viernes, 13 de julio de 2012

ESPAÑA: EL ÚLTIMO ESCALÓN


Una vez que has llegado casi a lo más alto y te has quedado a las puertas de la gloria más absoluta, cuando has rozado la cima pero finalmente has sido incapaz de coronarla, en ese tipo de situaciones, cuando vuelves a subir, en mente ya sólo tienes un objetivo: subir ese último escalón que no pudiste en la anterior ocasión que acometiste tal empresa. 

En baloncesto lo hemos visto en infinidad de ocasiones, sin ir más lejos con esos Miami Heat dolidos tras la experiencia del año pasado en las finales y que esta temporada han destrozado a su rival con un palmario 4-1. No era nada personal con Oklahoma, era algo personal con ellos mismos.

Con ese sentimiento de revancha y nueva oportunidad acude España a estos Juegos Olímpicos, sabedores de que Estados Unidos son, no puede ser de otro modo, los grandísimos favoritos, y que todos los aficionados españoles celebraríamos otra plata como un enorme triunfo. Pero una vez que has estado en el segundo puesto del cajón, lo único que quieres es llegar al primero. Difícil, sí, mucho. No imposible. El optimismo se concentra sobremanera en un hombre, un deportista excepcional para quien toda su vida ha sido una constante sucesión de retos que ha ido superando con éxito. El jugador que cambió nuestro baloncesto para siempre, el líder irreprochable, Pau Gasol. 

Pau quiere más


¿Por qué a estas alturas seguir hablando tanto de Pau, cuándo su hermano Marc, Calderón, Navarro, Rudy o Ibaka han de ser, y serán, tan decisivos como el ala-pivot de los Lakers?, bueno, porque estamos hablando del jugador con mayor deseo de superación que ha dado jamás nuestro baloncesto. 

En efecto, hablar del mejor baloncestista de nuestra historia es hacerlo, más allá de un talento innato que sin duda posee, de una constante lucha contra los elementos, prejuicios y barreras, y sobre todo, contra si mismo, ya que es hablar de su constante deseo por mejorar, crecer, y cerrar bocas, muchas bocas. Desde que emergiera en nuestro deporte como un "extraño elemento", aquel adolescente altísimo y delgadísimo de inacabable envergadura y talento para jugar por fuera (había comenzado jugando de base en Cornellá) como cualquier habilidoso exterior ha tenido que hacerse un sitio en el baloncesto profesional (¡y qué sitio el que finalmente se ha hecho!) a base de trabajo duro y mentalidad ganadora (mentalidad que comparte con muchos de sus compañeros de nuestro generación, para bien de nuestro deporte) Tanto es así que como muchos recordarán, en aquella mítica selección de los "juniors de oro", que supuso el comienzo de esta edad dorada de nuestro basket, los pivots titulares eran dos jugadores de un corte más convencional como Germán Gabriel y Felipe Reyes. A Pau le costaba encontrar su sitio y a los entrenadores ubicar a aquel desbargado jugador que respondía a un perfil hasta entonces desconocido en nuestro baloncesto, y que encontraba mayor reflejo al otro lado del Atlántico en jugadores como Kevin Garnett. Aito (¡quién si no!, detrás de cada joven crack ha de haber un entrenador sabio y valiente que apueste por él, tener una plantilla con doce fichas millonarias y de primerísimo nivel es demasiado fácil) apostó por Pau, y el resto es historia conocida. Arrasó en Copa del Rey y Liga, siendo MVP de las fases finales de ambas competiciones, demostrando que en ACB nadie podía parar a aquel tipo que rondando los 2.15 corría contrataques, tiraba (y metía) triples, y jugaba el pick&roll con una coordinación poco habitual en jugadores de su estatura en nuestro basket. Pese a que Aito consideraba que era un error irse a la NBA tan joven, el bueno de Pau cerró una boca más triunfando desde el primer momento y siendo elegido rookie del año. Ayudó a crecer a Memphis y los llevó a play-offs por primera vez en su historia (hoy día es considerado el mejor jugador que jamás ha tenido la franquicia), y cuando por fín tuvo la ocasión de jugar en un equipo con aspiraciones reales de alcanzar el título, ganó el anillo de campeón a la temporada y media de haber aterrizado en Los Angeles. Todo ello, como no, tapando bocas. Sobre todo las de quienes injustamente le tacharon de "blando" frente a un perro viejo como Garnett, en unas finales contra Boston en las que Pau tuvo que multiplicarse en el juego interior ante la ausencia de un Bynum demasiado propenso a las lesiones. Gasol hizo unas buenas finales, pero fue señalado como el principal culpable de la derrota en aquel humillante sexto partido en el que los angelinos caían por nada menos que 39 puntos (record en un partido para ganar el campeonato). Gasol era para parte de prensa y aficionados, "Gasoft". Nada nuevo para Pau, otro reto que superar, a pesar de la injusticia que suponía ser señalado como el mal principal de un club en el que llevaba pocos meses, la temporada siguiente se tomó cumplida venganza ante Orlando y bailando en la zona ante nada menos que Dwight Howard, el mejor pivot del mundo (aunque Bynum si jugó aquella final, apenas llegaría a los 20 minutos por partido, actuando Pau la mayoría de minutos como "cinco") Al año siguiente caería otro anillo y esta vez la venganza fue aún más dulce al ser contra Boston y Garnett. Más bocas tapadas. "Gasoft" volvía a ser "Gasolution".    

