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miércoles, 8 de junio de 2011

MAKE'EM LAUGH!!






Hazles reír, eso canta Donald O'Connor en el famoso número de "Cantando bajo la lluvia", una canción que define perfectamente lo que significa el mundo del espectáculo y en la que tan bien encaja nuestro protagonista de hoy. Shaquille Rashaun O'Neal, último representante de la dinastia de los grandes pivots dominantes del baloncesto norteamericano que se remonta a los años40 del miope y desgarbado George Mikan, quien impuso tanto su dominio desde aquellos primerizos Lakers de Minneapolis que obligó a la liga a cambiar algunas reglas del juego, como ampliar la zona de personal o limitar las posesiones de ataque a 24 segundos, como pasaría décadas más tarde con los otros tres grandes pivots dominantes, Chamberlain, Russell y Abdul-Jabbar. Es de justicia considerar a Shaquille como el quinto gran pivot de la historia en esa linea sucesoria de gigantescos superhéroes cuyos números estadísticos simplemente asustan a cualquiera que se detenga a leerlos. Justifica por tanto el gigante de Newark la obsesión de las franquicias NBA por buscar ese hombre alto dominante que se erija en piedra angular de cualquier proyecto ganador que busque la gloria final del anillo (aunque en el caso de Chamberlain "sólo" ganase dos anillos, a pesar de ser a nivel estadístico individual posiblemente el mejor de la historia), una busqueda del hombre alto que tras ver a los grandes pivots de los 80 y 90 (Ewing, Robinson, Olajuwom) sucumbir ante el dominio de un jugador exterior como Michael Jordan (Ewing se tuvo que retirar sin anillo, Robinson esperar a la retirada del escolta de los Bulls, y Olajuwom aprovechar su primer retiro), volvía a alcanzar su máxima expresión de juego de pivots con la explosión de un O'Neal que desde el principio (debuta en la NBA con unas medias en su primera semana de 26 puntos y 16 rebotes que le hacen ganar el galardón de "jugador de la semana", nunca en la historia un jugador debutante en su primera semana ha conseguido tal logro) demuestra que ha llegado al baloncesto profesional para reinar, y que en su caso no podía haber dudas.
Mikan y Shaq, el primer rey y el último heredero
     


Pero no siempre esa busqueda del hombre alto dominante ha sido tan exitosa como en el caso de Shaquille, más bien al contrario, la obsesión desesperada por construír un equipo alrededor de un cinco exhuberante ha llegado a algunas franquicias a cometer errores históricos, llevándose en ese sentido la palma Portland, no una vez si no dos, la más conocida cuando dejan escapar a Jordan por Sam Bowie (Houston habían elegido a Olajuwom como número 1, dejando escapar también al asombro de Brooklyn, aunque justo es reconocer que el bueno de Hakeem si ha sido uno de los grandes de todos los tiempos), pero repitiendo error años más tarde drafteando como número uno a lo que parece ya un ex-jugador de 20ypocos años por delante del máximo anotador de la NBA más joven de la historia como es Kevin Durant. No son los únicos casos en los que la persecución del pivot como Santo Grial baloncestístico lleva a decisiones, la verdad, poco afortunadas y apenas comprensibles. Por citar un par de casos que se me vienen a la cabeza, los Pistons jugándosela descaradamente con un joven Milicic como número 2 en un draft en el que dejan escapar a jugadores como, agárrense, Dwyane Wade, Carmelo Anthony o Chris Bosh. O sigo sin entender para que rayos escogen Memphis como número dos al exótico pivot tanzano Hasheem Thabeet por delante de jugadores de tanto talento como James Harden, Tyreke Evans, Stephen Curry o Brandon Jennings. Este tipo de decisiones sólo se pueden entender en base a ese pensamiento enquistado en general managers de que los equipos se construyen alrededor de los grandes pivots (a pesar de que agunas de estas decisiones las tomen gente como Joe Dumars, quien dominó la NBA dos años consecutivos al lado de otro "bajito" como Thomas en uno de los mejores "backcourts" de todos los tiempos) 

