y Livingston, fundamentales desde el banquillo, Ezeli, con protagonismo anoche, David Lee gloriosamente recuperado para la causa, los finalmente desaparecidos Bogut y Speights aportando al comienzo de las series… y por supuesto ese quinteto que figurara ya por siempre en la memoria de los aficionados: Curry-Thompson-Igoudala-Barnes-Green) Su capacidad de improvisación ha sido superior que la del estadounidense-israelí. Se ha hablado mucho sobre la inexperiencia de los Warriors en estas finales, y como eso podría suponer un hándicap para los de Oakland, pero convendría recordar que Steve Kerr como jugador ha ganado nada menos que cinco anillos de campeón, al lado de mitos como Jordan y Duncan, y entrenador por técnicos como Phil Jackson y Gregg Popovich. Seguro que algo habrá aprendido. 

Y aunque un tanto polémico su nombramiento como MVP, ya que sus números no han sido los mejores de las finales (igualmente polémico lo hubiera sido para LeBron, al no llevar a su equipo al anillo), hay que destacar el grandísimo trabajo de un Andre Igoudala a quien después de once años de carrera le ha llegado la oportunidad de ser fundamental a la hora de conseguir un título de campeón. Un auténtico todoterreno que fuera jugador franquicia de los Philadelphia 76ers durante ocho temporadas hasta su traspaso a Denver dentro de la operación que llevó a Andrew Bynum, ese pívot de cristal, a la ciudad del amor fraterno. Posteriormente un “sign and trade” le haría recalar en Oakland, donde en su segunda temporada se ha asegurado un lugar en la historia de la mejor liga de baloncesto del mundo. 


LeBron James volvía a llevar a Cleveland a unas finales desde que lo hiciera en 2007 tras vencer en la final del Este a los durísimos Detroit Pistons de Billups, Hamilton, Prince y los Wallace (en realidad sólo Rasheed, Ben ya estaba en Chicago), un equipo que había marcado época y había sido campeón en 2004. Y da la sensación de que ocho años después ha llegado todavía más solo que en aquella ocasión. Cuatro finales perdidas son demasiadas para el mejor jugador de su era, quien sigue reventando registros en lo individual, pero no acaba de encontrar un lugar hegemónico en la liga. Un rey sin reinado. Es inevitable sentir cierta simpatía por una franquicia tan lastrada por la mala suerte como Cleveland Cavaliers, sumida en una maldición que se muestra en un calendario que ha visto pasar las hojas de nada menos que 51 años de historia, desde que los Browns ganaran la NFL, sin que ninguno de sus grandes equipos (Cavaliers en la NBA, Browns en la NFL y los Indians en la MLB) haya ganado un título. La sede del condado de Cuyahoga sigue siendo la población perdedora por antonomasia del deporte estadounidense. Quizás por eso haya sido una de las ciudades con una de las escenas punk más impresionantes de todos los tiempos. Pero en esta ocasión ha triunfado la psicodelia californiana.    



Dead Boys, banda epítome del punk de Cleveland

martes, 16 de junio de 2015

WHEN COACHING MATTERS


Seguimos desgranando las finales de la NBA partido a partido, en este caso vamos con los encuentros 4 y 5. No hemos podido dedicarles a cada uno una entrada por separado. Cuestiones de calendario, trabajo y fin de semana. 


Tenemos que admitir dolorosamente que no están siendo unas buenas finales en cuanto a la calidad del juego. A falta de espectáculo tenemos que quedarnos con la épica de LeBron y sus Cavaliers, luchando contra los elementos, y algunas consideraciones tácticas con ambos entrenadores, sobre todo Kerr, buscando alternativas a lo que pudiera parecer el guión preestablecido. Los grandes sacrificados vuelven a ser los pívots puros, demostrando una vez más que pese a lo que clamen los ortodoxos es la posición menos decisiva en el baloncesto actual… o visto de otra manera, la que más, debido precisamente a la escasez de pívots que si sean decisivos. El equipo que cuente con un elemento así sabe que cuenta con un tesoro, pero en la mayoría de los casos lo único que se consigue es llenar las zonas con centímetros y kilos sin apenas aportación al juego. 