El extraño elemento


Pero centrándonos ya en la selección, otro gran episodio de superación personal en Pau lo encontramos en el Europeo de Polonia 2009, claro que para eso hay que remontarse al anterior torneo continental. Recordemos, Madrid 2007. Unos flamantes anfitriones que lucían el título de campeones mundiales obtenido el pasado año en Japón parecían los claros favoritos para alcanzar el oro, pero entonces apareció una enorme Rusia liderada por Holden y Kirilenko, y el siempre brillante David Blatt en el banquillo para truncar nuestro sueño. No habíamos perdido un partido en aquel torneo, tampoco en el mundial anterior, y de hecho a Rusia la habíamos derrotado en fase previa. Todos recordarán aquel final de partido, la canasta ganadora de Holden a falta de poco más de un segundo culminaba la remontada rusa del 59-54 al 59-60. Estábamos noqueados y sin apenas capacidad de reacción, menos de dos segundas para un tiro desesperado en busca del milagro… y Pau rozó el milagro con aquella canasta imposible a la media vuelta y a tablero que prácticamente se salió de dentro. La imagen del mayor de los Gasol derrotado, hundido y desplomado en la pista mientras sus compañeros trataban de recomponerle el ánimo, es una de las pocas ocasiones en las que hemos visto a nuestro héroe, nuestro Hércules particular, fallar en uno de sus heroicos trabajos. Tras el mazazo vino el aplauso generalizado, no podía ser de otro modo, a Pau, Pepu, y todo un equipo que en sólo dos años habían conquistado el oro mundial y la plata europea, de modo que el bagaje de Pepu Hernández al frente de la selección en aquel bienio que finalizaría abruptamente tras aquel verano era absolutamente irreprochable. Nadie podía hablar de fracaso. 

Nadie, excepto un ganador compulsivo empeñado en retarse a si mismo como Pau Gasol, interiorizó aquella derrota y se metió entre ceja y ceja el oro europeo en 2009. Había dudas sobre su participación, Pau se acercaba a la treintena, llevaba dos temporadas seguidas jugando las finales de la NBA (hablamos por tanto de jugar un centenar de partidos durante la temporada) y parecía claro que tendríamos que prescindir de él algún verano. Aquel Europeo del 2009 hubiera sido un estupendo momento para descansar. Pero no para Pau. Poco importaba el oro mundial de 2006 o la plata olímpica de 2008. Sabía que había fallado en 2007 y acudió a Polonia dispuesto a tomarse la revancha, a pesar de no llegar en su mejor momento y de una molesta lesión en el dedo índice que le hizo ser duda para el torneo una vez comenzada la preparación. Pero Pau no tenía dudas, y no la tuvo en ningún momento en aquel Europeo de camino tortuoso plagado de incertidumbres en el que hasta algún iluminado plumilla deportivo del que no vamos a decir su nombre llegó a pedir públicamente el cese fulminante de Sergio Scariolo en medio del Eurobasket a través de las páginas de uno de los periódicos deportivos más importantes del país después de la derrota contra Turquía (ojo, Turquía, al año siguiente subcampeones del mundo, no unos taruguitos cualquiera). Todos sabemos como acabó aquel torneo. España dio cinco exhibiciones consecutivas ante Lituania, Polonia, Francia, Grecia y finalmente Serbia (a la que derrotamos en la gran final por nada menos que 22 puntos) con Pau Gasol como máximo anotador, segundo mejor reboteador, y MVP del torneo. Otro reto personal superado.   

Una caída que le hizo más fuerte.


De modo que la motivación personal de nuestro líder por alcanzar la única medalla de oro que le falta es un buen argumento de optimismo de cara a aspirar a lo máximo en Londres, nunca perdiendo de vista que Estados Unidos es superior, y que el habernos visto encuadrados en el grupo de liguilla diáfanamente más accesible, nos aboca a un cruce de cuartos de final sin duda alguna harto complicado (salvo mayúscula sorpresa, Francia, Lituania, o Argentina, cualquiera de estos tres, será nuestro rival en cuartos) 

BASES: En manos de Calderón. Nuestro base más fiable y seguro de los últimos tiempos, y que todavía tiene algunas cuentas pendientes en esta selección por su reciente mala suerte en momentos decisivos (por ejemplo la lesión que le privó de jugar la final olímpica de Pekín, dejando el timón del equipo en manos de un menor de edad llamado Ricky Rubio que ya comenzaba a confirmar su halo de auténtica estrella aún siendo adolescente), de modo que podemos estar tranquilos, aún así sería bueno que Scariolo no lo exprimiera demasiado en minutaje, ya que tanto Sada como Rodriguez ofrecen cosas distintas y muy aprovechables. El azulgrana nos dará intensidad defensiva y lucha sin denuedo (sigue siendo el base nacional que mejor rebotea), y el madridista, además de aportar ciertas dosis de fantasía siempre bienvenidas (y más sin Ricky), será nuestra mejor arma cuando se imponga un brutal cambio de ritmo, aprovechando además que llega en un momento como se suele decir “de dulce” en el lanzamiento exterior. Por lo tanto una buena tripleta de bases muy distintos entre sí, lo cual multiplica nuestras posibilidades en todo momento y sentido. 

