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sábado, 11 de junio de 2011

ROBIN HOOD CONTRA EL IMPERIO DEL MAL

Nos encontramos en plenas finales de la NBA, en estos momentos con un 3-2 favorable a Dallas, en posición claramente alcista en lo anímico y en lo físico, en una serie de la que hablaremos largo y tendido cuando llegue a su fin, que está dejando cosas muy interesantes, sobre todo por parte de un Rick Carlisle que está teniendo una gran capacidad de improvisación sobre la marcha y demostrando una sabia gestión de sus recursos. Como digo, hablaremos de ello, pero me permito transcribir íntegro un texto que escribi hace unos días justo cuando arrancaba la final: 


El genio teutón y Mr. Triple Doble, conjurados por el anillo.


Escribo esta actualización a escasas dos horas y media del comienzo de las finales de la competición anual de clubes más espectacular del mundo, el paraíso noctámbulo para los seguidores de las estadísticas, de los registros mayestáticos, de las jugadas imposibles... una grandísima temporada con actuaciones individuales asombrosas, con consagraciones de jóvenes jugadores que tendrán (si no tienen ya) el mundo de la canasta a sus pies y con dignos veteranos capaces de desafiar el paso del tiempo. Una temporada que toca a su fin regalándonos el duelo entre los dos equipos que si bien no han sido los mejores durante la larga temporada regular, sin discusión han dominado los play-offs de una manera aplastante e insultante. Dos estilos distintos, dos filosofías diferentes, pero dos escuadras obsesionadas con el éxito. De un lado unos rocosos Miami Heat, que simbolizan ese baloncesto más duro y defensivo que habitualmente representa el Este, del otro, el Oeste con sus pistoleros, su velocidad, su baloncesto de ataque. Con estas premisas parece claro que el aficionado objetivo se sienta más a gusto apoyando a los tejanos de Dallas, todos preferimos que gane quien más canastas meta, no quien menos reciba, aunque al fin y al cabo ambas cosas significan lo mismo, y sólo el equilibrio aristotélico entre ambas certifica el triunfo final. Se da en estas finales además el caso de que uno de los rivales es uno de esos equipos que parecen haberse granjeado cierta antipatía general, liderados por un monstruo del deporte que tampoco genera todas las simpatias que debería por su calidad y espectacularidad. Todo esto es injusto, pero da a la final cierto halo de película de acción, en la que un superhéroe rubio y desgarbado, ese Robin Hood al que tan bien bautizó Andrés Montes, este Flecha Verde de DC Comics trasladado al baloncesto llega dispuesto a robar la gloria a los ricos de Miami. Así, del otro lado, LeBron y sus compinches se convierten en un "big three" de supervillanos, aunque estemos hablando de uno de los "buenos muchachos" de la liga como Wade. Liderados y focalizados, por supuesto, por el maquiavélico genio del mal de Akron, un Fu-Manchu negro lleno de recursos y trucos en forma de tapones y robos de balón para desactivar el ataque de los rebeldes tejanos, y poseedor de una suerte casi infinita de movimientos por toda la cancha, penetrando, tirando, posteando, o haciendo pick and roll, la tormenta que desata el líder de los villanos se hace más imparable cuando uno de los buenos de la película parece que va a derrotar por KO al imperio del mal, como le sucedió a esa rosa púrpura de Chicago que simboliza el poder de la sangre joven., y que sucumbió cuando confiado pensaba que el genio del mal estaba derrotado, pero como en las grandes películas de acción y de terror, el malo, aún sangrando y moribundo, siempre aparece para, desde el suelo, agarrar con su mano el tobillo del confiado protagonista que sin mirar atrás creía haber acabado con la pesadilla. La película siempre es mejor cuanto mejor es el malo. Así pues, estos intocables de un Elliot Ness alemán de gatillo certero, llegan al cuartel general de estos traficantes y contrabandistas del éxito dispuestos a que los malos no se salgan con la suya.
Dirk buscando quitarse la espina del 2006, va por buen camino.


Bien, todo esto queda muy bonito, poético, literario, cinematográfico, épico y espectacular, pero me temo que la realidad es mucho más prosaica. El "malvado" LeBron es en realidad un jugador obsesionado con el éxito y su triunfo colectivo representado en forma de anillo, pues el individual ya lo tiene, y que para ello se ha juntado con dos buenos amigos y compinches, sabedor de que solo no puede conseguirlo. En definitiva, un profesional que busca lo mejor para esa carrera profesional y su lugar en la historia de este deporte. Del otro lado, Dallas no es exactamente ese equipo de viejos románticos que pueda parecer, si no una franquicia poderosa en manos de un excéntrico multimillonario que ha armado un equipo muy potente con la idea del anillo entre ceja y ceja, obsesionado por un éxito que le ha resultado esquivo, y a quien la perseverancia y confianza en su letal arquero de la vieja Europa le vuelve a brindar la oportunidad de conseguir lo que se le escapó hace cinco años, y sería bonito, muy bonito. Nowitzki es de esos jugadores especiales, carismáticos, con aspecto de tío cachondo, de los que te puedes encontrar en una barra de un bar levantando unas cervezas y que huye del status y modus vivendi de las estrellas. Toca ir con el bueno de Dirk, se lo merece... pero dejemos de ser injustos con el jugador más completo de este deporte y quien mejor domina todas las numerosas facetas de este sencillo, pero completo y a veces maquiavélico puzzle del juego del baloncesto, quien mejor puede sacarse de la chistera triples imposibles, robos de balón decisivos con limpieza, tapones estratosféricos, y quien mejor redefine esa extraña posición de "point-forward". 

LeBron, pese a brillar como asistente, en el punto de mira.


De hecho yo veo a LeBron dentro de unos años jugando ya directamente de base, sí, LeBron, ese jugador a quien algunos aficionados despistados se empeñan en menospreciar aludiendo a que es sólo físico, pues bien, de toda la NBA, LeBron es el jugador que sin ser base, con mayor facilidad podría reconvertirse a ese puesto. Casi nada.

Por lo tanto, a disfrutar, y ya puestos, me gustaría dedicar esta actualización a los rivales y compañeros desde hace años del Yahoo Fantasy NBA, una veintena de fanáticos y enfermos de esto que hacen que cada temporada la NBA tenga además un sabor especial más allá de la "realidad" de la liga y nos haga sentirnos un poco más partícipes de esto, de todo corazón, va por ellos.

Nowitzki y su célebre "fade away" a la pata coja, ya es considerado el tiro más indefendible de la NBA trás el "sky-hook" de Kareem.

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