El primero en mover ficha fue Steve Kerr, obligado a ello al llegar al cuarto partido por debajo en las series (con 1-2 a favor de Cleveland) El movimiento fue tan sencillo como prescindir de su cinco, Andrew Bogut, para dar la titularidad a un jugador exterior pero tan polivalente como André Igoudala. Una decisión que se ha alabado otorgando la importancia que se merece a uno de sus ayudantes, Nick U’Ren, a quien al parecer se le encendió la bombilla viendo videos de las finales del pasado año imitando a Popovich cuando cambió el curso del guión al confiar en Boris Diaw (otro ejemplo de polivalencia) en lugar de un cinco clásico como Tiago Splitter. En realidad estoy convencido de que muchos aficionados, sin dedicarnos profesionalmente a esto, sabíamos que era una opción muy válida (Kerr, dame trabajo) Podríamos recordar también el brillante movimiento de Rick Carlisle en las finales de 2011, cuando dio rol de titular a Juan José Barea, inventándoselo de escolta con su 1,83, y haciendo coincidir en pista a Jason Kidd, Jason Terry y el citado Barea durante muchos minutos de los partidos, después de verse 2-1 abajo en unas finales que acabaron ganando 2-4. Carlisle honraba así a su maestro Chuck Daly, ganador de dos anillos con los Detroit Pistons utilizando en cancha al mismo tiempo a un base como Isiah Thomas junto a otros dos “bajitos” como Joe Dumars y Vinnie Johnson.       


Esos locos bajitos



La decidida apuesta por el “small ball” (tan ligado históricamente a la franquicia californiana desde los tiempos del maravilloso Don Nelson) de Steve Kerr nos dejó el mejor primer cuarto, hasta el momento, en estas finales de los Warriors. Y eso a pesar de encajar un 0-7 de salida ante el delirio de la afición Cavalier, convencida de que sus jugadores eran superhombres inmunes al cansancio. La tozuda realidad empieza a demostrar lo contrario, según transcurren los partidos Golden State va encontrando cada vez su mejor juego, mientras que las piernas de los de Ohio cada vez responden menos. Leyes de la naturaleza. Curry calentaba la muñeca, acompañado de Igoudala, y Kerr volvía a echar mano antes de acabar el cuarto de un All Star venido a menos como David Lee. Por muchos problemas y lesiones que haya tenido sigue siendo un jugadorazo y su proporción entre minutos en pista y producción para su equipo está siendo una de las claves en el resurgir Warrior en estas finales. Los 31 puntos anotados por el equipo del MVP de la temporada regular demostraban que Kerr acertó con el “small ball”.


Cleveland está reboteando mucho y bien en estas finales (destacando Tristan Thompson), encontrando un sostén para no descolgarse definitivamente de los partidos hasta los minutos finales. El cuarto partido no fue una excepción, con el añadido de encontrar a un Timofei Mozgov que aprovechó la ausencia de Bogut (sólo 3 minutos en pista) para campar a sus anchas y realizar el mejor partido de su carrera NBA (28 puntos y 10 rebotes) Del todo a la nada para el ruso, que pasó de su partidazo en el cuarto encuentro a disputar tan sólo nueve minutos en el quinto. ¿La razón? La respuesta de Blatt al “small ball” de Kerr, sacrificando a su hombre alto y dando más minutos al ciclotímico J.R.Smith y sus 14 triples intentados (acertó en 4) Le salió bien la jugada al ex del Maccabi, ya que los Cavaliers mantuvieron opciones de ganar el partido hasta prácticamente los últimos tres o cuatro minutos del mismo. Claro que también tuvo la culpa un LeBron James de nuevo en su versión extraterrestre. Otro triple-doble descomunal (40 puntos, 14 rebotes y 11 asistencias) para el jugador de baloncesto total, pero cuyas actuaciones históricas constatan que esto es un deporte de equipo. Es el mejor del mundo, pero a la hora de enfrentar las fuerzas de jugadores como Dellavedova (dieron las doce en su particular cuento de Cenicienta y la carroza volvió a ser calabaza), Shumpert o James Jones frente a los Curry, Igoudala o Klay Thompson, la desigualdad es tan manifiesta que sólo queda quitarse el sombrero ante el hecho de que estos Cavaliers hayan sido capaces de ganar dos partidos en estas finales. 