ALEROS: Si tuviéramos que hablar de un punto débil en nuestra selección, bien podría ser este, sobre todo en lo concerniente a lo que llaman “alero alto”. Desde la retirada del ejemplar Carlos Jiménez, prototipo de jugador todoterreno y practicante de un estajanovismo que no conocía límites, y coincidiendo con la llegada de Sergio Scariolo, el entrenador italiano no ha sabido encontrar un sustituto natural para el alero madrileño. Desavenencias con Carlos Suárez y falta de confianza en Victor Claver hacen que un escolta natural como Rudy Fernandez desempeñe de salida esa labor. De momento el experimento ha salido bien, y el pasado Europeo de Rudy jugando de “tres” fue realmente remarcable, pese a no brillar demasiado estadísticamente, pero posiblemente fue su mejor actuación global con la selección española, con un buen trabajo en defensa y una gran implicación en el juego colectivo. Por tanto no habrá sorpresas en este sentido, Navarro y Rudy serán nuestras grandes bazas en estas posiciones, con un Sergio Llull que ha de consolidarse como valioso sexto hombre y dará descanso tanto a uno como a otro (es posible que veamos en no pocos minutos al menorquín en pista con un base y Navarro, jugando por tanto con tres “bajos”) y un San Emeterio siempre eficiente del que habrá que echar mano cuando se necesite un alero clásico. Claver una vez más tendrá difícil rascar minutos, y lo hará a caballo entre las posiciones de “tres” y “cuatro”. 

PIVOTS: Nuestra gran baza, sin lugar a dudas. Partiendo de los hermanos Gasol, nuestro juego interior parece el mayor problema que se le pueden plantear a cuantos rivales salgan a nuestro paso. De hecho una de los grandes aciertos de Scariolo (ya que nadie le va a reconocer nunca nada, hagámoslo nosotros) ha sido desentrañar la dificultad que encerraba para la selección la convivencia de los Pau y Marc en pista, a pesar de ser pivots distintos, un cuatro y un cinco, el mayor de la saga se había acostumbrado a jugar de pívot puro con la elástica roja teniendo a su lado a cuatros como Garbajosa o Felipe Reyes. En el baloncesto FIBA Pau masacraba sin piedad a sus rivales desde el centro de la zona, no dejando espacio a su hermano Marc quien apuntaba cada vez más alto. Sin embargo en el pasado europeo la combinación de los dos Gasol en pista supuso un problema irresoluble para casi todos los rivales (y para quienes consiguieron resolverlo, caso de Macedonia, ahí apareció Navarro para salvar al equipo), de modo que creo que la principal opción ofensiva, por encima de La Bomba y Rudy, seguirán siendo nuestros dos hermanos NBA cargados de su enorme sobriedad y seguridad y jugaremos muchos balones dentro. Para Serge Ibaka, quien ya tuvo un buen papel en el Europeo de Lituania, esta cita ha de ser su explosión dentro de la selección y sembrar el terror en nuestra zona con su espectacular “timing” de salto a la hora de taponar y manipular los tiros rivales, además de seguir demostrando sus cada vez mejores recursos ofensivos y ese tirito de media distancia que cada vez le vemos lucir con mayor soltura. Y para completar este exuberante poker de ases de jugadores interiores, uno de los tipos con los testículos más poderosos de España. La garantía de Felipe Reyes, un jugador que tanto juegue 5 segundos como 40 minutos lo da absolutamente todo por la camiseta que viste y que jamás le pierde la cara a ningún rival ni partido sea cual sea el marcador. Aunque pequemos de chovinistas, hay que reconocerlo, tenemos el mejor juego interior del campeonato.   

Nuestro Macho Alpha


PLANTILLA: 

Jugador
POS
ALT
AÑO
Equipo
4
Pau Gasol
Pívot
215
1980
Los Angeles Lakers (NBA)
5
Rudy Fernández
Alero
195
1985
Real Madrid (Liga Endesa)
6
Sergio Rodríguez
Base
190
1986
Real Madrid (Liga Endesa)
7
Juan Carlos Navarro
Escolta
190
1980
FC Barcelona Regal (Liga Endesa)
8
José Manuel Calderón
Base
190
1981
Toronto Raptors (NBA)
9
Felipe Reyes
Pívot
206
1980
Real Madrid (Liga Endesa)
10
Víctor Claver
Ala-pívot
204
1988
Valencia Basket (Liga Endesa)
11
Fernando San Emeterio
Alero
199
1984
Caja Laboral (Liga Endesa)
12
Sergio Llull
Escolta
190
1987
Real Madrid (Liga Endesa)
13
Marc Gasol
Pívot
215
1985
Memphis Grizzlies (NBA)
14
Serge Ibaka
Pívot
207
1989
Oklahoma City Thunder (NBA)
15
Víctor Sada
Base
192
1984
FC Barcelona Regal (Liga Endesa)

Posible quinteto titular:                                   Segunda unidad:

Calderón                                                          Rodriguez
Navarro                                                            Llull
Rudy                                                                San Emeterio
Pau Gasol                                                        Reyes
Marc Gasol                                                       Ibaka

Papel secundario:    Sada y Claver  

jueves, 12 de julio de 2012

ESTADOS UNIDOS: SÓLO VALE EL ORO


A tan sólo 15 días del comienzo de los Juegos Olímpicos de Londres y por sugerencia de uno de nuestros lectores (ya que tenemos pocos hay que cuidarlos, pocos, pero eso sí, muy buenos, que es lo que importa) vamos a intentar hacer un repaso a las 12 selecciones en liza en el torneo baloncestístico. Comenzamos con los grandes dominadores del torneo y máximos favoritos a revalidar  el oro: Estados Unidos. 