Pero volvamos a Shaquille, el quinto gran pivot en la linea sucesoria de la que ya hemos hablado de Mikan, Chamberlain, Russell y Kareem, y en la que sólo Dwight Howard puede apuntar como digno heredero, eso sí, con muchísimo trabajo aún por hacer. La carrera del Big Aristotle numéricamente se puede resumir en cuatro anillos de campeón, un MVP de temporada regular, 3 de finales (sus tres anillos angelinos), 3 MVP del All-Star Game en sus 15 participaciones (sólo le supera Kareem en número de partidos de las estrellas), un Rookie of the Year, un campeonato del mundo de selecciones, y unas estadísticas personales apabullantes con unas medias de 23,7 puntos, 10,9 rebotes y 2,3 tapones a lo largo de nada menos que 1207 partidos. Pero al margen de los fríos números hay mucho más, está la capacidad de un gigante de 2,16 rondando los 150 kilos para moverse como un bailarín en la zona y llevar una larga carrera hasta los 39 años en una posición en la que habitualmente los jugadores sufren mucho físicamente. Y está por supuesto esa enorme humanidad y carisma que tanto echaremos de menos, ese entendimiento del baloncesto como un deporte exigente y profesional pero a la vez como un espectáculo que no puede detenerse y que necesita ser avivado constantemente por entertainers de este tipo, con cualidades innatas de showman y que tras esos 216 centímetros de negro corpachón esconde una sensibilidad e ingenio vivo y afilado, cuya última muestra fue su rueda de prensa de despedida.




Como tratando de aplicar un nuevo anexo a su "artículo 34" ("hago lo que quiero, como quiero, donde quiero y cuando quiero"), "me retiro como quiero", y ese "como quiero" ha sido una preciosa despedida oficializada en su casa de Orlando rodeado del entrenador que más le ayudo a convertirse en el jugador que ha sido, Dale Brown, y de su madre, como queriendo homenajear a las que quizás hayan sido las personas más importantes de su vida (recordemos que su padre biológico fue encarcelado siendo niño y el lugar paterno lo ocupó su padrastro, sargento del ejército y a la postre también persona fundamental en su vida, pues gracias a él conoció a Dale Brown en Alemania), una despedida impecable, con un look cuidadosamente elegante, impecable, trajeado y cool, pero sobre todo luciendo su mejor vestimenta, esa enorme sonrisa que ha alumbrado la NBA durante tantos años. Ni una sola lágrima, ni una sola concesión al sentimentalismo, ni una pose ni un solo quebrantamiento de voz impostado, al contrario, una rueda de prensa cargada de buen humor, bromeando incluso con la posibilidad de suplir a Donnie Walsh en New York por medio de una llamada falsa, y haciendo constantes guiños y bromas sobre su carrera y su vida, la de un privilegiado feliz por haber vivido una larga y exitosa carrera, en un mundo el del deporte de élite plagado de falsos mesias que intentan vender una imagen de rebeldes y perseguidos luchadores contra las injusticias del sistema y la competición que les da de comer, mientras ven engordar su nómina. Shaquille representa la imagen del hombre feliz que no tiene reproches que hacer a la vida. Asi pues nos dejó su última (de momento) lección y muestra de humanidad, demostrando en esa ya histórica, dentro del mundo del deporte,rueda de prensa, que para que algo sea bonito y emotivo no hace falta disfrazarlo ni saturarlo con un cargante y patético sentimentalismo de garrafón. Shaquille O'Neal es, por encima de uno de los mejores jugadores de la historia, una manera de entender la vida y el deporte. Hazles reír, Shaq, esa es la mayor victoria posible en un mundo en el que a menudo las sombras no dejan ver la luz de una sonrisa de 216 centímetros. 
Shaquille, a lo Mercedes Sosa: Gracias a la vida.

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