No olvidemos que el balance de 67-15 con el que Golden State Warriors finalizaba la temporada regular es la octava mejor marca de todos los tiempos, empatados con los Celtics de 1986, los Bulls de 1992, los Lakers del 2000, y los Mavericks de 2007. Aun así estos mermados pero corajudos Cavaliers están siendo capaces de plantarles cara, por suerte para el espectador imparcial, y obligando a Steve Kerr a tirar de repertorio. Repertorio que debería ampliar Blatt, pese a lo limitado de su armamento. Aunque suene políticamente incorrecto, es totalmente lícito en un momento dado utilizar jugadores residuales para permanecer cinco minutos en cancha y dar un par de hachazos al rival y buscar su desgaste. Hablábamos de Rick Carlisle y los Dallas campeones de 2011. Otro de los elementos claves (aparte de en general una mayor rotación y mejor uso del banquillo) para aquel triunfo frente a los Miami de Wade, LeBron y Bosh fue saber utilizar en un momento dado a ese “extraño elemento” llamado Brian Cardinal. “The Custodian” era un jugador limitado incluso para la liga ACB (apenas promedió cinco puntos y cuatro rebotes por partido en sus cuatro apariciones con la camiseta del Pamesa Valencia), o sea que imagínense en la mejor liga de baloncesto del mundo. Eso no fue óbice para que en las tres victorias consecutivas con las que Dallas remontó el 2-1 de aquellas finales jugase 7, 9 y 12 minutos respectivamente, dándole un poco de “calor” a LeBron James y anotando incluso algún triple. Se puede ganar un anillo con jugadores como Cardinal, igual que se puede con jugadores como Brendan Haywood, Kendrick Perkins, o un casi retirado Shawn Marion. Lo que no se puede es ganarlo con siete jugadores. Si las finales son una guerra, todo soldado es válido, y más cuando te enfrentas a un ejército que sabes que es superior en calidad.    


Brian Cardinal, en el amor y en la guerra... 

jueves, 11 de junio de 2015

ROBIN ENTRA EN ESCENA


Ciudadanos de Gotham City, ¡Bat-Man y Robin han vuelto!



En 1940 los padres de Bat-Man, Bob Kane y Bill Finger, junto al dibujante Jerry Robinson, crearon la figura de Robin, a partir de entonces compañero de fatigas del mítico Caballero Oscuro en su lucha contra el crimen. La idea era atraer a un público aún más juvenil (el Robin original contaba con tan solo 12 años), con un personaje que sirviera de contrapunto a la oscuridad del hombre murciélago. Así Robin fue concebido como un fiel escudero inasequible al desaliento incapaz de dejar en la estacada a su mentor y a la vez amigo, con unas características más alegres que el sombrío carácter del frío Bat-Man. La sociedad Bat-Man & Robin ejemplifica perfectamente el subgénero de ficción que en cine recibe el nombre de “buddy movies”, cuyos antecedentes podríamos situar incluso hasta en nuestro Quijote, con su infatigable y bonachón Sancho a su lado, y que actualmente explota el filón de pareja, normalmente policiaca o detectivesca, en la que uno de los protagonistas suele ser un negro lenguaraz que sirve de contrapunto al serio e incorruptible poli blanco. Un ejemplo exitoso de “buddy movie” reciente, aunque en formato televisivo, ha sido el de la serie de la HBO “True Detective”.   

Las finales de la NBA, tan propensas al espectáculo y a lindar en sus acciones con todo tipo de épicas narrativas, ha encontrado su particular “buddy movie” dentro del vestuario de los Cleveland Cavaliers. Y es que quien le iba a decir a LeBron James, después de protagonizar asaltos al anillo con jugadores como Dwyane Wade, Crish Bosh, Kyrie Irving o Kevin Love, que iba a encontrar a su compañero más fiable en un anodino base australiano rechazado en el draft de la NBA y cuya aportación en la cancha está siendo fundamental tanto para el éxito de su equipo como para minar la moral del rival (ambas cuestiones que lógicamente van de la mano, cuando hablamos de unas finales) 

Si la lesión de Kevin Love fue vista con no demasiado desagrado por parte de algunos aficionados, asegurando que sin el californiano los Cavs iban a jugar mejor debido a su indolencia defensiva, su individualismo y su excesiva (para un power-forward) tendencia al lanzamiento exterior, y permitió demostrar la valía de un Tristan Thompson que aún con lo limitado y rudimentario de su juego se presenta como puntal Cavalier por su lucha bajo tableros y en especial por su facilidad para el rebote ofensivo, más sorprendente resulta la reacción del equipo de David Blatt después de perder a su segundo hombre en importancia tras LeBron, el base Kyrie Irving. Cabe preguntarse ahora si con Irving en cancha, por muy capaz que sea de martillear el aro rival, el conjunto de Ohio hubiera sido capaz de poder desquiciar a todo un MVP como un Stephen Curry, cuya frustración en estos dos últimos partidos ha sido evidente y sólo ha encontrado ramalazos de su genio en el último cuarto del Game 3, con 17 puntos anotados en ese periodo en el que su equipo entraba, casualmente, 17 abajo. 