Al hablar sobre las selecciones participantes en muchas de ellas nos vamos a encontrar con la circunstancia de que quizás no tengamos mucho que decir, y ello por dos razones bien distintas: o bien porque estemos hablando de una gran desconocida... o todo lo contrario. Es lo que ocurre con el equipo de Mike Krzyzewski, el mítico Coach K (ganador de cuatto títulos de la NCAA, entrenador en activo con mayor número de victorias en dicho torneo, y ganador del oro mundial y olímpico con la selección yanqui, es decir, una leyenda viva de este deporte), sus doce jugadores son de sobra conocidos por el aficionado. Todo ello pese a sufrir una serie de problemas en forma de renuncias y lesiones que han dado algún que otro quebradero de cabeza al seleccionador nacido en Chicago a la hora de configurar la plantilla definitiva. Evidentemente jugadores como Derrick Rose, Dwyane Wade, Crish Bosh o Dwight Howard son ausencias sensibles para este y para cualquier combinado del mundo, no obstante su potencial en cantidad y calidad es tal que vuelven a conformar un plantel que se presume varios peldaños por encima del resto, y tan solo España en su mejor versión sería capaz de plantarles cara y tener alguna opción de arrebatarles el oro.   


¡El Tío Sam os necesita!


Históricamente, hablar de la selección de baloncesto de los Estados Unidos de América es hacerlo de la historia de este deporte en los Juegos Olímpicos, y viceversa, claro. Es imposible analizar el torneo de la canasta en esta competición sin encontrarnos en todo momento al combinado de las barras y estrellas en lo más alto del podio, protagonizando finales, o al menos arañando el bronce. El dato por tanto es demoledor: nunca se han bajado del cajón cada vez que han participado en unos Juegos Olímpicos. Solamente el podio de Moscú 1980 presenta ausencia estadounidense, debido al boicot del país americano con su por entonces antagónica URSS (teniendo en cuenta que en la selección prevista había jugadores como Isiah Thomas, Rolando Blackman o Mark Aguirre ("Magic" y Bird ya eran profesionales aquel año) no cabe duda de que también hubieran rascado chapa). Ningún deportista estadounidense compitió en aquellos Juegos (los soviéticos les devolvieron la moneda ausentándose de la siguiente edición en Los Angeles, lo cual de alguna manera facilitó nuestra mítica plata olímpica del 84) De las quince ediciones en las que ha participado, se han colgado el oro en doce de ellas. Completa su excelso palmarés olímpico una plata y dos bronces, medallas que no obstante no han ocultado la tremenda decepción y sensación de "batacazo" para esas selecciones que no ganaron el máximo metal. Para Estados Unidos sólo vale el oro. Todo lo que no sea eso será considerado un fracaso, no hay término medio, y con ese nivel de exigencia y esa poca tranquilizadora presión sin margen de error vuelven a acudir a Londres. 


La gran ausencia del 92, tampoco pudo estar en el 80.


A lo largo de la historia hemos visto selecciones estadounidenses que brillan con luz propia en el recuerdo del aficionado. El combinado de 1960 que arrasa ganando todos sus partidos con una media superior a los 42 puntos liderada por jugadores como Oscar Robertson, Jerry West o Jerry Lucas. La del 84 con Jordan, Ewing, Mullin o Alvin Robertson. La de la última edición del 2008, de tan buen recuerdo para nosotros, ya con Kobe, LeBron, Wade, Paul o Anthony, y por encima de todas, el "regalo" histórico que supuso el inigualable "Dream Team" de Barcelona en 1992. Incluso su única plata es también histórica, en aquella mitica final de Munich 72, con la canasta final de Sergei Belov en un polémico desenlace que ponía punto y final a la tiranía y dominio absoluto que habían mantenido los yanquis hasta aquella fecha en esta competición. 

Por lo tanto hablamos de una selección que compite única y exclusivamente para ganar el oro. Más aún, como un Rafa Nadal en Roland Garros para quien perder un set ya es algo casi histórico, Estados Unidos no se puede permitir el lujo ya no sólo de caer en algún partido, incluso todo lo que no sea ganar sus encuentros por una cierta diferencia será considerado un desastre para muchos de sus compatriotas. 

Como decimos, Krzyzewski no lo ha tenido fácil en esta ocasión para poder componer el puzzle, y ello incide en cierta debilidad en el juego interior, donde sólo Tyson Chandler acude como pivot puro (aunque lo mismo sucedió en el mundial de Turquía y se colgaron el oro con una facilidad pasmosa, o incluso en los Juegos de Pekin sólo Howard era realmente un "cinco", de modo que es algo con lo que han sabido lidiar recientemente), por contra, su juego exterior, se antoja prácticamente imbatible, pero mejor echemos un vistazo al equipo por líneas: 

BASES: Dificilmente podrían llevar una terna mejor (quizás con la entrada de Rajon Rondo y claro, Derrick Rose), Chris Paul, Deron Williams y Russell Westbrook son tres superestrellas capaces de anotar y dirigir con maestria y a partes iguales. El mayor peso lo llevará ese pequeño gigante que actualmente lleva la batuta en Los Angeles Clippers, un Chris Paul quien es posiblemente el mejor jugador por debajo del 1.90 que ha dado este deporte desde Isiah Thomas. Lo tiene todo. Excelente visión de juego, capacidad para adaptarse a cualquier ritmo de juego (mejor en el ritmo alto, como suele ocurrir con los grandes bases), gran selección de tiro, lo cual hace que sin ser un tirador compulsivo sea una eficaz vía anotadora para cualquier equipo, y una endiablada rapidez de manos y piernas para defender, presionar y robar balones. Williams podría ser un tipo de base intermedio entre Paul y Westbrook, con mayor facilidad anotadora que el de los Clippers, pero también con un perfil de juego de base puro, y Westbrook es un portento físico, casi imparable cuando afronta el camino hacia canasta. Peor director que sus dos compañeros de selección, pero será un diabólico revulsivo en algunos (los menos y muy improbables) momentos en los que el equipo se atasque y necesita mayores dósis de individualidad. En definitiva, una línea prácticamente inmejorable. Se divertirán, y divertirán al aficionado con su eléctrico juego.   


