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miércoles, 22 de junio de 2011

EL PEQUEÑO DRAGÓN Y EL NOBLE Y PODEROSO SIRVIENTE

Para la jornada de hoy tenemos una entrada de esas que se puede calificar como "off-topic", y es que  aún buscando un hilo conductor en el mundo de la canasta, nuestra nueva actualización se mueve por otros derroteros distintos al del deporte del baloncesto, pero igualmente atractivos para quien esto escribe.   

Pura iconografía 70's... Bruce Lee volando por encima de Kareem con el chandal amarillo  que Tarantino saquearía  años más tarde para "Kill Bill".


La Sexta 3, una de las tres cadenas de TDT de La Sexta, y que con acierto (pero con la infamia de los anuncios y los comerciales destrozando las emisiones de los largometrajes) se ha convertido en una especie de canal temático cinematográfico, está ofreciendo este mes un pequeño ciclo de artes marciales centrado sobre todo y como no podía ser de otro modo en la figura de Bruce Lee. El ciclo sabe a poco para quien sea buen aficionado al género y a estas disciplinas, pero menos es nada, y además sirve para traer un poco encima de la mesa estos temas tan apasionantes, para ponerlo, aunque sólo sea un poquito, "de moda", luego bienvenido sea. Así esta noche está programada la emisión de "Juego con la muerte", la película inconclusa del bueno de Bruce, una de sus obras más personales, lo que iba a ser su testamento definitivo sobre la concepción del Jeet Kune Do, el arte de lucha que el propio Pequeño Dragón creó, siempre a partir del resto de artes marciales conocidas, buscando en definitiva un propio estilo que mejor se adaptase a el mismo. Finalmente y tras haber rodado Lee menos de una hora de película, de la que se aprovechan poco más de diez minutos para el montaje comercial final explotado por Raymond Chow, la productora Golden Harvest, y Columbia como distribuidora, la película final que nos llega es un ejercicio de rapiña y explotación sobre la idea original de Lee y ese metraje inédito, uniéndose a todo el bizarro y vergonzante "bruceploitation" que ya salpicaba las carteleras de nuestros cines de barrio, pero en esta ocasión como film oficial dentro de la filmografía del prematuramente desaparecido astro de las artes marciales. ¿Y qué tiene que ver todo esto con el baloncesto?, se estarán preguntando. La presencia en la película del gran Kareem Abdul-Jabbar. 



Bien, tras confirmar que estáis en "El tirador melancólico", vuestro blog amigo, y no os habéis equivocado de página, sigamos con el tema. Bruce Lee es para mí uno de los personajes más importantes, influyentes e impactantes de toda la historia de la humanidad. Esto lo pienso lógicamente desde mi total subjetividad, pero aunque el lector no sea aficionado a las artes marciales, ni haya practicado kung-fu en su vida, ha de admitir que nos encontramos ante un auténtico icono pop, una figura clave de la iconografía y cultura popular de los primeros 70 al estilo del Elvis de Las Vegas o el Marlon Brando de "El Padrino". Una figura de culto que ha sido explotada hasta la saciedad en posters, camisetas o anuncios de tv, para prueba de la paciencia de los muchos seguidores del genio de origen cantonés, que hemos asistido con desesperación al penoso espectáculo de ver como una de sus sentencias se convertía en chascarrillo para el papanatas de turno. Ciertamente en Bruce Lee encontramos un personaje que trasciende la figura pública de artista marcial o estrella de cine, en realidad un filósofo (matriculado en la Universidad de Washington), un pensador, un sujeto embarcado hacia la búsqueda de la perfección física, intelectual y espiritual. Un hombre capaz de evolucionar algo tan tradicional y conservador como las centenarias artes marciales y crear su propio estilo, el Jeet Kune Do, y con una biografía, a pesar de su corta existencia, apasionante y en la que encontramos una vida plena y aprovechada, en la que fue desde estrella de cine infantil en Hong Kong hasta consumado bailarín de cha-cha-cha (llegando a ganar algún campeonato) También es un personaje imprescindible para comprender algunas de las nuevas maneras de pensar tan aperturistas de mente de las décadas posteriores a la II Guerra Mundial. El propio Lee es un pionero que lleva a Occidente los secretos de un estilo de lucha reservado por aquel entonces sólo a los orientales. Su filosofía global de las artes marciales le granjea muchos enemigos y amenazas que tiene que acometer para poder seguir adelante con sus enseñanzas. Aquellas décadas de los 60 y 70 son años en los que en Estados Unidos hay una mentalidad muy abierta, por un lado la revolución hippy de San Francisco, el pacifismo anti-belicista en plena Guerra de Vietnam, el apogeo de nuevas y distintas religiones y filosofías, las reivindicaciones del pueblo negro y afroamericano, las conversiones al Islam de grandes personalidades como Cassius Clay o el personaje que nos sirve de nexo entre baloncesto y artes marciales, Lew Alcindor... en este batiburrillo de pensamientos y mentalidades que buscan romper con lo establecido todo lo novedoso e importado es visto con agrado exótico, así es fácil pensar que aquel extraño personaje llamado Bruce Lee, que practicaba un arte de lucha sumamente efectivo y lo rodeaba todo de un aura filosófica e intelectual, se convirtiera en una especie de gurú de un nuevo pensamiento. Por lo tanto Lee no tuvo problemas en encontrar entre sus alumnos a autenticas celebridades de todo tipo como Sreve McQueen, James Coburn, Roman Polansky, o... Kareem Abdul Jabbar. 