Y es que Matthew Dellavedova se ha convertido en el inesperado protagonista de estas series finales, por encima incluso de un LeBron James lanzado hacia la historia camino de hacer los mejores números jamás vistos en unas finales (40 puntos, 12 rebotes, 8 asistencias, 4 robos y 2 tapones ha sido la tarjeta del tercer partido) Pero lo de King James es una explosión anunciada, el MVP de la temporada habrá sido Curry, pero como dice la canción, “sigue siendo el rey”. Sin embargo Dellavedova, con ese aspecto de universitario recién salido de una “sitcom” de sobremesa, cumple la demanda de una parte del público necesitada de estas historias de cenicientas y patitos feos. Si en el segundo partido de la serie se ganaba al aficionado gracias a su trabajo defensivo ante Curry y una encomiable lucha que le hacía convertirse en el héroe del partido gracias a sus tiros libres después de luchar un rebote ofensivo, una vez trasladadas las series al Quicken Loans de Cleveland su juego alcanza una dimensión aún mayor al mostrarse como eficiente arma ofensiva. De hecho sus 20 puntos, que le situaron como segundo anotador de su equipo por detrás del omnipotente LeBron son la mejor marca anotadora de su carrera en la NBA. No podía haber elegido mejor momento para ello. Cada punto del australiano era jaleado por un pabellón enloquecido con su nuevo ídolo, quien al grito de “¡Delly, Delly, Delly!” dejaba por igual bombas a lo Navarro que triples, o hasta palmeos tras rebote ofensivo. Su sociedad privada con su Bat-Man particular quedaba sellada al servir un escalofriante alley-oop a LeBron para hundir en la miseria a un ya posterizado Klay Thompson. Eran los momentos de la tormenta Cavalier, que llegó a tener una diferencia de 20 puntos (48-68 rozando el final del tercer cuarto), recortada en el acto definitivo por unos Warriors que espoleados por un desesperado Curry llegaron a ponerse a un punto, 80-81 tras un triple del MVP, quien con todo perdido y en modo kamikaze ofreció su mejor juego en el partido.   

Pero las señas de identidad de Dellavedova se mantienen intactas, pese a su nueva y desconocida faceta de anotador. Su brío defensivo, su entrega y lucha por cada balón en el aire o en el suelo y frente a rivales más poderosos físicamente ha contagiado a su equipo y afición, que sigue haciendo frente a las dificultades de las bajas, incluyendo la esporádica de un Iman Shumpert mermado que se retiró dolido tras golpearse con Draymond Green en el primer cuarto, para volver a la cancha entre la ovación de su público. Cleveland ama a sus guerreros, pero parece que lesionarse es la única manera de poder tomar un descanso en este equipo, ya que aún tocado Shumpert se fue a los 32 minutos de juego. Siete menos que un Dellavedova que, al igual que el escolta de Oak Park, acabó en el hospital a consecuencia del trabajo realizado. Ambos jugadores esperan ser de la partida para el cuarto partido, pero el esfuerzo Cavalier comienza a ser sobrehumano.   

Cleveland se coloca con ventaja 2-1 en las finales, pero las casas de apuestas siguen dando como favoritos a los Warriors. Tiene su lógica y todo hace pensar en una remontada californiana, como sucediera en semifinales de conferencia cuando Memphis les ganó dos partidos seguidos y tuvieron que levantar la serie con el factor cancha roto. El principal argumento para pensar en ello es simple y llanamente que son mejor equipo. Steve Kerr parece contar de mejores y más numerosos efectivos, incluso recuperando a un David Lee pletórico en los trece minutos que permaneció en cancha, aportando once puntos (sin fallo en tiros de campo), cuatro rebotes, dos asistencias y un robo. Y ojo a este dato, con un brutal +17 para su equipo en el parcial resultante de su presencia en cancha. Claro que eso ha supuesto el ostracismo para un jugador como Marreese Speights del que Kerr también va a necesitar su aportación.   


Nos sigue pareciendo imposible que en el baloncesto de hoy día se puedan ganar unas series finales de la NBA con una rotación de tan sólo ocho jugadores, que son prácticamente siete ya que Mike Miller ha tenido una participación bastante testimonial. Los números son elocuentes. LeBron permanece en pista 47.3 minutos por partido. Tristan Thompson 43.3. Con Shumpert y Mozgov ya se alcanza cierto rango de normalidad, con sus 43 y 31.3 minutos por partido respectivamente. El heroico Dellavedova “sólo” 30 por partido, pero desde la lesión de Irving son 40.5 en los dos últimos partidos. JR Smith se va a unos 34.6 minutos, más propios de un titular que de un sexto hombre. Demasiada batalla en las piernas. Claro que con Bat-Man y Robin juntos, todo es posible.