Chris y Deron: uniendo fuerzas.


ALEROS: Es cierto que su trío de bases parece inmejorable, pero aún así, el auténtico punto fuerte de esta selección, en base a cantidad, calidad y polivalencia, es el de las alas. Todo ello aún sin contar con una de sus estrellas más reconocibles como es Dwyane Wade, lo cual en cierta manera puede suponer un “alivio” para Coach K con un ego menos al que alimentar a base de números individuales (aunque no debería ser así simplemente con ver la actitud de Wade en las pasadas finales, cediendo inteligentemente protagonismo y liderazgo en cancha a un LeBron James consolidado ya como mejor jugador del momento), dicho así parece todo rodado para una natural convivencia en pista entre las dos estrellas más mediáticas de este combinado: Kobe Bryant y LeBron James, pero sin duda Durant reclamará su merecido papel (recordemos además que fue el líder de la selección campeona en el mundial de Turquía ante la ausencia del resto de grandes figuras) Carmelo Anthony, jugador acostumbrado a recibir el brillo de los focos, tendrá que adaptarse a un rol por detrás de estos tres genios, aunque posiblemente arañará minutaje jugando de “cuatro”, como ya hiciera en los Juegos de Pekín. Aquí es donde entra en juego la polivalencia del equipo USA, ante la posible debilidad interior, Anthony, LeBron o Kevin Durant con su envergadura e interminables brazos, actuarán en no pocas ocasiones de falsos cuatros. Andre Igoudala y James Harden, mejor sexto hombre la pasada temporada en la NBA, presumiblemente ocuparán un rol más residual, sobre todo el jugador de Oklahoma, menos intenso en defensa que el alero de Philly, aunque su nada desdeñable 39% en triples el pasado curso le apunta quizás como el Michael Redd de los pasados Juegos, listo para entrar en acción ante los posibles apuros frente a defensas zonales. 


Illuminati Mamba


PIVOTS: Aunque parezca increíble, en Estados Unidos también podemos encontrar un punto débil, y un pequeño rayo de luz y esperanza para que no conviertan el torneo en una exhibición de dominio implacable. Un único “cinco” como Chandler no parece suficiente argumento como para pensar que no vayan a sufrir por dentro. Lo bueno para Krzyzewski es que el pívot de los Knicks tiene bien claro cual va a ser su rol en el equipo. No va a pedir balones en ataque, y será la gran baza defensiva del combinado (estamos hablando del elegido mejor defensor de la pasada temporada, aunque en mi opinión lo hubiera merecido más Serge Ibaka), a su lado tendrá a dos enormes ala-pivots como Griffin y Love. Del barbudo jugador de Minnesota somos fans declarados en este blog, aunque la mayor rutilancia mediática de Griffin quizás le confiera la titularidad por delante del sobrino de los Beach Boys. Blake es el moderno Juggernaut, el increíble Hulk del universo NBA, absolutamente imparable en cuanto ejecuta el pick&roll frontal con su compañero en los Clippers Chris Paul, pero Kevin es un baloncestista mucho más completo, abnegado en defensa, incansable en el rebote, y con una gran variedad de recursos ofensivos, entre ellos un tiro exterior a la altura de cualquier alero o escolta. No obstante pueden (y deben) sufrir ante pivots como Marc Gasol o Serge Ibaka.   


¡Cariño, haz la masa!


En resumidas cuentas, la gran favorita. Todo lo que no sea colgarse el oro sería una de las grandes sorpresas de los Juegos Olímpicos, incluso aún cayendo con la única selección que por calidad y trayectoria reciente pudiera disputarles el favoritismo. Nos referimos, como no, a España, aunque lógicamente, de eso hablaremos una próxima entrada. 

PLANTILLA: 

ESTADOS UNIDOS

Jugador
POS
ALT
AÑO
Equipo
4
Tyson Chandler
Pívot
216
1982
New York Knicks (NBA)
5
Kevin Durant
Alero
206
1988
Oklahoma City Thunder (NBA)
6
LeBron James
Alero
203
1984
Miami Heat (NBA)
7
Russell Westbrook
Base
191
1988
Oklahoma City Thunder (NBA)
8
Deron Williams
Base
191
1984
Brooklyn Nets (NBA)
9
Andre Iguodala
Alero
198
1984
Philadelphia 76ers (NBA)
10
Kobe Bryant
Escolta
198
1978
Los Angeles Lakers (NBA)
11
Kevin Love
Pívot
208
1988
Minnesota Timberwolves (NBA)
12
James Harden
Escolta
196
1989
Oklahoma City Thunder (NBA)
13
Chris Paul
Base
183
1985
Los Angeles Clippers (NBA)
14
Blake Griffin
Ala-pívot
208
1989
Los Angeles Clippers (NBA)
15
Carmelo Anthony
Alero
203
1984
New York Knicks (NBA)

Posible quinteto titular:                                           Segunda unidad: 