El pequeño maestro y el gigantesco discípulo.


Kareem ha sido sin discusión (de las pocas cosas indiscutibles en este deporte) uno de los grandes pivots de todos los tiempos. Su producción de registros individuales y palmarés sólo permite que le puedan tutear (alguno dirá superar, en eso no entro) Wilt Chamberlain y Bill Russell. El primero como devorador de números y estadísticas personales, el segundo con el mejor palmarés de la historia. Kareem sería un punto intermedio entre ambos, a medio camino entre el pivot dominador a nivel individual y entre el acumulador de anillos de campeón. Kareem, nacido como Lew Alcindor (hasta su nombre original era un pasote), sigue siendo el máximo anotador de la historia de la NBA. Una larga y saludable carrera en la que llegó a ser incluso MVP de unas finales con 38 años, en esas célebres finales del 85 ante Boston en las que después del "Memorial Day Massacre" le vimos tirarse en plancha a por balones perdidos o hacerse “coast to coast” tras capturar el rebote como un veinteañero, un jugador que sólo bajó de los 20 puntos por partido en toda su carrera al alcanzar los 40 años. Un elemento de vida deportiva prodigiosa y un personaje muy peculiar que buscaba la paz y serenidad mental y espiritual a través de la marihuana y de su extensa colección de discos de jazz (para el lector que quiera profundizar un poco más en la relación entre Kareem y la música jazz le recomiendo esta entrada del blog “Defensa Ilegal” de mi amigo Marcos Prieto) Un afroamericano que tras la lectura de la biografía de Malcom X se convirtió al islamismo bajo ese nombre de Kareem Abdul Jabbar cuyo significado viene a ser algo así como “Noble y poderoso sirviente”. Por lo tanto el gran Kareem es un buen paradigma de esa nueva mentalidad norteamericana de la que estábamos hablando, que se da entre finales de los 60 y principios de los 70. Un exponente del pujante “black power”, comprometido, pero con espacio suficiente para la búsqueda de la paz interior. Un hombre tranquilo pero inquieto quien por tanto es fácil imaginar que encontrase en el kung-fu un buen complemento a su personalidad. 

Kareem y el Kung-Fu, una larga relación.


Y así llegamos nuevamente a Bruce Lee y a “Juego con la muerte”. Como digo la idea original para esta película era muy simple, prácticamente se limitaba a ofrecernos a Bruce Lee superando diferentes enemigos en un mismo edificio hasta llegar al piso final y enfrentarse con el último maloso, como en aquel videojuego que tanto nos gustaba de niños y tantos buenos recuerdos nos trae, el mítico “Kung-Fu Master”. En realidad la idea era ofrecer un ideario completo de lucha del Jeet Kune Do, donde se viese las diferencias y dificultades de enfrentarte a diferentes adversarios y distintos tipos de combate, distancias largas, cortas, predominio de puños, o pies, patadas, etc… así Lee encuentra en su peculiar discípulo de 218 centímetros uno de los villanos ideales para su proyecto. ¿Cómo un tipo de 1,70 puede atacar una torre que le saca casi 50 centímetros y que sólo con alargar su brazo o hacer un barrido es inalcanzable? 

"Estaba casi terminando el Kung-Fu Master, en la pantalla vi tu cara reflejarse..."


El “Juego con la muerte” que llegó hasta nosotros es como hemos dicho un trabajo inconcluso, cuyo rodaje Lee tuvo que posponer para acometer otros proyectos como la exitosa y supercool “Operación Dragón”. Un expolio sinverguenza de la memoria de un Bruce Lee de quien se llegan a utilizar hasta imágenes de su funeral real. Había que completar la cinta como fuera. Como uno se da cuenta de que poco más se puede aportar a algo realmente bueno que ya hayan escrito otros, os dejo un enlace a una entrada del blog de Cinefagos sobre el asunto, muy recomendable. Por nuestra parte hemos querido aprovechar el detalle de la emisión de “Juego con la muerte” esta noche para rendir un pequeño homenaje a dos personajes tan especiales como Bruce Lee y Kareem Abdul Jabbar, dos de nuestros iconos más queridos, y recordar ese momento en que unieron fuerzas para un trabajo común. La relación de Kareem con la pantalla grande no se quedaría ahí, y seguro que todo el mundo recodará su cachonda actuación en la memorable “Aterriza como puedas”, aunque esa, como se suele decir, es otra historia, o en este caso otra película…   

Kareem is my co-pilot!!

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