Paul                                                                         Williams
Kobe                                                                        Westbrook
LeBron                                                                     Durant
Griffin                                                                       Anthony
Chandler                                                                  Love 

Papel secundario: Harden e Igoudala.  

martes, 10 de julio de 2012

JOAN PLAZA BUSCA NUEVOS RETOS


Hay que admitirlo, nos ha sorprendido la noticia del salto de Joan Plaza a un histórico del baloncesto europeo como es el Zalgiris Kaunas de la gran leyenda lituana Avydas Sabonis. Una decisión arriesgada la del bueno de Joan, que deja una liga que conoce a la perfección como la nuestra y un club ya consolidado como el Cajasol para afrontar nuevos desafíos en un país en el que el baloncesto es religión. Recordemos que Plaza fue el técnico que devolvió la ilusión al aficionado madridista tras los nefastos años de los Imbroda, Lamas o Maljkovic (por mucho que el serbio ganara la famosa liga del triple de Herreros) con un baloncesto vibrante, de efusividad contagiosa, y búsqueda constante de ese ritmo alto que tanto nos gusta y que tan bien ha sabido reivindicar esta pasada temporada Pablo Laso. Veremos que tal le va en otro país, otra cultura, otro tipo de baloncesto, y una competición doméstica menos competitiva que la nuestra. A su favor cuenta con que Joan es todavía un técnico joven, con hambre e inquietud para seguir mejorando y aprendiendo, y que Kaunas es una plaza con buen gusto por el baloncesto a pista abierta. Le deseamos la mejor de las suertes y seguiremos sus aventuras lituanas desde aquí. Si el Zalgiris siempre ha sido un club especialmente querido para mí, más ahora que encomienda su pizarra a un técnico por el que siento cierto cariño, y al que creo que gran parte del madridismo no supo valorar como se merecía (ese madridismo que se deslumbra fácilmente ante el “nombre” y no el “hombre”, y del que ya hemos hablado en más de una ocasión por aquí viendo como sigue empeñado en querer destrozar cualquier seña de identidad histórica que hicieron a este club lo que es) Para empezar no lo va a tener nada fácil en Euroliga, ya que los de Kaunas están encuadrados en el complicadísimo grupo C, posiblemente el más duro, junto al actual campeón Olympiakos, el Caja Laboral, que buscará resarcirse de su fiasco la pasada temporada, el Armani Milan de Scariolo (otro con cuentas pendientes en esta competición), el Efes Estambul y el Cedevita Zagreb. ¡Suerte Joan!  

De Sevilla a Kaunas

miércoles, 4 de julio de 2012

LOS ANILLOS DE STERN


Histórica edición extra del Marca a las 7 de la mañana para recoger la final olímpica de Los Ángeles



A poco menos de un mes del comienzo de los Juegos Olímpicos de Londres, es decir, una edición más del mayor evento deportivo (al menos para mí), observo preocupado el debate que ha instalado David Stern sobre la participación del baloncesto en dicha competición. 

Vaya por delante que considero a la NBA y al propio Stern ejemplos de organización modélica y ejemplar a la hora de cuidar su producto y saber venderlo al gran público. En eso son los mejores. Por eso la NBA es la competición por clubes más grande del globo terráqueo. Pero, y de esto creo que ya hemos hablado en alguna ocasión por aquí, el negocio no puede estrangular de una manera tan descarada lo que deben ser los valores esenciales del deporte, esos que hacen que los niños sueñen y que los mayores aplaudan. Siempre he insistido en que debe haber un equilibrio entre lo que es puramente el mercado y lo que significa el deporte desprovisto de la citada mercadotecnia.

Por ello la idea de David Stern de restringir la edad de los baloncestistas olímpicos me parece una puñalada a la historia y grandeza de la competición olímpica. Es querer desahuciar al deporte de la canasta del acontecimiento deportivo más grande con el que puede soñar cualquier deportista sea de la disciplina que sea, y asemejarlo al fútbol, el único deporte que va por su propio camino apartado de los demás. En el balompié la mayor gloria es el mundial de selecciones, pero en baloncesto no. En baloncesto es sin duda los Juegos Olímpicos, y ahí es donde se han concentrado las mayores gestas, hazañas y épica a nivel de selecciones. Rebajar el nivel del baloncesto olímpico al del fútbol es un disparate y una puñalada trapera a este deporte. Fíjense que incluso el fútbol en los Juegos siempre comienza unos días antes de la ceremonia inaugural, es como si estuviese al margen. Escuchaba a Luis Milla decir ayer que casi con toda probabilidad ni él ni sus chavales van a poder acudir a la ceremonia de inauguración, ya que se encontrarán ya en plena competición a 500 kilómetros de distancia de Londres (en Newcastle), por favor, no hagan esto con el baloncesto.

Hablar de baloncesto olímpico es hablar de Oscar Schmidt, Epi, Petrovic o Sabonis. Fue el zar lituano precisamente quien humillando a David Robinson en los Juegos de Seúl 88 provocó la aparición del llamado “Dream Team” en Barcelona 92, ese regalo irrepetible para los aficionados. Arvydas Sabonis mancilló el honor de la selección que más veces había conquistado el oro olímpico, los Estados Unidos, quienes nunca habían necesitado de llevar a sus jugadores profesionales y se habían bastado con sus jóvenes talentos llegados desde el “college”… hasta la aparición de Sabonis. La afrenta fue tan grande que el baloncesto estadounidense reaccionó mandando sus fuerzas más ilustres a recuperar aquella gloria perdida… y con ello salimos ganando todos los aficionados.  

Andrew Gaze jugó nada menos que cinco Juegos Olímpicos, alguno de infausto recuerdo para nosotros.


Como muchos aficionados de mi generación, mis primeros recuerdos baloncestísticos los asocio a 1984 y los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, aquella selección que todos conocemos de memoria (Corbalán, Solozabal, Llorente, Beirán, Epi, Sibilio, Itu, Margall, Jiménez, Arcega, Romay y De La Cruz), y conquistó la plata después de ganar a la Yugoslavia de Aza Petrovic, Dalipagic, Knego, Sunara, y por supuesto un jovencísimo Drazen Petrovic que ya comenzaba a hacer estragos en el baloncesto internacional, para caer en la gran final ante una selección USA en la que había una serie de jugadores que años más tarde, simplemente, se convirtieron en históricos (Pat Ewing, Alvin Robertson, Chris Mullin, Wayman Tisdale... por citar unos nombres… y por supuesto, claro, un tal Michael Jordan) 

Cuatro años más tarde permanecen aún más nítidos los recuerdos de Seúl. Tengo viva en la memoria la imagen de levantarme casi de madrugada para ver a nuestra selección enfrentarse a la Australia del magnífico cañonero Andrew Gaze (nuestro ejecutor en aquel torneo) o contra aquel magnífico Brasil de los Oscar y Gerson. Aquellos fueron como decimos los juegos del gran Sabonis, los juegos que cambiaron todo, y que elevaron aún más el nivel de los Juegos Olímpicos, donde años más tarde hemos asistido a enormes exhibiciones de baloncesto de jugadores como Sarunas Jasikevicius, Manu Ginobili, Vince Carter, Yao Ming o Pau Gasol, o ver imágenes tan maravillosas como la de Dirk Nowitzki como abanderado olímpico de su país. Todo eso lo quiere eliminar Stern, consternado por el hecho de que las grandes estrellas NBA, bien sean estadounidenses o internacionales, puedan acudir a un torneo que a los deportistas les reporta tanto espiritualmente, pero a su competición no repercute ningún beneficio, más bien ha de lidiar con la preocupación de las franquicias que ven a sus jugadores deseosos de acudir al evento más bonito para cualquier atleta, como si los únicos anillos que importasen fuesen los de campeón de la NBA, y no los mucho más universales anillos olímpicos.   

Manudona y la gloria olímpica.


martes, 3 de julio de 2012

FÚTBOL NO ES FÚTBOL

El nuevo Maestro Zen



Imagino que puede haberle entrado algún pequeño escalofrío al lector ante el título de esta entrada a priori tan alejada de las canchas de 28x15 que concentran nuestra atención y donde se cuece nuestra mayor felicidad a plena ebullición. No se preocupen, desde aquí mismo admitimos también que en el fútbol moderno se encuentran muchas de las cosas que más detestamos del deporte y que se alejan completamente del concepto de la esencia misma del citado deporte, esa que nace cuando un par de griegos se ponen a echar una carrera por la colina de Cronos sólo por el placer de competir y el orgullo de ver quien tiene las piernas más rápidas, y no por discernir quien es más guapo, más famoso, o luce el peinado más horrible. 

No obstante es en el fútbol de selecciones nacionales donde si sigue latiendo cierto espíritu honorable, y donde el misticismo de un deporte tan grande como el del balompié permanece inquebrantable gracias al arrojo de unos tipos que se juntan todos los veranos (fases de clasificación aparte) bajo una misma bandera y escudo, y realmente es muy difícil de sustraerse de la emoción y épica de un torneo como una Eurocopa o un Mundial, que nos traen tantísimos recuerdos a los de mi generación, quienes crecimos con las hazañas de hombre y nombres ya inmortales y que nos retrotraen a felices jornadas de nocilla y televisión. Sócrates, Zico, Platini, Rossi, Zoff y un largo etcétera a los que emular la tarde siguiente en cualquier campo cercano, sin importar que fuera de hierba o de cemento o de que nos dejásemos en ello nuestras benditas y prepúberes espinillas. Y por supuesto, los nuestros, esos ídolos vestidos de rojo que por alguna u otra razón se la acababan pegando cuando más feliz pintaba el final de la película. Un balón que se le escapaba a nuestro guardameta por debajo del cuerpo, algún penalti mandado al limbo, o la permisividad del árbitro de turno con unos rivales que siempre habían ganado algo más que nosotros y se merecían más respeto por parte de los estamentos que el que nuestra camiseta pudiera imponer.  

Sócrates y Zico, el "xogo bonito" del 86.


Hasta que un buen día y de golpe y porrazo (o mejor dicho, tres porrazos consecutivos) hemos visto como todos esos fantasmas del pasado se quedan en un mal recuerdo. Dentro de esta “edad dorada” del deporte español, el fútbol, el mayor espectáculo de masas europeo, también ha conseguido darnos una serie de deportistas excepcionales que se unen a la fabulosa camada surgida de entre algunos de nuestros compatriotas más ilustres nacidos en los primeros años 80. Xavi Hernandez (1980) e Iker Casillas (1981) son la punta de lanza de esta generación, y los equivalentes a nivel baloncestístico de lo que serían Navarro o Pau Gasol (ambos nacidos en 1980), y dos jugadores que al igual que nuestros genios baloncestísticos se conocen desde las selecciones de formación, donde ya forjaron su amistad y respeto mutuo.

Una década haciéndonos felices.


Y aquí es donde queríamos llegar, claro, para darle sentido a esta entrada, llevar el ascua a nuestra sardina y zampárnosla sin ningún miramiento y dejar que atruenen ahí fuera sobre falsos nueves, dobles pivotes y demás debates estériles que deberían quedar enterrados en cuanto hemos hecho historia de una manera abrumadora logrando lo que jamás nunca se había conseguido con tres grandes torneos de selecciones conquistados de manera consecutiva. 

De modo que vamos a llevar esto a nuestro terreno. Verano de 2006, Saitama, Japón. Ahí comenzó la leyenda de un grupo de campeones que han llevado el baloncesto español a las cotas más altas jamás soñadas. El oro mundial que se cuelgan los muchachos de Pepu Hernández, quien queda señalado desde aquel momento como un brillante gestor de recursos humanos, viene acompañado posteriormente de una extraordinaria cosecha de nada menos que dos oros europeos, una plata olímpica y otra plata europea. Esa selección se convirtió en un magnífico ejemplo en el que poder mirarse como paradigma de ciertos valores imprescindibles a la hora de hablar de un grupo consecuente con el éxito, tales como el compromiso, el esfuerzo y la solidaridad entre los compañeros. De modo que en cierta manera el éxito y el estilo de aquellos chicos y aquel entrenador tranquilo y poco mediático que gustaba vivir alejado de las trincheras y los fuegos de artificio sin dar una palabra más alta que otra fue un pequeño empujón para nuestro fútbol.   

Saitama marcó el camino.


La hazaña de Saitama, que inició como decimos nuestra mejor época de la historia del deporte de la canasta, comenzó sin embargo a gestarse varios años antes, cuando asistimos a la feliz casualidad de que se juntaron en la misma época un grupo de chavales con calidad y ambición a partes iguales y capaces de navegar por la vida sin miedo al fracaso. Pero aparte de calidad y ambición también iban provistos de humildad, capacidad de esfuerzo, y respeto por rivales y compañeros, y por supuesto repeto por unos magníficos entrenadores de formación (ahí brilla con luz propia el nombre de Charly Sainz de Aja), en definitiva el huir del éxito fácil y vivir el deporte, su deporte, ese para el que han sido elegidos por los dioses (y por lo que deben sentirse unos privilegiados felices con la vida y no unos niñatos malencarados con falsa pose de rebelde de baratija), con profesionalidad y compromiso. 

La imagen de aquel líder impecable que ha sido siempre Pau Gasol lesionándose a dos minutos del final de aquella semifinal que cambió para siempre nuestra historia (algo así como la tanda de penalties que las manos de Iker Casillas inclinaron para nuestro lado en los cuartos de final de la Eurocopa 2008 contra Italia, marcando el punto de inflexión entre una suerte antaño esquiva y la gloria inminentemente venidera), saliendo a hombros de su hermano Marc y un enorme Garbajosa, para al día siguiente estar a pie de pista espoleando a un equipo que ante su ausencia reaccionó como un solo hombre para firmar una final de escándalo ante Grecia a la que borraron de la pista desde el minuto 1 (y otra vez, excelso Jorge Garbajosa, ahora que acaba de retirarse y la memoria reciente no le hace justicia, hay que recordar el jugador que era antes de su grave lesión en Toronto), o el gesto de Pepu Hernández conociendo en víspera de la final la noticia de la perdida de nada menos que su padre, suceso que guardó en el más absoluto de los silencios y que sólo conocimos, al igual que los jugadores, cuando el cetro mundial era nuestro… aquel campeonato dejó inolvidables detalles y muestras, pistas para conducirse al éxito desde el mejor de los estados anímicos. Pero sobre todo dejó un mensaje bien claro: podíamos ser campeones sin necesidad de hacer ruido ni de disparar cañones. Podíamos ganar siendo fluidos como el agua, y no duros como una piedra. En definitiva, éramos unos campeones zen.     

Un líder tranquilo.


El “maestro zen” como bien sabrán los aficionados es como se conoce al gran Phil Jackson, un tipo que ha sido capaz de conseguir nada menos que trece anillos de campeón de la NBA (ya que a sus once como entrenador, hay que añadir dos como jugador, aunque su ascendencia sobre el equipo no fuera la misma que como técnico) con la enorme tranquilidad de quien confía en sus posibilidades ajeno a las críticas externas y fiel a su propio estilo sin apartarse de su camino. Me resulta imposible que haya un solo aficionado al deporte del baloncesto que considere que los éxitos de Jackson se hayan debido tan solo a la suerte, al haber tenido la fortuna de contar con los jugadores más dominantes del globo en cada momento (Jordan, Pippen, Rodman, Kobe, Shaquille, Pau Gasol…), más bien al contrario, el seguidor de este juego considerará al entrenador de Montana como la pieza clave en encauzar las carreras ganadoras de sus pupilos, como el inteligente gestor que ha sabido tocar la tecla adecuada en cada momento, sea la emocional, la técnica, la táctica o la física. Comprenderán por tanto que me resulta más agradable moverme en las amables coordenadas de un deporte que hace justicia a quien en justicia triunfa, que en otro en el cual a quien acaba de erigirse en el mejor entrenador de todos los tiempos, siendo el único en haberse proclamado campeón del mundo y del continente tanto en selecciones internacionales como en clubes, no se le trata con el mismo respeto y debida admiración por el trabajo bien hecho. 

Quizá sea, y contradiciendo a Vujadin Boskov, porque en el fondo “fútbol no es fútbol”.    

¿Dudar de Jackson?, ¡hay que tener bigotes!